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La Bella y la Bestia: Léa Seydoux, en un papel a imagen y semejanza

La parisina Léa Seydoux era sólo estrella en el cine francés hasta que el mundo vio su versatilidad actoral –y su hermosísimo cuerpo– en La vida de Adele, una apuesta tan arriesgada como definitiva, que hacía todavía más sorprendente su transformación en Bella: inocente, sensual y arrebatadora.Es, de nuevo, Léa Seydoux, la “Bella” del cuento que enamora a “la Bestia” Vincent Cassel, otro ídolo del cine francés adorado también por Hollywood.

“Tuve una especie de premonición mientras rodaba Sister, de Ursula Meier; me imaginé lo genial que sería trabajar en un cuento de hadas. Todavía no había empezado La vida de Adele cuando me propusieron La Bella y la Bestia. Acepté inmediatamente”, apunta la actriz en la web promocional de su nueva película que llegaba este jueves a los cines mendocinos. Christoph Gans dirije esta versión francesa del clásico cuento de hadas.Nacida en 1985 en París, Léa proviene de una familia de clase alta y relacionada con el mundo del cine: su padre es hijo del presidente de la famosa productora de cine Pathé y su madre es Valérie Schlumberger, una activista política que solía vestir a su pequeña con ropa de segunda mano.
Una mezcla de belleza, clase y dulzura que hacían de la francesa la actriz ideal para el trabajo. “Siempre sentí gran afinidad con la Bella Durmiente y con Cenicienta. No voy a entrar en detalles, pero hay bastantes parecidos. El caso de Bella es diferente: ha perdido a su madre y vive con su padre. Me parece un personaje mágico, sin olvidar que es la historia de una joven que abandona su hogar en busca del amor”, comenta.

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