Ante un teatro Mendoza repleto, Hernán Piquín, con un eximio grupo de bailarines, hizo brillar su espectáculo Fuego y pasión. Un cuarto de hora pasadas las 21, el profesional salió a escena con un micrófono para pedir que no utilicen los celulares y explicar que esta presentación, como todas las que ha realizado, eran dedicadas a María Martha Serra Lima.
Luego se apagaron las luces de la sala, de manera parcial, y se abrió el telón, pero Piquín pidió comenzar de nuevo tras disculparse con el público. Ahora sí, tras apagarse las luces que quedaban en la sala, comenzó la función con el sonar de Algo contigo.
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Este bolero, el primero de la noche, fue suficiente para notar la excelencia del gran Agustín Barajas, bailarín de flamenco llegado desde España. Con zarzuelas, bulerías y palmas, el atlético profesional cautivó a la platea que ovacionaba cada una de sus presentaciones, en las que el sonido del taconeo envolvía la sala mendocina.
Si bien el tango fue el gran protagonista de la velada, también las partes románticas y divertidas tuvieron su momento. El primer solo de Piquín llegó con la música de Sandro. Con el sonar de Penumbras, el bailarín apareció en escena con una bata roja emulando la figura del Gitano, lo que despertó el grito de la platea femenina. De fondo, en la pantalla, una rosa roja, con una calidad de imagen un tanto pixelada (como la mayoría de las imágenes que se proyectaron), y una mesa pequeña eran la escenografía que acompañaba el acto.
Por su parte, un momento de relax y risas fue cuando se simuló una playa caribeña y una joven, actuando estar en estado de ebriedad, intentaba lograr el beso de uno de los tres muchachos que bailaban al compás de Bésame mucho.
Luego siguieron diversos clásicos del tango, como A mi manera o El día que me quieras, entre otras, que fueron interpretadas en varios formatos como dúos, cuartetos, milongas y compadritos.
También participó de la velada un tanguero que cantó algunas canciones solo en el escenario con un juego de sombras. Si bien sus interpretaciones de Contigo aprendí, El amor desolado o Nostalgias, entre otras, fueron correctas, quizás no se entendía muy bien esta parte del espectáculo, aunque se presume que servía como una bocanada de aire a los bailarines.
Para ir dando por finalizado el espectáculo, que duró poco más de una hora y media, los bailarines fueron apareciendo en escena y desarrollando pequeñas coreografías tangueras y despidiéndose del público mendocino. Piquín, con su bailarina Daiana Chorni, fue el último en aparecer en el escenario para saludar y despedirse de las casi 800 personas que se hicieron presente en el renovado Teatro Mendoza.
