El hombre invisible, novela de H. G. Wells, ha sido objeto de muchas adaptaciones en el cine. Quizá la más recordada sea la del director James Whale (el mismo de Frankenstein, rol que llevó a la fama a Boris Karloff) que en 1933 logró dar un éxito de taquilla y crítica a la Universal.
En esa versión, el científico Jack Griffin logra ser invisible sin poder revertir ese proceso y su novia, Flora (interpretada por Gloria Stuart, quien luego se hiciera famosa por el rol de Rose en la vejez en la película Titanic, de James Cameron) se preocupa porque nadie sabe el paradero de su novio. Es la mujer abnegada que será capaz de comprender el turbulento giro emocional de su pareja y acompañarlo hasta el final.
Pero en la nueva versión, que se estrenó ayer en nuestros cines. los roles han cambiado mucho, sobre todo el femenino, en una era de mujeres que hacen gala de su poder y ahora son protagonistas.
Por eso la libre adaptación que el guionista y director Leigh Whannell hace foco en una mujer, Cecilia Kass (interpretada por la siempre eficiente Elisabeth Moss, la misma de Mad Men y El cuento de la criada), atrapada en un matrimonio con un millonario innovador en el campo de la óptica, donde es objeto de todo tipo de violencia.
Cuando decide escapar, el temor que le tiene a su ex pareja la acompaña. Hasta que él se suicida y le deja una herencia de varios millones, a la que podrá acceder si no tiene problemas con la justicia o de salud mental. Y allí comienza su particular calvario.
Con un suspenso creciente, ella comienza a darse cuenta que, a apesar de estar sola en una habitación, siente la presencia de alguien, más concretamente del hombre que hizo su vida un infierno y que juró que, si alguna vez lo abandonaba, la seguiría y ella "no lo vería venir".
Los extraños sucesos van confirmando que él ha logrado hacerse invisible y puede seguirla a todos lados, pero también se da cuenta que pedir ayuda en base a esta hipótesis sólo logra que todos duden de su equilibrio mental.
Leigh Whannell ha trabajado como guionista en varias de las películas de su amigo James Wan, como El juego del miedo (en parte de la saga también actuó) y La noche del demonio. En El hombre invisible muestra sus habilidades como guionista en algunos giros hacia el final del filme, que logran sorprender, aunque el abuso de este recurso extiende sin demasiado sentido la historia, que podría haberse resuelto con mayor brevedad y efectividad.
El director consigue un muy buen manejo del suspenso: la escena inicial, donde Cecilia escapa de su hogar, es un ejemplo de ello y además tiene a su favor que, en un momento donde el abuso de los efectos especiales es la norma, Whannell sabe no caer en el exceso y deja a la solvencia interpretativa de Moss el mayor peso.
El hombre invisible es original en su planteo, entretenida y una oportunidad de comprender que para una buena actriz no hay papeles banales: Cecilia en la piel de Moss es la prueba de ello.