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Compadritos rockeros

Por Oscar Trapéotrape@diariouno.net.ar

Justo en el momento en que terminamos la entrevista con Eli Suárez, advertimos que su mirada se pierde en la postal cordillerana que ofrece el suelo mendocino, en sintonía con lo que nos confesó minutos antes: “Gardelitos le canta a la búsqueda interminable de la identidad”.

Y vaya si el líder de la convocante agrupación rockera -que se presenta este sábado, a las 21, en el Auditorio Bustelo, de Ciudad- tiene por qué sentirse identificado con Mendoza. Pues su abuelo y su padre, Korneta, el recordado e histórico frontman gardeliano, nacieron en la Zona Este de la provincia. También en este suelo comenzó a forjarse el legado artístico de la familia Suárez. “Mi viejo me contó que a los cuatro años, en San Martín, conoció a (Jorge) Cafrune. Él siempre recordaba que cuando lo saludó, Cafrune tenía una mano grande y cálida. Y hoy guardo el mismo recuerdo de mi viejo, una mano grande y cálida”, dice Eli Suárez, escarbando en su memoria.

Los Gardelitos están de nuevo en Mendoza para presentar  Cine Teatro, el primer DVD de la banda. Aunque, como se puede advertir en la previa, no será un recital más del grupo. “Hace varios años hicimos un recital grande en Pacífico y estuvo alucinante, pero esta vez venimos con toda una puesta en escena distinta”, adelanta el cantante y guitarrista.

–¿Llegan en el momento justo y al lugar indicado?

–El show, a nivel de propuesta artística, es muy bueno, y justamente el Bustelo es el lugar ideal para presentar este nuevo material. La puesta en escena, que incluye toda la escenografía y la vestimenta del grupo, vendrían a ser la frutilla del postre, aunque lo esencial son nuestras canciones.

El año pasado el grupo tuvo un rotundo cambio de formación, el cuál marcó el ingreso de: Fede Caravatti (guitarra y voz), Diego Rodríguez (bajo) y Paulo Bellagamba (batería). Este hecho incidió directamente en el aspecto sonoro del grupo.

–El cambio de formación los acercó más al sonido originario del grupo...

–Definitivamente sí. Ahora hay más presencia del costado acústico en las presentaciones en vivo, si bien nunca se perdió, pero ahora está más al frente. Esto está bien definido en nuestros primeros discos.

–Aparte de presentar el primer DVD del grupo, ¿están estrenando sello propio, Aconcagua?

–Sí, y ese nombre también encierra una historia familiar y obviamente tiene un lazo con Mendoza. Resulta que mi abuelo y mi padre eran pintores de brocha gorda. De pronto esa pequeña empresa de pintura se llamó Aconcagua, y por ello decidí que el sello se debía llamar así. De alguna manera también es un homenaje a ellos.

Durante la charla con Escenario & tendencias, Eli no puede esquivar las figuras de su abuelo y de su papá Korneta cuando hace referencia al legado artístico de Gardelitos.

–¿Por qué intuís que tu abuelo fue quién impulsó todo lo que hoy es, en un escenario, Gardelitos?

–Si bien mi viejo, con su canciones llevó adelante todo, no tengo dudas de que mi abuelo encendió la mecha. Él tenía mucha afinidad con la música y el teatro, aparte de estar atento a las expresiones artísticas que iban apareciendo en los años ’50. A todo eso mi viejo lo supo ver y asimilar para luego plasmarlo en los temas de Gardelitos. Igual, la política de esos años influyó en todo ese proceso.

–¿De qué manera influye la política en este traspaso generacional de legado artístico en tu familia?–Mi abuelo, a mediados de los ’50 era peronista, y en la llamada Revolución Libertadora (golpe de estado de una de las dictaduras militares en Argentina que destituye el gobierno democrático de Juan Domingo Perón en 1955) termina preso. Entonces mi viejo cruza todo el país y así desde Mendoza llega a Buenos Aires, en busca de su propia identidad. Por eso las letras de Gardelitos tratan un poco de eso, de buscar la identidad. También a mi viejo (el fallecito Korneta, fundador de la banda) lo alucinó su encuentro con el primer rock nacional, cuando iba a ver a Manal o Almendra. Igual su relación con la música comenzó acá en Mendoza.

–¿Te contó Korneta cómo fue ese momento?

–Sí. Me relató una historia que no la olvido nunca más. Antes los circos tenían números musicales, entonces mi viejo, que era un niño todavía, se mandó atrás de la carpa y vio a Cafrune comiendo un asado solo, en el medio del campo. Fue allí donde lo reconoció y se acercó a saludarlo. Me dijo que nunca se había olvidado de ese saludo, de la mano de Cafrune, una mano grande y cálida. Como yo recuerdo la mano de mi viejo, una mano grande y cálida. Por eso creo que el mejor homenaje a Korneta que le podemos hacer es seguir adelante con la banda, subir al escenario y tocar sus canciones.

–Debe ser muy significativo hacer todo lo que decís, acá, en Mendoza...

–Pasa algo muy lindo con Mendoza, que es que la gente la toma a la banda como local, eso está espectacular. Cuando se corrió la bolilla que mi viejo había nacido acá se formó un vínculo muy fuerte.

–¿Qué sentís cada vez que regresás a Mendoza?

–Siento como una reencuentro con mi niñez, cuando veníamos con mi hermano y mi viejo a recorrer Mendoza, sobre todo San Martín. Me acuerdo de las historias que nos contaba Korneta, de los amigos que él tenía acá. Me siento muy familiarizado con esta provincia. Siempre de chico esperaba el verano, los días de sol para venir a disfrutar. 

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