Será el factor clave de la economía de este año. La inflación, bendita palabra que hace años venimos escuchando y padeciendo los argentinos. Primero con un gobierno (el K) que la estimuló y ahora con otro (el Pro) que la quiere bajar pero hasta ahora es poco lo que ha logrado en esta materia.
No habrá buenas noticias en este ítem, al menos en los siguientes tres meses. En febrero los precios han tenido un alza respecto a enero, especialmente por la incidencia del ajuste de tarifas. Como siempre ocurre en este país, todo se ajustará por el lado de los precios y terminará impactando en el bolsillo de todos.
Desde noviembre el índice viene mostrando un ritmo de entre 1,2 y 1,3 por ciento mensual, números que no son del agrado del gobierno. El dólar, otra obsesión argentina, también juega un papel fundamental. Mientras hay sectores que ya ven su actual cotización como baja, hay otros que prefieren tenerlo con la soga al cuello como hasta ahora para que no suba y, como es también costumbre argentina, eso se traslade a los precios. Es tal vez esta la razón del gobierno para mantener quieto al billete verde. Con el índice actual de inflación en medio de los ajustes de inicio de año de tarifas, no sería soportable para la pauta inflacionaria marcada para este año una suba del dólar. Las previsiones explotarían por el aire, y con ellas las paritarias por debajo del 20% que es la meta del gobierno.
En este país los años de elecciones, como las legislativas de este año, la economía suele repuntar, y es en lo que coinciden muchos economistas, que los números de la macroeconomía mejorarán. Sin embargo, este progreso debe ser acompañado por la economía de bolsillo, es decir, que baje sensiblemente la inflación, que el sueldo recupere poder adquisitivo para que se vuelque en consumo y así poder respirar de dos grandes problemas de los últimos tiempos: demasiada inflación y escasos pesos para gastar. Ojalá este 2017 sea el año en que dejemos de hablar un poco de economía. Será una señal de que mejoró.
