Por Ramiro Ortíz
Diego El Cigala
Este gitano es un virtuoso de aquellos. Todos los músicos que han compartido alguna rumba o bulería con él terminan asombrados por la expresividad, la afinación perfecta, la musicalidad con la que, naturalmente, El Cigala le puede poner su voz a lo que quiera y salir glorioso. Primero dominó el arte de su tierra, el flamenco que fue vitamina y proteína de su altura, real y artística. Con ese territorio conquistado, el explorador envió su garganta a descubrir cadencias, matices, colores de otras latitudes. Probó el son cubano, le gustó, lo hizo suyo. Alguien le mencionó a su alteza unos tales Gardel y Goyeneche, y él, curioso, insaciable, fue en busca del tango hasta apropiárselo.
¿Cuál es su secreto? No mucho, asegura, simplemente ama lo que hace. En otras palabras, se enamora de algo y lo canta. “No hay mucho truco”.
Recomendadas
Por eso no es fundamental saber que El Cigala, quien también se hace llamar Diego, en realidad fue bautizado como Ramón Jiménez Salazar. Sólo hay que recordar que este cantaor madrileño es dueño de un estilo personal admirable que muchos especialistas asocian al mismísimo Camarón de la Isla, es decir, una especie de leyenda viva del flamenco que, además, ha expandido sus dominios. Lo otro que hay que recordar, clave, es que Diego va a cantar por primera vez en Mendoza, este jueves, en el Bustelo.
Claro, “Sintiendo América” es el nombre de la gira que lo trae por aquí, sucesión de fechas que lo llevan por distintos países del Cono Sur y también por algunas provincias de nuestro interior como Santa Fe, Córdoba, Chaco o Neuquén, entre otras. Algo que él, admite, se debía.
“Sintiendo América” también explica, de algún modo, la lista de temas que lo acompaña en esta travesía, que ya le está produciendo cierto cansancio, según confesó (“Ya estoy un poco cansado. Ya llevo ocho conciertos, compadre, uno no es de mantequilla”).
Las elecciones, específicas, para nada azarosas, recaen en sus abordajes más latinos. Y los músicos que las interpretan son las manos más diestras en este desafío. Sonarán principalmente tres discos, Cigala & Tango, Dos lágrimas y Lágrimas negras. Este último fue el que grabó junto con el legendario pianista cubano Bebo Valdés, con sones y boleros, y Dos lágrimas le dio continuidad a esa búsqueda. Cigala & Tango es, aunque parezca obvio, es otro cantar. Allí Diego se rodeó de gente de su talla, como el guitarrista Juanjo Domínguez, el bandoneonista Néstor Marconi (que llevó también al violinista Pablo Agri quien, casualmente, estará también en Mendoza el jueves 4 para una clínica gratuita de violín en el San Vicente Tango), o su amigo Andrés Calamaro.
“Esos maestros han sido los que me han puesto a mí en el tango, conocí el tango gracias a ellos. Si no, el disco no hubiera sido así”, contó Diego. Juntos dieron a luz a conmovedoras versiones de himnos urbanos como Garganta con arena, El día que me quieras, Las cuarenta o Nostalgias. Esta fusión sumó además constantes pizcas de genialidad de sus músicos, el contrabajista cubano Yelsy Heredia o sus compatriotas Jaime Calabuch en piano y Diego El Morao en guitarra flamenca.
Así, entre ritmos americanos, sonidos flamencos y fraseos tangueros, se redondeó este concierto en vivo ganador de un Grammy Latino y disco de oro en nuestro país.
La aventura musical permanente que es sinónimo de vida en El Cigala fue el tema de la charla que el artista mantuvo, a pesar del frío y del cansancio, desde un hotel de Santa Fe.
“Empezamos la gira argentina en Santa Fe y ha sido muy chévere. El público nos ha recibido muy bien, estaban todos a pedir de boca y fue muy lindo, sobre todo porque es la primera vez que toco en muchos de estos lugares”.
–¿Era la idea de la gira?–Sí, conocer el interior, se trata de 12 fechas, eso era realmente lo que buscábamos. Queríamos agitar y cultivar público más allá de Buenos Aires, estuvimos por Colombia, Venezuela, Chile, Panamá, Perú, Puerto Rico, pero en Argentina el interior es una belleza. Conocía Rosario y Córdoba, pero a Mendoza será la primera vez que vamos. Ojalá tenga tiempo de conocerla, sería muy bueno y también que esté lindo el tiempo, porque ahora aquí hace un frío fatal y en Buenos Aires fue peor, un frío que cala los huesos.
–¿Vas a repasar todos tus discos?–Estoy interpretando Cigala & Tango, Dos lágrimas y Lágrimas negras. Voy con Jaime Calabuch en piano, Yelsy Heredia en contrabajo, Diego García en guitarra eléctrica, que es guitarrista de Andrés Calamaro, e Isidro Suárez en percusión.
–¿Diego El Morao no viene?–No, El Morao se va a sumar en Estados Unidos porque estaba él también de conciertos y tal. Pero esta otra guitarra es muy bonita, clásica, os va gustar.
–¿Qué parte de tu repertorio flamenco interpretás, teniendo en cuenta que no habrá guitarra flamenca?–Lo que hago de flamenco es La paloma y otras cosas con mucho piano. Pero principalmente nos basamos en estos tres discos, por ahí metemos alguna que otra pieza de flamenco. Por eso se llama “Sintiendo América”.
–¿Cómo nació la idea de fusionar otros lenguajes como el tango o la música cubana a través del flamenco?–Pues nada, me van llegando las cosas, me van gustando, me voy enamorando y las voy cantando. Es simplemente eso, no tiene más truco. Con el tango me pasó lo mismo, me regalaron una antología de Goyeneche y Gardel, y por ahí empecé la búsqueda. Luego conocí a Adriana Varela, su música, también a la Negra Sosa, y por ahí me fui metiendo en ese mundo. Y la verdad que me ha venido como anillo