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El humorista, guionista y compositor italiano Checco Zalone protagoniza «Un italiano en Noruega», que se ha convertido en la película más taquillera de la historia de Italia.

La desopilante peli que es la más taquillera de la historia de Italia

Un italiano tocando la bocina en un atasco, aparcando en doble fila o deseando echarse una siesta. Los estereotipos del país transalpino no son tan diferentes a los de los españoles y, como demostró "Ocho apellidos vascos" (y luego catalanes), a veces necesitamos reírnos de nosotros mismos. "Desgraciadamente los tópicos sobre los italianos son ciertos, pero tenemos la capacidad de reconocer nuestros defectos y reencarnar nuestros vicios en las comedias para hacerlos aceptables", afirma el humorista Checco Zalone, protagonista, guionista y compositor de la película "Un italiano en Noruega", que en lugar de la moralina busca la carcajada.Pero el objetivo de esta película, que se estrenó el viernes 28 de abril, no era solo hacer que el respetable pasase un buen rato, aunque siempre ayuda salir indemne del "terror del comediante" y escuchar a la gente reír entre escena y escena. Bajo esa capa de blanco, "Un italiano en Noruega" disfraza de historia de amor los contrastes del norte y sur de Europa, pero con un cariz más profundo que las evidentes diferencias. En una entrevista a ABC, Zalone admite que una de sus intenciones era hacer reflexionar sobre el hecho de que el lugar donde nazcas no determina tu vida ya que, pese a la distancia y las costumbres oriundas, todos somos muy parecidos.El filme, que se ha convertido en el más taquillero en la historia de , certifica el vínculo existente entre el cómico y el público de su país, que parece reconocerle su capacidad para hacer humor con las situaciones más exasperantes. "Los espectadores confían en mí", admite el actor, haciendo valer su talento para darle al espectador encuentre algo con "lo que identificarse".Por eso, sin hacer sangre pero también sin cortarse un pelo, Zalone se pone la "máscara" de funcionario y se infiltra en el sistema público italiano para criticar las largas colas, la dejadez de los administrativos y sus aspiraciones, que más que ayudar a los ciudadanos pasan por conseguir un puesto fijo de por vida. Hacer humor blanco es su especialidad, y aunque consciente de que este es el momento propicio para una sátira de la burocracia, ya que los ciudadanos están especialmente desencantados, reconoce que el problema, siempre, "es cuando la realidad supera los tópicos, entonces el cómico -y, por qué no, la sociedad- entra un poco en crisis".

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