Entre los viñedos de Luján de Cuyo, una voz con acento colombiano resuena con fuerza propia en la industria vitivinícola argentina. Claudia Piedrahita no sólo trae consigo el aroma del café de su tierra natal, sino también una visión estratégica, humana y multicultural que ha sabido imprimirle a su recorrido profesional en el mundo del vino.
Claudia Piedrahita, o cómo liderar en el mundo del vino mendocino siendo mujer y extranjera
La colombiana es referente en la industria vitivinícola argentina. Desde la bodega Casarena cultiva el amor por el vino a partir de su vínculo con el café

A los 46 años, la colombiana Claudia Piedrahita lidera desde Mendoza una de las bodegas más importantes del país. Su pasión por el vino se dio hace 20 años cuando vino como turista.
Foto: Cristian Lozano /Diario UNOHoy, desde su rol en Casarena, una de las bodegas más prestigiosas del país, es parte de una generación de líderes que desafían el statu quo con sensibilidad y firmeza.
Instalada en Mendoza desde hace 20 años, Claudia combina su formación en comercio internacional con una pasión que la conecta con la tierra, los procesos y las personas. Su ingreso al mundo del vino no fue casual: fue amor a primera vista durante una visita a Mendoza que marcaría su futuro familiar y profesional.
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Desde entonces, su carrera creció en paralelo al desarrollo de proyectos enoturísticos, comerciales y sustentables, hasta consolidarse como una figura clave dentro del ecosistema vitivinícola de alta gama.
En un encuentro con Diario UNO, Claudia Piedrahita habla sin rodeos del contexto desafiante que vive el sector. La inestabilidad económica, la presión impositiva y la logística compleja son parte del escenario cotidiano. Sin embargo, resalta una fortaleza que considera muy argentina: la capacidad de adaptarse, de reinventarse frente a la crisis y de moverse rápido cuando otros en el mundo se paralizan.
Una mujer caribeña hace cumbre en el vino mendocino
Como mujer y extranjera, su recorrido no estuvo exento de obstáculos. Claudia reconoce que muchas veces es la única mujer en espacios de toma de decisiones, y que debió encontrar su propio estilo de liderazgo sin copiar modelos masculinos.
“Lo más difícil es construir una forma auténtica de liderar siendo mujer, sin que se note impostado ni forzado”, afirma con franqueza quien lidera la bodega Casarena desde hace casi 10 años.
También hay lugar para reflexiones más personales. Madre de tres hijos, casada con el mendocino Alejandro Zogbi y profundamente conectada con su identidad colombiana, Piedrahita se mueve con naturalidad entre culturas.
En su casa nunca falta el café de origen ni las conversaciones abiertas sobre los desafíos cotidianos. “Somos un clan”, dice con orgullo, al hablar de su familia y del equilibrio que intenta mantener entre la vida personal y profesional.
Y en paralelo al vino, el café aparece como un símbolo que une pasado y presente. “Hay algo mágico en el paralelismo entre café y vino: ambos son productos de la tierra, del trabajo humano, de los sentidos”, considera.
El poder de adaptación de los argentinos ante una crisis mundial
Con los pies bien plantados en la realidad y la cabeza abierta al mundo, Claudia Piedrahita representa una forma distinta de habitar la industria vitivinícola: más empática, más consciente, más genuina.
Lleva el café colombiano en el corazón y el vino argentino en la piel. Es una de las figuras más destacadas del equipo de Casarena, bodega referente del segmento de alta gama, y su trayectoria combina pasión, profesionalismo y una mirada tan estratégica como humana.
“El mundo está complicado”, afirma la CEO de Casarena Bodegas y Viñedos. Y no se refiere sólo a Argentina. Desde su posición de liderazgo en el área comercial y de relaciones institucionales, Piedrahita tiene una visión amplia de los desafíos globales en la industria vitivinícola.
“El comercio, los hábitos de consumo, las reglas de juego… todo está muy inestable. En Casarena estamos bien posicionados, pero no es fácil: hay algo de agridulce en este contexto”, admite.
En medio de la incertidumbre, Claudia destaca una ventaja competitiva singular: la capacidad argentina de adaptarse. “Nos hemos entrenado para leer el contexto y reaccionar rápido. Hay mucha creatividad, mucha flexibilidad mental”, sostiene.
Esa gimnasia constante contrasta con lo que observa en otros mercados: “Los socios y clientes del exterior muchas veces se paralizan, y los argentinos ya estamos en movimiento”.
El trabajo colaborativo para reposicionar el vino argentino
Piedrahita no escapa a los temas estructurales que afectan al sector vitivinícola: la carga impositiva, los altos costos logísticos, la falta de infraestructura. Pero pone el foco en el trabajo colectivo para reposicionar al vino argentino en el mundo.
Desde su rol, ha sido parte de iniciativas de sustentabilidad y tecnología. “Muchas bodegas han avanzado con convicción en el cuidado del entorno. Hay una conexión real con el ecosistema. No es sólo una cuestión de marketing”, considera.
Doble desafío: mujer y extranjera en el mundo del vino
Ser mujer y colombiana en una industria dominada por hombres y fuertemente localista no ha sido un camino sencillo. “Si fuera italiana o francesa, quizás sería más fácil”, lanza entre risas.
Sin embargo, no victimiza su experiencia: “En muchos lugares ser mujer me abrió puertas. En Europa o en Estados Unidos hay interés genuino por nuestra mirada. Pero sí, en reuniones de gestión sigo siendo, muchas veces, la única mujer en la mesa”.
Claudia admite que al principio intentó “copiar comportamientos masculinos para encajar”. Pero pronto comprendió que el verdadero desafío era otro: “Lo más difícil es encontrar un estilo de liderazgo propio, que te quede cómodo siendo mujer. Si no es auténtico, no se sostiene en el tiempo, todo se desmorona”.
Reconoce avances en la industria, y también en las personas. “Veo hombres incorporando aspectos más blandos y mujeres que se sienten cómodas y altamente capacitadas liderando desde otro lugar más técnico. Es un proceso. Lo importante es conocerse, trabajar sobre uno mismo y consolidarse en su rol”, opina.
Raíces de café que se expanden en el vino
Colombiana de origen, Claudia se fue muy joven de su país. Terminó su carrera en Ciudad de México, donde comenzó su camino profesional, hasta que el amor la llevó a Mendoza. “No llegué a ejercer en Colombia. Mi carrera se desarrolló casi toda acá. Me costó adaptarme, al principio las entrevistas de trabajo eran frustrantes. Pero Mendoza me abrazó. Hoy me siento una más”.
En la vida cotidiana, el cruce de culturas es una constante. “Mi marido es mendocino y ha abrazado mi cultura con naturalidad. En casa no falta café colombiano, y yo ya entendí el humor argentino, el tono de voz fuerte, el lenguaje corporal. Al principio me resultaba violento, hoy me hace reír”, manifiesta.
A los 46 años, madre de tres adolescentes, la líder de Casarena -que antes trabajó en otras bodegas como Zuccardi y en el área de marketing del Park Hyatt Mendoza- reconoce que equilibrar la vida familiar con una carrera exigente es todo un reto.
El vino y el café: dos mundos con aroma de mujer
Para Piedrahita, hay un hilo invisible que conecta su origen cafetero con su presente vitivinícola.
“El café, como el vino, es vehículo cultural, expresión de identidad, resultado de un trabajo artesanal. Me encantaría involucrarme más en ese cruce entre enólogos y caficultores. Hay paralelismos increíbles en los procesos, los aromas, la degustación”, expresa la mujer que, en una especie de simbiosis, se enamoró del vino cuando el amor de su vida la llevó a visitar como turista una bodega.
"Recuerdo cuando vine a conocer Mendoza por primera vez, para conocer a la familia de quien iba a ser mi esposo y todo eso, me invitaron a visitar una bodega muy tradicional; y recuerdo ese día intacto, todo lo que recorrimos, recuerdo lo que probábamos, toda esa conexión con el lugar, con la tierra, con la cultura, todo lo que generó dentro mío, la verdad que me encantó", relata Piedrahita.
Y aquel "flechazo" la llevó inmediatamente a ponerse una meta. "Al tiempo nos vinimos a vivir a Mendoza y me dije: ‘Yo quiero trabajar en una bodega, las bodegas y yo somos el uno para el otro’. Me costó mucho. Después de 10 años se dio la oportunidad"".
Con los pies bien plantados en Mendoza y la mirada siempre puesta en el futuro, Claudia Piedrahita representa una nueva forma de hacer en la industria vitivinícola: más diversa, más empática, más conectada con el mundo real. Como ella misma dice: “El trabajo no es sólo sustento, es una forma de vida, de crecer como persona. Y el liderazgo, para ser genuino, tiene que nacer desde adentro”.