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Uno piensa en un circo y se imagina a un conjunto de malabaristas, trapecistas, payasos y quizás hasta a algún animal que haga acrobacia. Todo esto dentro de una carpa gigante con muchos colores. Sí, eso es un circo. Pero el arte circense también surge de personas que lo practican en la calle o el teatro.
¿Quién no se ha cruzado en algún semáforo con personas disfrazadas haciendo malabares? ¿Acaso ninguno ha visto un espectáculo callejero en el que se mezclan estas habilidades de circo? Seguramente, sí.
Uno de estos artistas callejeros es el mendocino Martín Baigorri. Si bien su talento ya pasó por distintas salas mendocinas y hasta hizo cumbre en el teatro Independencia hace apenas unos días, el artista de 35 años asegura que su vicio sigue siendo la calle.El creador de la compañía de teatro Circotrópico forma parte de la escena mendocina desde hace más de 15 años. Gracias a espectáculos como la Globalización de la risa, el Fuck ir o Los hermanos Hendrix ha actuado en calles y escenarios a la par. Justamente con Los Hendrix se presentaba este martes, a las 20.30, en la apertura del Festival Andino Internacional de Teatro (FAIT), en el Plaza. Este espectáculo se fusionaba con la Strudel Klezmer Orkresta, bajo la dirección de Brian Hall. En una entrevista que le brindó a Diario UNO, Baigorri habló sobre la función y se refirió al crecimiento que tuvo el circo a nivel local en los últimos años. También hizo referencia a su sueño de crear una escuela en la que se puedan estudiar las artes circenses.–Además de abrir el FAIT, van a presentarse con una orquesta...–Claro. Me encargaron la dirección artística para fusionar el espectáculo nuestro con el de la orquesta Strudel. Con Circotrópico vamos a hacer Los hermanos Hendrix, que es una producción que tiene bien marcado el estilo del circo tradicional: hay malabarista, equilibrista, trapecista y mucho humor. Lo que hemos hecho es algo muy bueno, va a ser un combo muy potente. –¿Cómo fueron tus primeros pasos en el circo?–Cuando tenía 16 años un amigo colombiano, que era artesano y estaba viviendo en Mendoza, decidió volver a su país y al irse me regaló su devil stick (elemento para hacer malabares). Yo no tenía mucha idea de cómo se usaban, pero me gustaba y al año siguiente hice dos talleres. El primero fue de teatro y el segundo uno de malabares. Ahí me di cuenta de que esto era para mí.–¿Directamente empezaste a actuar en la calle?–Sí. Después de esos cursos, viajé a Buenos Aires y a Chile a perfeccionarme más y fue en ese país que me di cuenta del valor que tiene el arte callejero. Viajaba a otros lugares y vivía de lo que ganaba a la gorra. Se gana bien, sobre todo afuera, porque acá se menosprecia todo lo que es a la gorra.–¿Por qué crees que pasa eso?–Se subestima porque hay gente que sale a hacer cualquier cosa también. Si veo en un semáforo a alguien que hace un número que dura 30 segundos, pero tiene ropa y sabe lo que está haciendo, es un artista. También está el que lo hace porque no le queda otra y tiene que ganarse el mango, y en vez de ponerse a vender cosas hace eso y es un artista en potencia, lo cual también es valorable.–Hace poco actuaste en el teatro Independencia y también estuviste en Europa. ¿Cómo fueron esas experiencias?–Haber llegado al Independencia fue el resultado de un proceso. Siempre quise estar en todo tipo de teatros: grandes, chicos, lindos y feos. Estar en Europa fue una muy linda experiencia también. Hice tres meses de funciones callejeras en España y Francia. Era difícil captar la atención de la gente porque allá es algo muy común el arte callejero. Imagínate que había producciones gigantes en las esquinas. Igual, la verdad que me sorprendí conmigo mismo, porque me fue muy bien.–¿Cómo ves las posibilidades que hay en Mendoza para el circo?–Flojas, pero mejor que en los años en los que empecé. Acá no hay escuelas de circo, se hacen cosas aisladas. Tenemos talleres de tela, de trapecio pero no hay una escuela de circo. En Rosario, por ejemplo, hay una escuela integral en donde te enseñan de todo. Te enseñan a ser un verdadero artista de circo.–¿Creés que eso puede cambiar?–Seguro. Tengo la idea de crear una escuela de circo. Queremos hablar con alguna universidad para tener respaldo y que sea una carrera de verdad. Para el año que viene vamos a tratar de formar a un grupo para que dé clases, porque no tenemos profesores, por ende hay que hacer un trabajo de base.-¿Cómo conseguís a los artistas que participan en Circotrópico?–Hay gente muy buena en Mendoza, pero que sólo sabe algunas técnicas. Por ejemplo, alguien puede saber hacer algo en el trapecio y yo le doy otras herramientas para subirlo al escenario. También he sacado malabaristas hasta de los semáforos, les doy un traje y los ayudo. A veces no quieren porque se gana mejor en los semáforos que en el teatro, pero les explico que pueden hacer las dos cosas a la vez (risas).–¿Qué creés que atrae a la gente a ver un show callejero?–La calle tiene algo distinto. Cuando uno paga una entrada y va a un teatro sabe qué es lo que va a ir a ver. En la calle, vas caminando y si alguien te entretiene, te puede tener una hora atrapado con lo que hace. La gente se siente atraída y se queda y antes de irse, te agradece con plata el haberlo hecho reír. Se da una complicidad entre el público y el artista. –¿Qué proyectos tenés?–Lo más importante es que vamos a estar presentándonos durante toda la Feria del Libro, en el espacio Le Parc. Eso será del 1 al 18 de octubre. Habrá shows a la gorra y talleres.
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Martín Baigorri presentará esta noche, en la apertura del Festival Andino Internacional de Teatro 2015, su espectáculo Los hermanos Hendrix. En esa obra también trabajan Sebastián Ojeda, Natalí Strorcio y Belén Gasull.
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En su espectáculo Globalización de la risa hace participar al público.
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Con la compañía Circotrópico mezcla el arte circense con el humor.
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En 2007, Baigorri viajó a Europa y estuvo tres meses llevando su arte por las calles. En la foto se lo ve actuando en el municipio de Santurce, en Bilbao (España).
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El Fuck ir es el unipersonal en el que Baigorri muestra sus habilidades escénicas y su poder de improvisación.