(Editado por Gabriel Sotelo) Casi como una declaración de principios en SuperSad, su nuevo disco, Leandro Lacerna reivindica la “música bajón” y crea una obra caracterizada por la diversidad y la búsqueda de renovación del audio. Abre el juego de la creación, co-produciendo "canciones abiertamente tristes" con una decena de productoras y productores que admira. Estas canciones sonarán en vivo, el sábado 30 de octubre, a las 21, en el Espacio Le Parc, en el cierre del ciclo YENDO -en una noche compartida con Lilas y Cabe-.Leandro estará acompañado por Romi López (bajo, sintes, coros) y Nacho Palombarini (sintes y programación) .
Leandro Lacerna se presenta en el Le Parc

"Este disco fue un camino muy fluido y muy acorde con lo que vengo sintiendo, las ganas de compartir, aprender y también enseñar -cuenta el músico, compositor y productor-. De aprender a comunicarme con otras y otros artistas de la mejor manera posible para llegar a un objetivo. Y a la vez hubo algo muy lúdico porque me daba mucha curiosidad qué decisiones iba a tomar cada artista con mis canciones y eso fue adrenalínico y muy divertido. Las sorpresas fueron muchas".
Las diez canciones de SuperSad cuentan con la colaboración de Mariano Di Cesare (Mi amigo Invencible), Ignacia Etcheverry, Tweety González, Alejo y Valentín, Eve Calletti, Paula Neder, Nahuel Briones, Romina López, More Gemma y Gonza Nehuén. Con la mayoría, Leandro ya había trabajado como productor. “Quería que fuera gente que me generara algo genial desde su forma de laburo pero también que cayera bien, desde lo ideológico, desde su sensibilidad musical y no musical. La verdad, no esperaba que todos y todas me dijeran que sí. Fue hermoso, eso".
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La intervención de cada artista, no solo tocando algún instrumento sino produciendo y pensando cada canción en su totalidad, le imprimió a la obra diversas texturas en el audio. Pueden escucharse ciertas influencias en este nuevo disco, tal vez las más claras sean Radiohead o Björk, pero también es atravesado por la música urbana, el nuevo rock argentino, el manso indie e incluso la psicodelia de los ‘60 y ‘70. Pero a su vez cada canción suena diferente.
En este disco, que llega después del microdisco 2036 (2016) y Último Reset (2014), la lírica refleja los diversos duelos y transformaciones de los últimos años: el final de una relación, mudarse de ciudad, dejar una banda, la ruptura de viejos paradigmas de roles sociales, laborales, familiares y de amistad, la caída del "deber ser". "Me costó mucho hacer un disco largo tradicional por varios motivos. Un poco fue que no tenía mucho de qué hablar hasta que comencé a vivir todos estos duelos y aparecieron estas ganas de hacer canciones abiertamente tristes".