Por Ramiro Ortiz
La vida después del rock
Una crisis es una “mutación importante en el desarrollo de distintos procesos”, un “momento decisivo”, una “situación dificultosa”, entre sus diferentes acepciones. Y de mutaciones, decisivas y dificultosas está hecho el artista Omar Dris. Exponente del rock mendocino de los ’80 como voz líder del grupo La Montaña, Dris se aventuró luego a otras búsquedas, se hizo actor con maestros como Norman Brisky y Ricardo Bartís, exploró con su piano el universo del cancionero latino popular, entre tangos, boleros y folclore, y con estas herramientas incursionó también en la docencia.
La crisis de 1989 con Alfonsín lo apartó de su proyecto rockero con Joe Moya, Freddy Pacheco y Carlos Giudice y lo impulsó a Buenos Aires. Allí, gracias al teatro, descubrió un nuevo concepto de vida y se estableció hasta que otra crisis, la de 2001, lo impulsó nuevamente, pero hacia el mundo.
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Una vez conforme con sus giras por culturas tan dispares y lejanas como la india o la suiza, entre muchas otras, la vida quiso que Omar regresara a Mendoza y volviera a elegirla para instalarse, desde hace unos tres años.
Esa es la sintética historia que resume la trayectoria rica y diversa del hombre que este viernes, a las 21, se presentará en la bodega Séptima como parte del ciclo María Wine Bar. La propuesta incluye, en su menú de $150, deleite gastronómico con cocina argentina, vinos de la bodega y música en vivo.
El formato de piano bar, que a Omar Dris tanto le atrae, será a través del cual el músico interprete este viernes los clásicos que lo apasionan. Así lo expresó en esta charla en la que, entre otras cosas, también contó esa osmosis poética que lo llevó del rock al teatro y de ahí a la música argentina.
“Me dediqué a hacer otras cosas. Paré y reestructuré toda la orientación artística”, introdujo Dris y continuó: “Siempre me gustó viajar mucho y conocer otras culturas, pero eso tiene sus pros y sus contras. Tengo la suerte de tocar el piano y cantar, esa dupla es muy potente en el sentido en que te abre puertas de forma inmediata. En Europa hay muchos piano-bares, algo que acá se perdió y es muy interesante para hacer performances”.
Mientras graba canciones propias, milongas, para su disco solista, Omar profundizó en su presente. “Hay lugares que necesitan tener una buena calidad de música y no necesariamente tiene que ser un concierto, sino un acompañamiento del contexto. Eso es lo que me gusta hacer a mí en realidad, y es lo que voy a hacer en Séptima. Acompañar el lugar con temas populares que me encantan. Cada vez descubro más composiciones del cancionero popular que son impresionantes”, confesó.
Y añadió: “Ahora me ha agarrado el folclore en el piano, muy fuerte, estoy escuchando mucho a Ariel Ramírez y hay canciones de un nivel sublime. Se nota la vieja usanza de los grandes maestros que realmente estudiaban, que tenían una disciplina de estudio y también de inspiración, y eran estrictos con eso, porque la inspiración viene con el trabajo, al menos para mí”.
Antes de esos descubrimientos, sobrevinieron la exploración y el abandono: “Hay muchos temas que no escuché nunca cuando era rockero, en los ’80, con toda esa música que un momento se instaló aquí. La verdad que todo eso yo lo abandoné, lo viví, los disfruté pero ahora... A mí dame música argentina. Eso me encanta. El tango, el folclore, la milonga y la parte latina de los boleros”.
¿Dónde quedó el rock? Dris lo explicó así: “Fueron muchos años de rock en un momento en los ’80 en que ser mendocinos y hacer The B-52’s era una locura. Teníamos mucha información fresca de música inglesa. Pero son etapas. Cuando me metí en teatro en los ’90 descubrí otras cosas. Ahí dije ‘esto ya lo hice’, y lo dejé”.
Entre el teatro y su nueva inclinación musical, Omar Dris construye sus conciertos de otra forma. “En mis performances con el público hay una comunicación que tiene algo de complicidad. Improviso muchísimo, no soy una persona que se sienta a cantar y nada más, siempre hay otras cosas, y eso me lo ha dado el estudio teatral. Eso me cambió todo los conceptos, incluso de la música. Y ahora poder aplicarlo me encanta”, remató.
Concierto: viernes a las 21 en bodega Séptima (Ruta Internacional 7, km 6,5 Agrelo, Luján de Cuyo)
Entrada: $150 incluye cena y vino libre.