Por momentos parece imposible encasillar a Andrés Casciani en una sola definición. Ilustrador, artista plástico, pintor, escultor, docente, explorador de mundos visuales que se nutren de la música, la literatura y la tecnología, su obra atraviesa las fronteras de los géneros y de los formatos.
Vida y obra de Andrés Casciani, el artista que traza puentes entre el dibujo y las artes plásticas
Entre la ilustración y la plástica, el artista mendocino pasa de diseñar visuales de Vendimia a llevar su obra a teatros, discos, libros y bodegas
A sus 43 años, con más de dos décadas de trayectoria, Casciani se ha convertido en uno de los creadores visuales más prolíficos de Mendoza y su impronta puede reconocerse tanto en una etiqueta de vino como en una escenografía teatral, en las páginas de un libro o el arte de un disco, una muestra de pintura o hasta en la Vendimia donde sus ilustraciones animadas formaron parte del Acto Central 2025.
En la actualidad, el artista expone en la bodega Flores de Fuego, en el Valle de Uco, donde conviven sus pinturas con etiquetas de vino diseñadas especialmente para la muestra. Paralelamente trabaja en "Catalejo", un proyecto de videoarte en conjunto con el dramaturgo y escritor Daniel Fermani, donde se cruzan poesía e ilustración.
Y no se detiene allí: también aporta sus dibujos al teatro, en esta ocasión para la obra infantil "Quiero la luna", de Pinty Saba, que se estrenará en breve.
Los libros que esperan su trazo antes de ver la luz editorial son varios para lo que resta de este año. La novela policial "Por mano propia", de Andrés Cáceres; "Historias de locura y obsesión", de Nelson Iscariot; y "Calles too sincere", del escritor y poeta Dionisio Salas. Una agenda cargada en la que los proyectos conviven con el ejercicio cotidiano de dibujar, casi como un reflejo vital.
Artista por naturaleza
El arte, en el caso de Andrés Casciani, no fue un descubrimiento tardío, sino que se dio un entorno natural. Su padre, Walter Casciani, es saxofonista; su madre, Cecilia Franks, profesora de artes plásticas. Creció entre partituras, pinceles y hojas en blanco, y pronto supo que ese era su camino.
“Dibujo desde que tengo uso de memoria y siempre tuve esa convicción de que me iba a dedicar a esto”, cuenta en un encuentro íntimo en su atelier con Diario UNO. Y completa quien a los 9 años era un devoto lector de Quino y se reía con cada ocurrencia de Mafalda y sus amigos: "Soñaba con ser humorista gráfico".
La adolescencia trajo nuevos descubrimientos: The Beatles, que lo marcaron musicalmente, y las revistas Fierro que ampliaron su horizonte estético. “Ahí empecé a ver cómo desde la historieta había un terreno fronterizo que llevaba a las artes plásticas”, recuerda.
Desde entonces, su obra se mueve en esa “puja” entre ilustración y arte plástico, un diálogo en tensión que, lejos de desgastarlo, le da energía creativa.
"La puja entre esos dos mundos está presente al día de hoy en todo el laburo que hago. Trabajo en la ilustración de libros pero también pinto, hago esculturas, grabados. Es una polarización virtuosa en la que ambos extremos se conectan y rompen en mí el modo tradicional de trabajar en ambos mundos", define el artista.
Un laburante del arte más que un artista de inspiración
Egresado de la Escuela Provincial de Bellas Artes y licenciado en Artes Visuales por la UNCuyo, Andrés Casciani se formó en paralelo con maestros mendocinos de la talla de Osvaldo Chiavazza, a quien reconoce como un referente integral, además de Gastón Alfaro en grabado y Marcelo Marchese en caricatura.
Sus referentes se cuentan en una lista interminable: Carlos Alonso, Alberto Breccia, Hermenegildo Sábat, Luis Scafati, Carlos Nine, Dave McKean, Francis Bacon. Todos ellos aparecen como capas de inspiración que se filtran en sus obras de arte.
El dibujo y las artes plásticas son polos que parecen opuestos, pero en Andrés Casciani se conectan. "En la ilustración hay un público concreto, hay que transmitir un mensaje, un personaje reconocible. En cambio, la pintura es un proceso más libre, más interno, más desestructurado. Eso me enriquece”, argumenta.
Para él, el arte es un misterio difícil de definir. “Hay quienes lo entienden como comunicación, otros como expresión o como creación estética. Para mí es todo eso y nada a la vez, es algo mutante que acompaña a la naturaleza humana. Por eso me considero más bien un trabajador de oficio”, explica.
Y cita a Picasso y a Van Gogh como banderas: "la inspiración existe, sí, pero te tiene que encontrar trabajando".
Las redes como sala de exposición en el artista
En un contexto en el que muchos artistas locales optan por emigrar, Andrés Casciani decidió quedarse. “La ilustración fue mi embajadora”, asegura. Y en este sentido, internet y las redes sociales abrieron caminos que hace 30 años eran impensados.
“En los ’90 si querías vender o hacer una muestra afuera tenías que viajar. Hoy publicás en Instagram y tu obra circula por todo el mundo. Yo lo tomo como un espacio más de exposición, como una sala de arte”, explica. Así, su lápiz ha viajado a España, Brasil, México, Chile y más, sin moverse de Mendoza.
Al respecto, grafica: "Incluso hago el arte de tapa de una banda que es de Irlanda, no compartimos idioma, no nos conocemos personalmente, nos comunicamos a través de las imágenes y la música, eso es alucinante para mí".
Entre sus hitos recuerda con orgullo haber ilustrado hace una década la colección completa de la obra de Jorge Luis Borges para Sudamericana-Penguin Random House.
“Llega un momento en que se te borronea la cuenta de dónde publicaste. Ahí te das cuenta de que la pintura y la ilustración son lenguajes universales", afirma quien en su cuenta en Instagram muestra el paso a paso de su carrera.
Dibujos cantados
La música, inevitablemente, atraviesa el trabajo de este artista plástico e ilustrador. No solo por herencia paterna sino porque, según dice, funciona como un catalizador.
“La música siempre estuvo presente. Pero mi ojo se fija sobre todo en el arte de tapa de los discos. Sea un libro, una canción o una película, todo me genera una atmósfera de imágenes”, señala.
–¿Y escuchás música mientras trabajás?
–Sí, constantemente. Busco entrar en esa atmósfera, que viene desde el trazo, desde la textura. Pero no es repetir lo que dice la canción: la ilustración puede contradecirla, darle un contrapunto o incluso responder lo que esa letra o ese texto está diciendo. Eso me parece mágico.
Y ejemplifica con "El Quijote" y ese cruce de épocas que plasma en su papel: “Vas leyendo algo de 1600 y lo traducís en imágenes de hoy. Es un lenguaje atemporal, pura magia”.
Acerca de la literatura en sí, el artista reconoce que "no soy el lector que quisiera ser pero constantemente estoy tratando de desarrollar la lectura".
El dibujo como entrenamiento
Si algo define a Andrés Casciani es la constancia. Se impone el ejercicio cotidiano de dibujar como un atleta que entrena su cuerpo. “Es como estar en estado físico para un deportista. Dibujar es observación: cualquier lugar donde esté busco traducir lo que me rodea. Eso nutre mi desarrollo artístico”, reflexiona.
La comparación que elige es singular: “Es como el esgrima, como estar preparado para el tiro al blanco. Para darlo, primero hay que ejercitarlo”.
De allí que al artista se lo vea, en cualquier hora y lugar, con un lápiz y un papel de servilleta en la mano. "Te vas enriquecido por tu conocimiento y tu experiencia sobre temas como los ángulos, las curvas, las rectas, la profundidad", argumenta quien traza su entorno en un papel en blanco como "una relación constante con esa interpretación del mundo que te rodea que está dada por la sincronicidad entre la mano y el ojo".
Su arte, entre lo manual y lo digital, sin perder la sensibilidad
Aunque su técnica combina lo manual con lo digital, Casciani no reniega de ninguno de los dos mundos. “Me gusta ese diálogo; como un músico que toca guitarra criolla pero la samplea y le pone efectos digitales. Ese es mi ideal: la convivencia de ambos formatos”, describe.
Sobre la inteligencia artificial (IA), el artista se muestra cauto sin una respuesta definitiva: “Por momentos es atemorizante, pero también es un recurso más; si se da un juego virtuoso con el artista puede ser interesante. Lo que no hay que perder es la sensibilidad y la empatía”.
Las redes no son para él un pasatiempo, las asume como parte de sus horas de trabajo. “Me acuerdo cuando descubrí el blog de Oscar Grillo, en 2008, fue increíble ver que podía publicar dibujos sin límites. Desde entonces pienso las redes como una sala de exposición constante”, describe.
Gracias a esas plataformas ha cerrado contratos con escritores, curadores y músicos de distintas partes del mundo a los que nunca conoció personalmente.
“A veces trabajamos años juntos sin vernos las caras. Eso es lo fascinante”, comenta el artista y no deja de sorprenderse por la infinidad de oportunidades que le dan las redes a sus obras de arte.
El dibujo expresionista que busca completarse en el ojo del espectador
Su estilo se nutre del expresionismo, movimiento que reivindica la distorsión y la estilización en un dibujo, creando figuras no tan realistas y con altos niveles de abstracción. “Me siento muy identificado", asume el artista.
En esa línea, considera que sus ilustraciones "tienen mucha textura, mucha mancha" que le dan identidad a su obra, ya que no son un simple reflejo de la realidad.
En la caricatura, Casciani busca el mismo efecto: “La distorsión o estilización que se hace en una caricatura con los rasgos que los exagera no necesariamente tiene que ir al grotesco, puede ir hacia la fantasía, la dulzura o incluso el terror”.
Entre el vino, la literatura y la escena
El presente de Andrés Casciani lo encuentra en plena expansión: una muestra individual en una bodega del Valle de Uco, su colaboración con el teatro infantil, proyectos editoriales en marcha y el cruce interdisciplinario con lo audiovisual.
“Es un momento intenso y fértil, donde cada trabajo me lleva a otro y todo se conecta”, reconoce el artista en voz pausada mientras suma la docencia a sus actividades diarias.
A lo largo de la charla, el artista vuelve siempre al mismo punto: la certeza temprana de que dibujar era su destino. “A los nueve años quería ser Quino. Hoy sigo sintiendo lo mismo: dibujar o pintar es lo que soy, lo que me define y elijo”, dice.
Esa convicción se mezcla con gratitud hacia sus maestros y hacia el camino recorrido. “Siempre están presentes en mi manera de encarar los trabajos y en la forma de percibir el arte. Porque el arte es un misterio pero también es un oficio. Lo importante es seguir trazando, todos los días”.











