Una vendimia 2026 con bodegas dispuestas a recortar compra de uva, por un lado. Por otro, la chance para la exportación del vino argentino si se concreta la amenaza de Donald Trump de elevar aranceles a España, competidor directo.
Fue parte de lo que dejó el Agasajo Vendimial organizado por Bodegas de Argentina, que integra la agenda político-económica de la Fiesta de la Vendimia, más allá de los discursos de su presidente, Walter Bressia, y del gobernador Alfredo Cornejo.
Debajo del escenario, las charlas entre dueños y ejecutivos eran recurrentes: cómo bajar costos para ser más competitivos, y sobrellevar una cosecha que promete casi 18 millones de quintales con stocks de vino sobrados, o en el mejor caso, al límite.
Estrategias para capear lo que Bressia definio como "una tormenta perfecta" para la industria vitivinícola esta temporada.
"Es una cosecha desafiante por el clima, pero dentro del promedio. Les compramos a más de 100 productores, en algunas fincas más kilos y en otras menos, con lo cual terminamos compensando" señaló Santiago Ribisich, CEO de Bodegas Rutini.
Comprar menos uva ¿estrategia u obligación?
Lo cierto es que por las condiciones del mercado, esta cosecha ya cuenta con 25% menos bodegas que elaboran comparadas con las del año pasado. Y entre las que elaboran su vino nuevo, la estrategia es ajustar para maximizar su rentabilidad.
Aunque algunos productores habían anticipado que se discontinuaba la compra de uva, para Marcos Jofré, de Trivento "hubo una complicación estacional con volúmenes que pensábamos mover", además de "una decisión estratégica acerca de dónde y qué comprar, como todos los años".
De todo lo que elabora, la bodega que integra el holding chileno Concha y Toro cuenta con 70% de producción propia. Y tiene una relación con productores de hasta 30 años, justo la edad que la bodega cumple en este 2026.
"Hay ajustes que son propios del mercado, pero dentro de lo normal" añadió el CEO de Trivento, que cosechará y vinificará unos 700 mil kilos menos que durante la vendimia pasada, frente a lo que definió como "reacomodamiento de stocks".
Entre stocks "calzados" y la caída del consumo
Aunque la discusión sobre los excedentes de vino persiste, algunas bodegas encararon la temporada con un un plan: ajustar volúmenes al mercado interno, como es el caso de Nieto Senetiner, que elaborará este año entre 10 y 12 millones de kilos.
De acuerdo al gerente de producción de la firma, Roberto González "a diferencia de otras bodegas sobreestockeadas, vamos a hacer la misma cosecha que el 2025 porque fuimos previendo la evolución de la demanda para alinear stocks internos".
El riesgo de sobreestock o excedentes es claro: la falta de capacidad impide ingresar más uva, y también suma el componente financiero, esto es, asumir un capital a crédito con tasas elevadas.
"Hay dos crisis: de consumo y de rentabilidad de bodegas, en un mundo donde sobra vino. Se asemeja mucho a la crisis del '80, cuando la demanda per cápita cayó de 90 litros a 60, con un cambio de modelo de vinos masivos", añadió González.
El caso Bianchi: cómo impacta la crisis en la vendimia
Pero también situaciones agudizan el cuadro. En medio de su propia crisis de la que busca salir a través de una negociación con sus acreedores por una deuda millonaria, bodega Bianchi avanza igual con una cosecha que la obliga a tomar decisiones.
Para el responsable de la elaboración de los vinos de la bodega sanrafaelina, Silvio Alberto "claramente, la profunda caída del consumo de vino influye en la decisión de elaborar o no. Las existencias son elevadas y las ventas no se recuperan".
El contexto de una inflación de entre 2 y 3% mensual también cambió el paradigma. Cadenas y distribuidores pasaron de acopiar vino como capital ante la suba permanente de precios, a dejar de hacerlo y decidir compras al día.
"Si bien creo que falla la comunicación del vino, también están los ingresos. Si la gente no tiene recursos suficientes entre comprar vino y comida obviamente se inclinará por comida. Por eso tenemos una tormenta perfecta y hay que cruzar el río".
Por eso, según Alberto, "la bodega lleva tres años trabajando en la eficiencia de los procesos, más allá de la calidad. Pero ante este cuadro vamos a elaborar unos 4 millones de kilos menos de uva".
Trump, España y el vino argentino
Mientras tanto, la industria vitivinícola no es ajena a lo que pasa a nivel mundial. Y en pleno conflicto bélico de Medio Oriente, Estados Unidos juega sus fichas a nivel comercial, con amenazas de suba de aranceles a España por falta de colaboración.
"Es un mundo en permanente transformación dentro de un contexto geopolítico complejo. Eso obvio pega en el consumo y el comercio internacional y nosotros siempre estamos agazapados para aprovechar una oportunidad", señaló Ribisich.
Desde Rutini admiten que, como ocurrió con Canadá en el 2025, lo de España, si se concreta, puede abrir otra puerta, aunque según Ribisich "hay que esperar a ver cómo se reconfigura todo. Estamos muy atentos, nos obliga a ser optimistas".
González, en cambio, lo toma con pinzas. "Una cosa es lo que dice Trump y lo que finalmente hace. Un día amenaza con subir a 25% los aranceles y al otro día los baja. Los europeos, igual que Chile, buscan nuestros mismos clientes, como Brasil, Perú".





