Entre los tantos ecos que se desprenden de la tragedia de Horcones, en la cual 19 personas perdieron la vida, uno de los que ameritan mayor atención es la alta velocidad que desarrollan los micros de media y larga distancia.
Este lunes, en las líneas públicas de radio Nihuil, se multiplicaron las quejas de habituales pasajeros denunciando a conductores irresponsables, unidades viejas e inseguras y la proliferación de vehículos ilegales que funcionan como remises.
A pesar de la moderna tecnología existente para monitorear colectivos como el que protagonizó el accidente en alta montaña, rara vez se esclarece con precisión qué falló o qué irregularidades cometieron en un periplo fatal.
En este caso ni siquiera hacía falta un control externo para llamar la atención del conductor. Desde el reclamo puntual de algunos pasajeros hasta el pedido expreso de su compañero, las señales de alerta habían sido dadas con claridad.
Sin embargo, siguió conduciendo a 100km/h donde no se podía circular a más de 40.
Se supone que, independientemente de si falló un control externo que advirtiera el despropósito de circular a esa velocidad en un camino de montaña, un profesional del volante debe respetar por regla las más elementales normas de tránsito.
Cuando ocurren accidentes de esta magnitud, lógicamente el reclamo se eleva a los organismos de control que son los que deben constatar si los choferes cumplieron con sus horas de descanso, si no están alcoholizados o consumieron sustancias prohibidas y si las unidades están en condiciones de realizar el viaje.
La Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) es el organismo que tiene en su amplísimo radar todo el movimiento de los colectivos en territorio nacional.
Su tarea de controlarlos es indelegable, pero está claro que no alcanza si quien tiene la responsabilidad de trasladar a un gran número de personas no cumple con profesionalismo. Sobre todo, en casos como el del chofer de Tur-Bus, que lo hacía en una zona de montaña que amerita un cuidado mayor.
Las denuncias de los usuarios, amplificadas en estos días por el accidente de Horcones, deberían ser escuchadas. De ser tomados en cuenta, esos llamados de atención impedirían que lamentemos nuevas tragedias.
Las denuncias de los usuarios, amplificadas ahora por el accidente de Horcones, deberían ser escuchadas.
Tragedia en Mendoza: control y descontrol en Alta Montaña

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