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El Teatro Independencia fue escenario de la puesta de Aurora, ópera de Héctor Panizza, interpretada por Ópera del Nuevo Cuyo, y la Orquesta Filarmónica de Mendoza.

Alta en el cielo

Por Cristina Alfonso                                                                                                                        Convertido en una verdadera estampa patriótica y vestido de celeste y blanco, el Teatro Independencia estrenó Aurora, ópera en tres actos  de Héctor Panizza llevada a escena por el elenco Ópera del Nuevo Cuyo y la Orquesta Filarmónica de Mendoza bajo la dirección intensa y luminosa de Ligia Amadio, junto al Coro de Cámara de la Universidad Nacional de Cuyo y al Coro del Club Mendoza de Regatas.

La velada patriótica fue prolija en todos sus aspectos, desde el ingreso de las autoridades provinciales y el numeroso público hasta el diseño del programa de mano. El proyecto inicial de la régisseur Marisul Ibañez, actual Ministra de Cultura, sentó las bases de la puesta e iluminación, que  después de un año de trabajo arduo llegó a cristalizarse con Rodolfo Yañez y Jimena Semiz a cargo de la dirección de escena.

Rodolfo Carmona y Sonia Sejanovich diseñaron un acertado marco escenográfico cuya dimensión y variadas texturas ampararon esta historia de lucha por la independencia que narra el idilio entre Aurora, la hija del jefe del ejército español y un joven criollo patriota. La chica, gracias al amor, asume a la aurora su destino y muere. Entendida como una aurora histórica y personificada en el papel femenino, Aurora representa, en sentido alegórico, la historia de la Revolución de Mayo.

La solidez del conjunto estuvo dada por la tarea de la maestra de canto, la reconocida Fenicia Cangemi y la de los preparadores Fernando Ballesteros, Liliana Diamand y Emanuel Fernández.  A las voces reconocidas de nuestro medio, se sumó la del joven tenor Rodrigo Ortiz (Mariano), dotado de musicalidad, de un gran caudal y bello timbre. Este estreno en Mendoza significó para él su debut como cantante lírico y el inicio de una promisoria carrera.

Hablando de trayectoria, podría decirse que en el otro extremo encontramos al también joven y dotado Fernando Lazari (Don Ignacio del Puente), barítono que cuenta ya con varios roles de solista y dominio absoluto del público. Su actuación se sustentó, como siempre, en la solvencia técnica y en la ductilidad actoral. Otras voces experimentadas fueron la de las sopranos Alejandra Herrera con su sensible Aurora y Semiz con su Chiquita dotada de un ágil desplazamiento escénico.

El punto débil y la falta de estilización se alojaron en las brevísimas escenas coreográficas, tan innecesarias como impertinentes. En algunos momentos, la relación argumentativa llegó a ser nula. Por suerte y por ser éstos precisamente breves, no mermaron la calidad del conjunto.

El supratitulado en español ayudó a esclarecer el texto cantado en este idioma. El texto de Aurora, encargada a Panizza y estrenada en el Teatro Colón en 1908, fue confiado a Luigi Illica inspirado libretista de Puccini, figurando como coautor Héctor Quesada. El idioma original fue el italiano y en la década del cuarenta el propio Panizza decidió traducirla encargándole la tarea a Ángel Pettita y a Josué Quesada, hijo del coautor.

Seguramente, las inflexiones y acentuaciones del texto original quedaban mejor articuladas y engarzadas con el lenguaje musical de neto estilo italiano. Aun siendo así, la obra en español, llegó a conmover y sobre todo al cierre del Intermezzo épico, después del Segundo Acto, momento en el que Ortiz interpretó con suma emoción y proyección sonora la canción Aurora (y su bis), acompañada por un público de pie que respondió con prolongada y vibrante ovación.

El Himno Nacional Argentino cerró la velada patriótica, armoniosa en todo su sentido.

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