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La versión completa de “El lago de los cisnes”, obra maestra del repertorio clásico-romántico, con la maravillosa música de Tchaikovsky, se representó el fin de semana pasado en el Teatro Independencia. Galería de fotos.

Ballet El lago de los cisnes: con tradición clásica y final dichoso

Por Cristina AlfonsoEspecial para UNO

La versión completa de “El lago de los cisnes”, obra maestra del repertorio clásico-romántico, con la maravillosa música de Tchaikovsky, se representó el fin de semana pasado en el Teatro Independencia. Dos noches de tradición clásica con entradas agotadas.

Los roles principales estuvieron a cargo de Aaron Robison (Príncipe Sigfrido), solista invitado del Houston Ballet, la bailarina mendocina María Inés Riveros (Odette/Odile), Matías Santos (Rothbart, el mago) y Gerardo Wyss (Pas de Trois) – ambos bailarines del Teatro Colón- y Walter Batistini (egresado del ISA, Teatro Colón) como el bufón.

La puesta en cuatro actos conjugó el talento de los solistas con la disciplina del cuerpo de baile conformado por bailarines, en parte, convocados para la ocasión y procedentes de diversas escuelas. La dirección general estuvo a cargo de Shirley Jorquera y María Cristina Hidalgo

Jorquera y Riveros se encargaron de la reposición coreográfica, basada -según el programa de mano- en el original de Marius Petipa (1895). En realidad, según cuenta la historia de la danza, la versión de 1895 le correspondió no sólo a Petipa (primer y tercer acto) sino también a Lev Ivanov (segundo y cuarto acto).

En esta puesta la coreografía fue adaptada y modificada teniendo en cuenta las características del elenco en formación. Los “actos blancos”, el segundo y el cuarto, en los que la danza se muestra puramente académica, conservaron el estilo y la prolijidad. Tanto los dos cisnes grandes como los cuatro pequeños se mostraron muy bien coordinados y técnicamente seguros.

Al tercer acto, en cambio, le faltó brío. La escena transcurre en el palacio, donde tienen lugar las tan esperadas danzas de carácter (según el programa de mano: la húngara, la rusa, la española y la italiana) en medio de una atmósfera cortesana. Pero, qué son propiamente las danzas de carácter? Son aquellas danzas tradicionales del folklore europeo que, un tanto estilizadas, fueron incorporadas al repertorio clásico de grandes producciones como El lago de los cisnes. Dichos bailes están destinados a aportar alegría, colorido y aquellos rasgos distintivos propios que indican el país de procedencia.

El bailarín de nuestro medio no tiene tradición de recibir clases de danzas de carácter. En definitiva, habría que revisar y acentuar los elementos folklóricos de esta escena.

El bufón del mendocino Walter Batistini, colorista y simpático, estuvo impecable. No le faltó nada. El joven bailarín se formó en el Instituto Superior de Artes del Teatro Colón y fue discípulo del renombrado Maestro Alejandro Totto. Al igual que Robison, sus saltos fueron elevados y sus piruetas muy bien controladas. Se desplazó por todo el escenario con técnica depurada y revistió su papel con notables dotes histriónicas, interactuando con los personajes principales y marcando las transiciones.

Siempre inmerso en su calidad de príncipe, el quehacer escénico de Aaron Robison se caracterizó por un andar elegante y técnica precisa que fluyó con enorme musicalidad: saltos elevadísimos, piruetas muy bien resueltas, líneas depuradas. Su trabajo fue inteligente al igual que el de María Inés Riveros en su doble rol de Odette / Odile.

Riveros trabajó los brazos, torso y cabeza de Odette (reina de los cisnes blancos) al detalle y pudo expresar el hechizo del embrujo. Pero fue en el papel de Odile (cisne negro) donde se la vio más natural; le salió de adentro y con desenvoltura.

En su doble papel de Odette/ Odile, Riveros demostró solvencia técnica a lo largo de todo el ballet. Tal vez, en términos generales la concepción del personaje de Odette podría haberse realizado un poco más acorde a la personalidad de Riveros, esto es, un poco más sanguíneo y no tan agónico. En otras palabras, con el excesivo lirismo se corre el riesgo de dar una imagen con falta de espíritu y de energía, trayendo remembranza de la breve y famosa danza

“La muerte del cisne” (1866) coreografiada por Michel Fokine, con música de Camille Saint- Saëns. Lo lírico no debería contraponerse al espíritu ni a la energía. De todas formas el ser y su apariencia, esto es, el cisne blanco y el cisne negro, quedaron muy bien plasmados con la ductilidad de la bailarina mendocina.

En esta versión el amor y el bien triunfaron sobre las fuerzas del mal: el príncipe Sigfrido logró vencer a Rothbart y conjurar el hechizo. Y el público dichoso.

Ficha Técnica:

Ballet El lago de los cisnes de Tchaikovsky

Direcciòn general: Shirley Jorquera y María Cristina Hidalgo

Sábado 28 y domingo 29 de junio

Teatro Independencia

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