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Este sábado fue el aniversario

Hace 44 años nos dejaba Aníbal Troilo, "Pichuco"

El 18 de mayo de 1975 la figura regordeta del bandoneonista dejaba de pisar sus queridas calles de Buenos Aires, esas donde aprendió en simultáneo a jugar al fútbol y a tocar "el fuelle", y se iba al cielo, Aníbal Troilo -Pichuco- llevándose al cielo un pedazo del alma de todo un país que admiró el virtuosismo con que ejecutó y compuso sus tangos, y lo hizo parte del inconsciente colectivo.

Como él mismo lo dijo en una entrevista, "Uno no se muere de golpe, se va muriendo de a poco con cada amigo que desaparece y así llega un momento en que de Pichuco ya no queda nada".

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Pichuco, como lo apodó su padre, quien le legó también su propio nombre y murió cuando Aníbal tenía 8 años, falleció el 18 de mayo de 1975 en el Hospital Italiano. Fue a causa de un derrame cerebral y sucesivos paros cardíacos. Se encuentra sepultado en el Rincón de los Notables del cementerio de la Chacarita, al lado de Agustín Magaldi y Roberto Goyeneche. Había nacido el 11 de julio de 1914, cerca del Mercado de Abasto.

A los diez años tuvo su primer bandoneón, comprado en cuotas por su mamá, Felisa Bagnoli, una tana que le puso pecho a la vida al quedar viuda. Tras un "curso acelerado" de sólo seis meses, Pichuco continuó su formación musical por su cuenta y con apenas doce años debutó en público, en un festival realizado en el cine "Petit Colón".

En 1938 se casó por civil con la griega Zita (Ida Dudui Kalacci). Cuando su madre Felisa murió, como homenaje la pareja se casó por iglesia. (En realidad, Pichuco, bohemio empedernido, se fue a vivir con Zita recién tras la muerte de su madre).

Troilo pasó por numerosas orquestas, entre otras, las de Juan Pacho Maglio, Julio de Caro, Juan D'Arienzo, Ángel D'Agostino y Juan Carlos Cobián.

Su obra

Sus composiciones fueron muchas y exitosas. Entre las instrumentales se destacan la milonga La trampera y los tangos Milonguero triste, Responso y Contrabajeando (este último en colaboración con Piazzolla). Entre los tangos cantados, están: Barrio de tango, Che bandoneón, Sur y el vals Romance de barrio, todos ellos con letra de Homero Manzi; Desencuentro, La última curda, María y El último farol, junto a Cátulo Castillo; Garúa y Pa’ que bailen los muchachos (este fue dedicado al plantel de River Plate, club del que fue fanático hincha), con poesías de Enrique Cadícamo; Toda mi vida y Mi tango triste con letra de José María Contursi.

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