Ramiro Ortizortiz.ramiro@diariouno.net.ar
Mendoza se suma al festejo del 25º aniversario del Festival de la Luz, el encuentro fotográfico más grande de Latinoamérica
Luz, cámara y acción

Luz del alma. Luz que da vida, calor y color. El factor lumínico ha sido y es el elemento distintivo, basal y determinante del arte fotográfico. Desde hace un cuarto de siglo se celebra en esta parte del mundo un encuentro abierto y multitudinario que hermana a distintas expresiones artísticas vinculadas con el mundo de la fotografía.
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Su nombre es Festival de la Luz y Mendoza está siendo parte de él con dos exposiciones, una en la Nave Cultural y otra en la Alianza Francesa.
Este festival, que está cumpliendo 25 años, comenzó de manera anual en su primera década y luego se transformó en bienal, por lo que esta es su edición número 18. Sus organizadores lo definen como “un inmenso conjunto de actividades relacionadas con la fotografía artística internacional, que –cada dos años– se lleva a cabo en Argentina, con acceso libre y gratuito”.
Durante todo agosto y setiembre, el evento se desarrollará en distintas provincias del país y desplegará unos números imponentes que lo convierten en uno de los festivales más grandes de Latinoamérica. A saber: se presentarán 178 muestras de más de 500 autores provenientes de 31 países en 45 ciudades.
Mendoza ingresa en esas cifras con la exposición Sobre La Paz, de Emilio Nasser, en la Alianza Francesa, y con Bien de familia, de María José D’Amico, en la Nave Cultural. Ambas muestras ya están montadas y abiertas al público con entrada libre y gratuita.
El encuentro está organizado por la fundación Luz Austral y sus responsables son Elda Harrington (Directora Encuentros Abiertos-Festival de la Luz) y Silvia Mangialardi (Directora Artística).
El criterio con el que se seleccionaron los numerosos fotógrafos, cineastas y artistas plásticos que participan fue amplio y variado. Los elegidos surgieron a partir de una convocatoria general, a la que se presentaron casi 700 artistas de 33 países, revisiones de portfolios realizadas en Francia, Dinamarca, Rusia, China, EEUU, Chile y Brasil, artistas invitados especialmente para esta edición, curadores invitados y convocatorias regionales.
El tema que hilvana esta inmensurable muestra es sugestivo y subjetivo, aunque tampoco estaría mal llamarlo infinito. El tema es “Horizontes”. Elda Harrington piensa en ese disparador como un término que, “además de referirse al límite visual donde el cielo y la tierra parecen unirse, tiene una enorme cantidad de acepciones, interpretaciones y metáforas, que permiten una rica exploración visual y conceptual”.
Sobre esta importante y significativa cifra de 25 años, Elda expresa: “Es un gran orgullo alcanzar este aniversario, especialmente en tiempos como los que corren, de grandes y constantes cambios. El camino recorrido es mucho, pero también lo es el que queda por recorrer, plagado de dificultades y de metas por alcanzar, de ilusiones y nuevos proyectos, de renovación y adecuación a los tiempos. Para esta fecha tan especial elegimos el tema ‘Horizontes’ pensando en el futuro, en los proyectos que aún faltan concretar, en las utopías, esas que nunca alcanzaremos”.
Entre las distintas iniciativas que nutren a un festival de tan extenso alcance, sus productores quisieron también incluir a las nuevas generaciones. “También hemos mirado al horizonte de dónde venimos, aquel día en que, hace 25 años, pensamos cómo agasajar a la fotografía, que cumplía 150 años. Nunca imaginamos que desde entonces lo festejaríamos siempre. Comenzamos en Buenos Aires, para sumar luego ciudades, espacios y voluntades. Decidimos que los encuentros serían abiertos y convocantes, federales, que podrían participar los fotógrafos consagrados y los emergentes. Pensamos: ¿cuantos fotógrafos habrán nacido en este tiempo? y lanzamos, para ellos, ‘25/25’ una convocatoria para jóvenes latinoamericanos menores de 25 años”, cuentan.
Por su parte, la directora artística Silvia Mangialardi profundizó: “Las exposiciones reclaman una introspección. Podemos atrevernos a imaginar nuevas maneras de pensar el horizonte, o quedarnos para siempre, acaso sin saberlo, ‘al margen de nosotros mismos’. Para emprender la travesía hacía falta valor. Y los artistas que acompañaron esta propuesta lo han tenido. Sus exposiciones calaron hondo en temas que vale la pena repensar para posicionarnos en un mundo que cambia vertiginosamente en algunos aspectos y, en otros, parece eternamente detenido: la discriminación, la guerra, las fronteras y los ideales, el abandono, el poder. Sin dejar de lado la familia, el amor, la ausencia, los recuerdos, la soledad o la belleza, exploraron la naturaleza, la contaminación, los paisajes, el paso del tiempo, distintas formas de energía y mucho más”.