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Hizo visible la imagen plena del romanticismo musical. El público afable reunido en el Teatro Independencia aclamó emocionado su recital para piano, integrado por cuatro obras de gran envergadura.

Gelber y los secretos revelados de su piano

Por Cristina Alfonso - Especial para UNOVirtuosismo. Trayectoria. Madurez. Pero por sobre todo, una gran interpretación. Bruno Leonardo Gelber hizo visible la imagen plena del romanticismo musical. Sus diálogos envolventes con el piano hipnotizaron y su decir fue cristalino. El público afable reunido en el Teatro Independencia aclamó emocionado el recital para piano, integrado por cuatro obras de gran envergadura.                                                                                                

Las tres primeras décadas del siglo XIX, comenzaron a marcar el dominio de la estética romántica en las diversas manifestaciones artísticas. A ese período pertenecieron las composiciones del concierto.Lo primero que interpretó Gelber fue la Sonata para piano nº 14 en do sostenido menor "Quasi una fantasia", op. 27, nº 2, conocida como Claro de luna (Mondschein), escrita por Ludwig van Beethoven (1770 - 1827) en 1801 y publicada en 1802.
Beethoven se apartó del clasicismo ya en sus sonatas para piano, algunas de ellas claramente de formulación romántica como su maravillosa Appassionata, segunda en este concierto. Bien es sabido que a este compositor se lo reconoció tanto por sus principios clásicos como por su libertad de expresión, motivo por el cual se lo considera el último de los clásicos y el primero de los románticos.El adagio sostenuto del primer movimiento, “sempre pianissimo”, es el conocido, propiamente, como Claro de Luna, con su famosa melodía de carácter vocal melancólico y su figuración de tresillos de corchea: dibujo rítmico arpegiado que se mantendrá constantemente, como murmullo invariable e insistente hasta el final.El segundo movimiento, el allegretto (“attacca subito“), es un canto con gracia, de un amable agridulce. La melodía, en parte sincopada, es elegante y flexible con preguntas y respuestas que ascienden y descienden.En el tercero es cuando la inspiración patética del “presto agitato” llega con la consabida exaltación extrema de los afectos, requerida por Beethoven. La brillantez y la precisión técnica se manifestaron ampliamente.Pero fue con la Appassionata, n.º 23 en fa menor op.57, cuando la dificultad técnica y dicha brillantez se volvieron imponentes, unidas al vigor patético. Gelber ejerció fascinación con estas dos sonatas, quizá, las más populares entre las treinta y dos que escribiera Beethoven. Después de la pausa, se escuchó el Carnaval op. 9 de Robert Schumann (1810- 1856), una partitura con veinte piezas breves, conectadas entre sí a través de un motivo recurrente y construidas sobre cuatro notas en particular que portaban un mensaje codificado, formando criptogramas musicales.Cada pieza tiene un título y en su conjunto asemejan un imaginativo baile de máscaras durante la temporada de carnaval con esplendorosos pasajes de acordes y desplazamiento rítmico.Frédéric Chopin (1810- 1849 y Robert Schumann no sólo representan la cima del pianismo romántico sino que hubo además contacto personal entre ambos, del que participó también Clara, la esposa de Schumann y un vínculo importante entre sus estéticas musicales.El Carnaval op. 9 de Schumann, precisamente, es un verdadero entramado, en parte, de dichas influencias: dedicatorias, citas literarias como Pierrot y Arlequín de la “Commedia dell’arte”; Chiarina, representación de su esposa Clara; Chopin, una evocación de su colega; homenajes a través de citas musicales y aproximaciones a determinados géneros establecidos como el Valse Allemande.El toque de Gelber, subjetivo y poético, pleno de contrastes, siempre se movió en busca de la belleza del sonido, valiéndose de su trabajada técnica y de un decir nítido y preciso. También es interesante destacar el efecto interpretativo de los reguladores y del sforzato (sf).El público de pie y emocionado premió con extensos aplausos la versión para piano del Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante op. 22 de Chopin, que cerró el programa. Recordemos que la Gran Polonesa, compuesta durante el período 1830-1831, fue estrenada como obra para piano y orquesta, a la que posteriormente, en 1834, el autor le antepone el Andante Spianato a modo de amplia introducción para piano solo.Gelber y su piano constituyen una unidad indivisible. Casi setenta años de trayectoria, más de 4700 conciertos en más de 45 países y numerosos premios, avalaron esta noche intimista, brillante y de gran intensidad lírica.FICHA TÉCNICA:Recital de Piano a beneficio de AVOMESolista: Bruno GelberObras de L. van Beethoven, R. Schumann y F. ChopinTeatro IndependenciaViernes, 28 de agosto 2015, 21.30 hs.

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