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Una nota periodística alarmó a los militares de la dictadura. Se titulaba "La democracia del agua".

La democracia del agua

Durante la última dictadura una nota publicada en un diario porteño sobre generó un revuelo fenomenal en el gobierno.

Eran épocas de una fuerte censura y el título de la nota de investigación erizó la epidermis de los militares.

"La democracia del agua" se titulaba el artículo de Clarín que hacía referencia a cómo en un país donde las prácticas de libertades políticas estaban congeladas, en Mendoza seguían vigentes en una actividad vital para la provincia: la administración del recurso hídrico.

La nota mostraba cómo era el entramado legal y práctico que permitía que una provincia desértica -como Mendoza- hubiese desarrollado unos estupendos oasis productivos y de habitabilidad tanto en el Norte como en el Centro y el Sur mendocino.

Explicaba además esa publicación qué era ese organismo llamado Irrigación y cómo los regantes elegían sus propias autoridades de cauces sin que ningún uniformado les viniese a marcar quién debía ser el responsable de repartir el agua.

En Mendoza, entonces, se seguía votando en todos sus departamentos mientras que en el resto del país las urnas estaban "bien guardadas".

Detrás de esa historia había una centenaria y progresista Ley de Aguas, votada en 1884, que había permitido que crecieran así la riqueza y las posibilidades de expansión para la vida humana y el agro.

Durante mucho tiempo a quien estuviera al frente de Irrigación se le llamaba "el gobernador del agua", con lo cual se le daba una jerarquía acorde a la tarea que significaba aprovechar debidamente el recurso hídrico.

Eso llegó a molestar a algunos gobernadores, que se sentían incómodos cuando escuchaban tal calificación y pidieron que no se repitiera, por entender que los descalificaba.

Es bueno recordar estas cosas cuando, como ahora, estamos en proceso de cambio de autoridades de Irrigación.

Tan sabios fueron los inicios de esa entidad que el superintendente de Irrigación tiene que cumplir su mandato desde la mitad del mandato de un gobernador y concluirlo a la mitad del mandato del siguiente a fin de que su gestión esté marcada por una política de carácter técnico y no por roscas partidarias.

Que Mendoza, entonces, cuide a Irrigación.

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