Por Gisela Emma Saccavinogsaccavino@diariouno.net.ar
La violación de Lucrecia
“Las leyes son como las mujeres: están para violarlas”. Esta alarmante, obscena, expresión, que parece extraída de la época bárbara, fue pronunciada hace apenas cinco días por el presidente del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, José Manuel Castelao. A días de que la frase girara por los medios del mundo, el hombre del PP, presentó su dimisión.
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No obstante, la violencia de semejante expresión queda flotando, pues no es más que una metonimia de las vejaciones que, de listarse, probablemente llenarían cientos de páginas de la historia.
Y es aquí cuando entra en escena, blanca y radiante, Mónica Maffía, una mujer que, con exquisito rigor lingüístico, fónico y dramático decidió, hace seis años, emprendió una adaptación teatral de La violación de Lucrecia, poema narrativo de William Shakespeare de 1594, y que esta noche representará sobre las tablas del Independencia.
Precisamente, la contundencia de la obra que hoy encara esta bellísima bonaerense de tez de terciopelo y apariencia british se asienta en la aguda observación que el poeta y dramaturgo inglés realizó del abuso de poder, la profanación del honor femenino y la impunidad a partir de un episodio de violación, suicidio y venganza.
Pero, ¿cómo llegó Mónica Maffía a conectarse con el arte y más tarde, a apasionarse por la obra de Shakespeare? Es ella quien nos lo cuenta: “Mis comienzos fueron con la música. En mi casa se escuchaba ópera y tango. Me interesaban el piano y otros instrumentos, así que comencé a tocar en una orquesta. Me apasionaba también la dirección orquestal, por lo que decidí un día irme a estudiar música a Inglaterra”.
Sin embargo, esta inquieta y multifacética artista sintió que su búsqueda recién comenzaba y empezó a explorar otras aristas. “En un momento hice un clic y comencé a estudiar teatro. Me centré sobre todo en la técnica shakespeareana, que tiene una cosa muy minuciosa con el lenguaje, con la inflexiones de la voz. Me metí en Shakespeare directamente en inglés y tuve la suerte de llevar a escena algunas de sus obras, toda”. A su regreso a Argentina, años más tarde. Maffía sintió como sus dos vetas más amadas, el teatro y la música, eran susceptibles de conjugarse, y fue así que se convirtió en régisseuse, profesión que estudió en el teatro Colón.
Un éxito que brotó de un fracaso
“La decisión de meterme con La violación de Lucrecia vino de un pedido de una actriz de televisión (Mónica prefiere no revelar su nombre), que buscaba encarar un desafío fuerte en teatro, tal vez con el fin de adquirir prestigio, por esto de que es ‘en las tablas donde se ven los pingos’. Su intención era hacer un unipersonal con algo shakespeareano. Me propuso hacer algo con los personajes femeninos de sus obras, pero la idea me aburrió de entrada, así que le propuse hacer algo que portara fuerza en sí mismo. Y se me ocurrió esto”, cuenta.
Pese a la potencia del texto, Maffía se enfrentó con un desafío: los versos traducidos resultaban soporíferos. “El inglés tiene una forma muy breve, entonces una mala traducción transforma un texto pujante en algo moroso. Además, Shakespeare tiene la particularidad de decir en la sonoridad, hay un subtexto ahí, construido en base a lo fónico, por algo decidió que fuera un poema y no un texto dramático. Esto, que estaba en sintonía con mi gusto por la música, me llevó a decidir hacer la traducción del texto, editarlo para hacerlo más digerible y a la vez construir su dramaturgia”.
Mónica y la “actriz X” estuvieron ensayando durante un año a la manera inglesa, es decir, “como un laboratorio. Sólo la técnica inglesa te da la plasticidad para decir tremendos monólogos. Es otro modo de abordar el teatro, el acento está puesto en la sonoridad, en el cómo decir, ese es para el modo de transmitir subliminalmente uno u otro concepto y hacerlo más claro para el espectador”.
Llegó el día del estreno y algo inesperado sucedió. “Para mi sorpresa, la actriz rompió con todo lo ensayado con tanto sacrificio”. “¿Por ejemplo?”. “Salió a escena con tacos aguja y ‘le nació’ sacarse la remera en medio de la función, cuando el rasgo principal de Lucrecia es la castidad, por lo que todo perdió sentido”, lamenta Mónica, que, cuenta, se sintió estafada. De inmediato decidió entonces tomar la posta y encarar ella el unipersonal en el había trabajado con rigor de cirujano “cada respiración, cada gesto”.
“Hoy hace seis años que tengo el espectáculo al hombro y pienso, ¡se lo perdió! Pues ese texto es una delicia. Shakespeare hablaba para sus contemporáneos, así como lo hago hoy. Es una obra que conmueve mucho donde quiera que la llevo”. Es que, si hay algo que tienen las obras del inglés es su universalidad. Ahora, ¿dónde reside, en esencia, el impacto del texto?“Como sus demás obras, es un texto accesible y llano, pero al estar escrito por un altísimo poeta genera múltiples reverberaciones en los espectadores. Además, el centro del poema es un tópico que nos pega a todos en el mundo occidental: el pecado”.
Otro de los valores que le otorgan importancia histórica al poema es el valor simbólico y social que adquiere la figura de Lucrecia. “Ella es un objeto del marido. Él hace ostentación de que tiene la mujer más hermosa, más casta y más fiel. Y eso es lo que quiere el violador, no una atorranta. Shakespeare culpa entonces al marido y muestra al violador como un monstruo. La mujer es la que tiene las agallas y la sabiduría de enfrentar al monstruo. Luego ella se suicida por el honor de su marido, pero antes pide venganza por la usurpación que hubo sobre su cuerpo. El pueblo, entonces, exhibe por las calles el cadáver de Lucrecia, y eso hace caer al último rey de Italia, que era un usurpador. Y a partir de allí se instituye la república de Italia. Imaginate el valor que tiene”.
La violación de Lucrecia
Intérprete: Mónica Maffía.
Género: unipersonal.
Función: hoy, a las 20.30, en el teatro Independencia (Chile y Espejo, Ciudad).
Entrada: $60.
Más info
La llegada a Mendoza de La violación de Lucrecia se encuadra en el lanzamiento de la Academia de Mujeres, propuesta de educación no formal que la fundación Fabián Calle pondrá en marcha con el objetivo de contener, ayudar, instruir y hacer visibles a todas las mujeres que por motivos culturales han sido objeto de un proceso de invisibilización histórico.
Cuenta con el auspicio de FM Una y la Fundación UNO Medios.
Las entradas anticipadas se pueden adquirir en la sede del Instituto Superior Fabián Calle (Patricias Mendocinas 605, Ciudad), y en el teatro Independencia.