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Rodrigo de la Serna visitó Mendoza para presentar Camino a La Paz, cinta que protagoniza con el Flaco Suárez  y que se estrena este jueves en todo el país 

Camino a La Paz: “Es una película muy espiritual”

Selva Florencia Manzurmanzur.florencia@diariouno.net.ar

"En la película hay una escena en la que Rodrigo y yo compartimos un jacuzzi. Ahí nos enamoramos. Fue un flechazo”, dijo en broma Ernesto el Flaco Suárez para romper el hielo durante la conferencia de prensa que ofreció el equipo de Camino a La Paz aquí, en Mendoza, a fines del año pasado. La Navidad aún no llegaba, pero ver en vivo la química entre el maestro del teatro local y el popular actor de cine y TV Rodrigo de la Serna fue un verdadero regalo para quienes estuvieron presentes. Uno que ni siquiera Papá Noel podría haber planeado mejor.Los actores, acompañados por el director Francisco Varone y la productora Gema Juárez, viajaron a presentar la ópera prima del cineasta porteño, que se estrena este jueves en la provincia y todo el país.
La película es una road movie que tiene a un joven remisero, Sebastián (De la Serna), en plena crisis del 2001 en el centro de la escena. Lo conocemos cuando está desempleado y es una especie de amo de casa que se junta a comer asado con sus amigos mientras su novia sale a trabajar. En un momento crítico de su vida aparece el viejo Jalil (en la piel de Suárez), un musulmán que le ofrece dinero a cambio de que lo lleve en auto hasta Ciudad de La Paz, en Bolivia, donde iniciará una peregrinación hacia La Meca.Se trata del debut cinematográfico de Ernesto Suárez, el cual llega a sus 75 años y tras medio siglo de experiencia arriba de las tablas.El trabajo que hace este maestro de maestros en este coprotagónico, sosteniendo con entereza el peso de la historia, es eximio e imposible de olvidar una vez visto el filme.Es fácil pensar que toda esa trayectoria e historia de vida tan particular que tiene el Flaco, desde sus sacrificios personales, pasando por su exilio y su enorme trabajo social, confluyeran para dar vida a un personaje inolvidablemente hermoso.Con la cinta a punto de verse en complejos de toda Argentina y el maestro a punto de dejar de ser el secreto mejor guardado de los mendocinos y pasar a convertirse en un tesoro nacional, Escenario dialogó con Rodrigo de la Serna para conocer cómo fue su experiencia con el autor e intérprete de Lágrimas y risas.Las peripecias que atravesaron juntos quedaron así reflejadas en esta charla.–Visitaste Mendoza hace un año para probar tu química con el “Flaco”, ¿cuánto tiempo les llevó generar la empatía que se ve en la pantalla grande? –Ese fue el gran desafío que planteó esta película, porque cuando Pancho (Francisco Varone, el director) se acercó con el guión y decidí hacerla, lo primero que pensé fue: “¿Quién va a hacer del viejo?”. Porque de eso dependía absolutamente toda la película. Cuando me dijeron que iba a ser el Flaco Suárez, a quien yo no conocía, empecé a investigar. Colegas de Buenos Aires me dieron muy buenas referencias de él, miré videos y me gustó. Fue un encuentro artístico increíble el que tuvimos con el Flaco, la empatía fue inmediata. Somos dos tipos sencillos, a quienes nos apasiona el teatro, los viajes y tenemos un compromiso con el arte que es similar. Sin embargo, había que ponerse a prueba porque fue un rodaje duro. Dormimos poco, pasamos frío, con la altura nos apunamos. Además, en un viaje te podés llevar mal con alguien, pero nos llevamos muy bien y creo que ese vínculo como seres humanos quedó muy bien reflejado en la película.–¿Qué referencias te dieron de él en Buenos Aires? –Él no es muy conocido allá, pero cuando empecé a ahondar un poco en compañeros actores mendocinos, se quedaban helados, no lo podían creer. “¡Hacé la película porque es un maestro!”, me decían o “¡fue mi maestro de teatro, es un genio!”. Me contaron historias de él, de lo que significa para el teatro de la provincia y sobre sus años duros. De la beca Videla que ganó, como dice él, y se tuvo que exiliar. También me hablaron de los teatros que fundó en su recorrido por Latinoamérica. Me interesó mucho escuchar esto, pero todavía no sabía cómo era la cara. Un día, Pancho me esperó después del teatro y me mostró un video. Cuando le vi la cara pensé: “¡Ya está! Es él”. Con esa pequeña muestra vi su ironía y el physique du role de él, que es imponente.–Y al conocerlo aquí, en Mendoza, ¿fue como esperabas? –Mejor. Vinimos a Mendoza unos días,  justo para mi cumpleaños. Él nos fue a buscar al aeropuerto en su Renault 4, nos prendimos un pucho y, desde el asiento trasero, Pancho empezó a sacarnos fotos y a filmar con su celular. “Ya tengo la película, sigan, sigan”, nos decía él. El Flaco nos invitó a El Bermejo, nos puso a cocinar ñoquis, tocamos la guitarra. Fue un amor a primera vista.–Sin embargo, costó que el “Flaco” dejara Mendoza, sus obras y sus alumnos y se animara al cine. ¿Cómo lo convencieron? –Creo que él entendió de qué iba la película cuando nos conoció, porque si se imaginaba una superproducción de Buenos Aires, podía pensar que era cualquier cosa. Pero ese encuentro, acá en Mendoza, le dejó en claro que había mucho corazón en la película. No nos olvidemos de que años antes el Flaco había rechazado hacer El aura, de Fabián Bielinsky, con Ricardo Darín. Sabíamos que teníamos que convencerlo y hacerle entender el espíritu de la historia. Y él no sólo lo entendió sino que se hizo cargo en todo momento. Todos los argentinos nos debemos el ver a un actor de este calibre debutando en cine. Sobre todo en un rol tan esencial y emocionante. Es muy lindo verlo actuar en cine. Ojalá no sea la última vez.–La ficción y realidad se funden porque los personajes se descubren a través de este increíble viaje y ustedes, los actores de carne y hueso, también... –Siempre se dice que las road movies son viajes iniciáticos. En este caso es un viaje iniciático en el sentido más espiritual de la acepción. Hay algo hondamente espiritual en esta película. Es un zen argentino Sebastián: está despojado de toda materialidad, con el viaje va subiendo cada vez más hacia Bolivia, de repente Jalil está agonizando y el nexo entre ellos se va haciendo cada vez más fuerte.–¿Qué otros proyectos te esperan para el 2016? –Sigo haciendo El farmer, obra de teatro que adapté con Pompeyo Audivert, hasta febrero. En abril filmo una película con otro gran actor, que es Oscar Martínez, y sigo con mi grupo de música, El Yotivenco, con el que estamos empezando a salir por bares y pueblos. Además, tengo dos películas más a punto de estrenarse: 100 años de perdón, que es española pero se filmó en Buenos Aires con el actor español Luis Tosar, que es un tipo a quien admiro muchísimo; es una de suspenso y acción. Y después sí llega la película en la que hago de Jorge Mario Bergoglio.El desafío de hacer de Bergoglio En los próximos meses a Rodrigo de la Serna le espera más trabajo, así como la intensa promoción de la cinta Llámame Francisco, en la que interpreta a Jorge Mario Bergoglio de los 30 a los 65 años.–Encaraste un gran desafío al interpretar al papa Francisco en una película biográfica, ¿cómo fue esa experiencia? –Ese fue mi gran desafío, sí. Acaso el más imposible de mi carrera. Sobre todo porque cuando uno encara un rol histórico tiene una responsabilidad muy grande que es superior a la de, por ejemplo, el rol de Sebastián en Camino a La Paz, que es un remisero cuyas exigencias psicológicas son diferentes a las de un personaje histórico que sí está a la vista de otros, porque es  conocido. Además, los personajes históricos siempre generan debate por el ángulo que usés para mirarlos. Como si todo eso fuera poco, en este caso el personaje histórico está vivo y en ejercicio, ¡olvidate! –Además, Francisco atraviesa su momento de mayor popularidad...–¡Claro! Porque si te ponés a pensar, ¿quién sabe cómo hablaba San Martín? En cambio, todo el mundo sabe cómo habla Bergoglio.

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