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La reunión entre Macri y Temer abrió un camino a una etapa de mayor apertura al mundo y de búsqueda de inversiones extranjeras.

Nuevo rumbo para la relación entre Argentina y Brasil

Hace algunas semanas tuvo lugar una reunión entre el flamante presidente de Brasil, Michel Temer, y Mauricio Macri. Si bien en términos formales se buscó poner de relieve la relación comercial entre Brasil y Argentina, con especial foco en el Mercosur, de manera simbólica se abrió camino a una etapa de mayor apertura al mundo, corrección de desequilibrios y una creciente búsqueda de inversiones extranjeras.

Como en muchos otros momentos de la historia, la actualidad de ambos países los coloca en situaciones económicas parecidas. Según un trabajo de Ecolatina, tras un extenso período bajo un mismo ciclo político, recientemente ambos países han renovado sus presidentes (en el caso de Brasil, el cambio no estuvo exento de controversias, ya que Temer formaba parte del mismo gobierno que remplazó), los cuales comparten el objetivo de corregir los desequilibrios existentes para volver a colocar a las economías en un sendero de crecimiento sostenido, del que estuvieron fuera en los últimos años.

En lo que respecta a Brasil, el deterioro del resultado fiscal, la aceleración de la inflación, el atraso del tipo de cambio, la profundización de déficit de cuenta corriente y la creciente dependencia del ingreso de capitales, sumado a un frente internacional más adverso, se tradujeron en un deterioro progresivo de la actividad: tras el estancamiento en 2014 y la contracción del 3,8% del PBI en 2015, en el primer semestre de este año la actividad acumula una caída promedio del 4,6% interanual.

A eso se suma la aparición de un dato que volvió a preocupar a quienes afirman que la economía en el vecino país "ya tocó fondo" y se apresta a generar un vigoroso rebote, luego de la recesión más profunda y larga de su historia.

En agosto, la producción industrial brasileña cayó tanto como lo que había logrado mejorar muy lentamente los cinco meses anteriores.

Se trata del mayor retroceso en un mes del sector fabril en el vecino país desde hace cuatro años y medio, nada menos: la producción industrial se encuentra ahora en los niveles que tenía en 2004.

Por su parte, en los últimos cuatro años la actividad de Argentina también se estancó y los desafíos económicos del gobierno actual son ya de conocimiento público: reducir la inflación, corregir precios relativos, recomponer el resultado fiscal, además de revertir los problemas de descapitalización productiva y fragilidad social heredados del deterioro de la inversión de los últimos años.

Más allá del paralelismo entre ambos países, el escenario actual toma relevancia por la fuerte correlación entre las economías, y si bien los canales de interrelación van en ambas direcciones (lo que ocurre en el país vecino tiene impacto sobre la actividad local, y viceversa), desde el plano estrictamente comercial Argentina tiene una mayor dependencia de lo que sucede en Brasil. Bajo este marco, analizar la dinámica del flujo bilateral de los últimos años no sólo resalta la importancia de la coyuntura actual del país vecino, sino también la importancia de su recuperación a la que apuesta el nuevo gobierno.

Luego de varios años en que nuestro país perdiera terreno dentro del comercio de Brasil, en lo que va de 2016 la participación de las exportaciones argentinas en el país vecino, aunque en el margen, volvió a aumentar.

De cualquier manera, la relación bilateral está lejos de ser lo suficientemente dinámica como para generar beneficios mutuos. La evidencia de este año muestra que, pese a la mejora de la competitividad cambiaria, la crisis de Brasil sigue impactando con mayor fuerza sobre nuestras ventas. Este fenómeno resalta la importancia de la situación económica de nuestro principal socio comercial y como su recuperación se vuelve una variable clave para definir las posibilidades locales de crecimiento.

¿Qué cara de Brasil será la que termine por imponerse el año próximo? ¿La de la recuperación y el optimismo que por el momento muestra la Bolsa o la de los datos preocupantes del lado del empleo y la economía real?

Por el lado argentino, los interrogantes no son menos inquietantes. ¿Y el segundo semestre? ¿Y los brotes verdes de la reactivación? Gasto público, salarios, inflación, tarifas y consumo en alza, tipo de cambio atrasado e inversión insuficiente. Aquí también nos debatimos entre nuestras dos caras.

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