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Mafia y comida callejera: dos documentales dignos de maratón en Netflix

Editado por Marcela Furlano
furlano.marcela@grupoamerica.com.ar

La realidad, con sus matices inabarcables, es la materia prima de los documentalistas y Netflix ha estrenado dos en los opuestos mismos de la vida: uno que celebra la comida callejera en diferentes ciudades de América y otro sobre la mafia en Nueva York. Ellos son: Street Food: Latinoamérica y Ciudad del miedo: Nueva York vs. La mafia, estrenadas el 21 y 22 de julio, respectivamente.

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Street Food: Latinoamérica

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David Gelb y Brian McGinn, creadores de Street Food: Asia y Chef’s Table, regresan a la plataforma en un viaje más cercano a nosotros, ya que este documental no sólo visita Argentina (el primer capítulo se desarrolla en Buenos Aires), sino que sigue la travesía latinoamericana por México, Brasil, Bolivia, Colombia y Perú.

Compuesta por seis capítulos (de poco más de media hora) esta producción va más allá de mostrar los platos típicos de cada país. Cuenta la historia de cocineros que se ganan la vida en las calles, alimentando a las personas y que por la excelencia de sus preparaciones han hecho de sus puestos de comida una parada obligada para lugareños, turistas y chefs de su país.

El capítulo específico de Argentina se ubica geográficamente sólo en Buenos Aires y cuenta principalmente la historia de Patricia Rodríguez, quien heredó de su familia un puesto en el Mercado Central y a partir de allí trató de llevar su pasión por la cocina a un nivel popular, pero de excelencia. Y lo hizo a través de una receta de tortilla de papas, que a partir de su inventiva, está rellena con jamón y queso. Otros cocineros también aportan su experiencia a la hora de preparar fugazzettas, choripanes y empanadas.

La ya famosa tortilla de papas, que en cualquier casa está a mano, es tan exquisita que la renombrada chef Narda Lepes aconsejó en algún momento que si querías probar la mejor, tenías que ir “a las chicas” del mercado, rebautizando en ese instante el local, que ahora se llama “Las chicas de la 3”, por el sector en que trabajan, que tiene ese número.

En este capítulo también se analizan las influencias que las distintas comunidades de inmigrantes dejaron en nuestra arquitectura, costumbres y, por supuesto, en nuestra comida.

El formato de los seis capítulos es similar: con el análisis de chefs o especialistas en gastronomía se muestra el sustrato histórico que posibilitó la creación de los diferentes platos que conforman la gastronomía de cada país y luego, a partir de la historia de un cocinero en particular, se posibilita analizar el vínculo maravilloso que se establece entre quienes preparan un alimento y quienes lo degustan.

Los grandes chefs tienen, además del sabor, otras preocupaciones a la hora de crear un plato (como la innovación y la presentación), pero por lo general no tienen contacto directo con el comensal, están tras bambalinas. En estos casos, los cocineros seleccionados están a cara a cara con sus comensales y en muchos casos, los saludan por su nombre porque son clientes habituales.

Otra particularidad es que la mayoría de estas historias son protagonizadas por mujeres. En un mundo donde la alta cocina durante décadas fue territorio masculino, aquí se prueba la relación que las mujeres mantienen al alimentar a sus pares, que no es lo mismo que darles de comer.

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Son mujeres que han luchado con la pobreza, a veces en soledad para criar a sus hijos o para superar el bullying que padecieron de niñas. Su talento de brindar afecto a través de sus platos les ha permitido trascender su realidad, aunque sea difícil, y ser felices al hacer felices a otros con sus preparaciones.

Igualmente, al ver esos puestos repletos de gente comiendo y disfrutando, celebrando las comidas típicas y el encuentro, queda un poco de sabor amargo al pensar qué será de estos cocineros que viven al día de su trabajo frente a esta pandemia que tan fuerte ha impactado en Latinoamérica. Sólo queda esperar que resistan, para volver a darle al mundo sus sabores únicos y su amor por la cocina.

Ciudad del miedo: Nueva York vs. La mafia

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Los mismos productores del inquietante documental Don’t fuck with Cats (también disponible en Netflix) vuelven con una miniserie de tres capítulos (la visualización completa es de menos de tres horas) que exhibe el apogeo de la mafia ítalo-norteamericana en la Gran Manzana y el histórico juicio que permitió descabezar esta organización, que antes de los ’90 había logrado burlar a la Justicia, sobre todo por parte de los jefes de cada una de las cinco poderosas familias. Ellos eran los capos de los Lucchese, Bonanno, Gambino, Colombo y Genovese, quienes con sus “capitanes” y “soldados” manejaban todos los negocios ilegales en las calles de Nueva York.

No había ningún ilícito que estas cinco familias no manejaran, desde prostitución hasta tráfico de drogas, pero el verdadero poder les llegó de la mano de los sindicatos. A partir de esta asociación, manejaban la salud, construcción y transporte, entre otras actividades esenciales para cualquier ciudad en el mundo.

Si alguien quería construir un rascacielos, debía pagar el precio al sindicato y a través de ellos, a la mafia, caso contrario la obra quedaba paralizada por una huelga. Este poder extorsivo duró décadas, porque cuando alguno de los soldados caía por un delito, era enjuiciado como un delincuente común, sin tener en cuenta que era una célula de un entramado mucho mayor, cuyos cabecillas nunca pagaban las consecuencias.

Esto cambió con la ley RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations; Ley de Chantaje Civil, Influencia y Organizaciones Corruptas), que posibilitó enjuiciar a los capos, aunque para eso antes tenían que probar que los cabecillas estaban asociados (la reunión de los cinco jefes de las

familias se conocía como “la Comisión”) para cometer ilícitos y que sus negocios sucios abarcaban también a los sindicatos.

Este documental cuenta con el testimonio de varios de los agentes del FBI que fueron parte de la investigación (encargados de colocar micrófonos en las casas de los mafiosos y de escuchar meses enteros conversaciones para obtener pruebas). También está la palabra y la imagen de quienes fueron parte de la mafia, que después de cumplir su condena en la cárcel, hablan sin problemas de los “trabajos” que tuvieron que cumplir cuando eran parte de la organización.

Quizá el documental exalta demasiado la figura de Rudolph Giuliani, quien ese momento fue el fiscal general que permitió desarmar ante la Justicia a estas familias sumamente poderosas (por influencias, poder letal y dinero), con lo que fue un espaldarazo triunfal para su carrera política.

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Sin negar su valioso aporte, fue parte de una cadena de numerosas personas que trabajaron con tal fin, por lo cual el panegírico de Giuliani suena un tanto excesivo. Aparecen figuras conocidas, como el mediático mafioso John Gotti y el no menos omnipresente en los medios Donald Trump, en esa época no presidente de los Estados Unidos sino un multimillonario emprendedor financiero. El documental no aclara si Trump tuvo que pagar a la mafia para poder construir sus míticas torres.

Interesante, a menudo indignante y bien documentada, la serie es un rápido pero completo análisis del ascenso y caída de la mafia en los Estados Unidos.

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