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El actor, acróbata y clown que entretuvo a millones de argentinos en el "Bailando" está en Mendoza para desplegar sus dotes circenses en Cirque XXI

Bicho Gómez: "Me siento parte del público"

Por Paola Alé y Carolina Baroffiouno_escenario@diariouno.net.arMarcos Gómez, el Bicho, aprendió a caminar casi al mismo tiempo que a subirse en un trapecio y hacer acrobacias. Nació, se crió, creció y viajó con el circo de su padre hasta los 27 años, edad en la que decidió mezclar su espíritu circense y lúdico con la actuación. Por eso, además de desplegar su arte escénico en el teatro y en la televisión, es el director de Cirque XXI, un espectáculo que es propiedad de su primo Fabián López. Ambos comparten el amor por la actividad, que los convierte en buscadores nómades de las sonrisas del público. El participante más popular y amado que haya tenido el "Bailando" de Tinelli, campeón del certamen en 2014 junto con la actriz y comediante Anita Martínez, está en Mendoza.Vino para ofrecer en persona, más bien en escena, las últimas tres funciones de su Cirque XXI que, tras un mes de exitosas presentaciones, se despide hoy de Mendoza.Las lonas de la carpa se levantan a nuestro paso y tomamos asiento en la primera fila, mientras un soplo de viento levanta aserrín del escenario. Allí, en ese marco ideal nos atiende el Bicho para ofrecer una charla cargada de narices rojas, magias pasadas y amor, sobre todo mucho amor por el arte circense.-¿Desde cuándo dirigís el Cirque XXI?-Desde que tiene el circo Fabián, me invitó a participar y empezamos con esto de armar espectáculos. En realidad viene de una cuestión familiar. -Vos venís de familia circense...-Yo soy la cuarta generación de familia circense, empezamos con Fabián a hacer temporada, y trabajamos juntos. -¿Quiénes eran los que se dedicaban al circo en tu familia?-Mi padre y mi madre. Él era acróbata y mi mamá equilibrista, eran de los mejores de la época. -¿Cómo se llamaba ese circo?-El circo se llamaba Eguino Bros, y los que trabajaban eran todos parientes. De hecho yo tengo una hermana que vive en Brasil, y sigue vinculada al circo, el único que hizo un camino diferente soy yo, aunque nunca me aparté. Sólo tengo otro trabajo, pero el del circo no lo dejo. -¿Cómo empezaste en teatro?-A los 27 años empecé con la carrera paralela de actor. Yo arranqué con un grupo que se llama La Banda de la Risa, soy muy amigo de Claudio Gallardou. Éramos un grupo de actores que hacíamos obras clásicas, a nuestra manera. El grupo era muy conocido en el ambiente artístico porteño. Teníamos una manera de hacer teatro diferente a lo que se hacía hasta ese momento. Éramos clowns que hacíamos obras clásicas, mezclábamos eso. La Banda de la Risa comenzó a irrumpir con esa forma de hacer teatro. -Una propuesta alternativa...-Sí, hacíamos teatro under. El grupo era muy popular entre los actores y productores, venía mucha gente importante a vernos, caía (Jorge) Ginzburg, (Marcelo) Tinelli, (Antonio) Gasalla... Por eso yo empecé a hacer bolos (apariciones) en la televisión. -Lo que hacías en el programa de Guinzburg (el Payaso Mala Onda) me hacía acordar un poco a Tandarica...-Sí, claro. Tandarica tuvo mucho que ver con todo esto. Él también fue artista de circo. -Daba la sensación de que con Guinzburg hacías lo que querías...-Siempre hice lo que quise. Por suerte me he encontrado con gente que me ha dado esa libertad para hacer lo que quiero hacer. Es muy difícil encontrar ese privilegio en otras profesiones. Esa libertad me ha dado la posibilidad de expresarme siempre de la manera en que yo quería, contenido y acompañado por personas muy generosas. -¿Te sentís más parte del circo que del teatro o de la televisión?-Yo me siento parte del público. Donde haya público me siento bien. Cambia el ámbito, pero no cambia la gente. Esto es lo importante cuando uno quiere actuar. A mí me encanta actuar y me gusta hacer reír. Que sea en un teatro, en un circo, en una plaza o en la calle, el teatro se hace ahí, es un hecho teatral donde quiera que se haga. -¿Te parece que en estos tiempos cuesta más hacer reír a la gente?-Hacer reír no es tan fácil. Los públicos son distintos, los ánimos también. Cuesta. El que venga a ver un espectáculo humorístico, a algún actor cómico, tiene que estar predispuesto a pasarla bien, si no por más genio que sea el que está en el escenario es muy difícil que te haga reír. -¿Te ha pasado alguna vez que la gente no se ría?-Sí, claro, millones de veces. Y creo que me va a seguir pasando. Imaginate que yo me preparo para hacer un espectáculo, y el tipo que estuvo todo el día en una oficina, tuvo quilombos con el jefe, tuvo que ir a pagar las cuentas a la AFIP, se pelea con su esposa, pero justo ella tenía dos entradas para ir al teatro. ¡Ese tipo se sienta, y lo que menos ganas tiene es de estar en un teatro! Por ahí hay dos que se ríen y dos que te miran como si no entendieran nada. -¿Es más fácil hacer reír a los chicos? -Es más difícil. El grande se puede aguantar toda una película o un espectáculo, y se levanta y dice: "Che, qué porquería esto que vimos". En cambio, un nene chiquito ¿qué hace cuando se aburre? Se para y empieza a jugar, se va con el nene de al lado. -¿Te gusta actuar más para los grandes que para los chicos?-Yo hago obras para mí. Eso es lo más importante. Adentro mío yo también tengo un chico. Necesito divertirme y pasarla bien arriba del escenario. Si eso sucede, es muy probable que el que esté enfrente la pase bien también. -¿Volverías a trabajar con Tinelli?-Sí, lo volvería a hacer, la he pasado muy bien en todos los trabajos. Cuando encaro un trabajo nuevo, lo encaro con mucho respeto. Lo del "Bailando" lo haría de nuevo porque Tinelli me dio la posibilidad de ser un personaje muy popular, eso es lo que sucede en el programa de Marcelo: te lleva, te eleva, y lo tenés que surfear como un tsunami. Te podés caer, ahogar o salir bien parado. Te puede pasar de todo. Lo que no va a pasar es que te quedés ahí para siempre. En esta profesión, uno tiene que estar preparado para todo.

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