Las peores cifras de la pandemia aún no han llegado, reconocen los especialistas, y todavía falta que las enfermedades estacionales produzcan el impacto típico del invierno.
Las autoridades sostienen que como la cuarentena ha logrado que sean necesarios catorce días para duplicar la cantidad de casos en el país, el pico recién asomaría en junio. "El problema está muy lejos de terminar", dijo Alberto Fernández.
Sin embargo, se advierte en las calles un relajamiento de la cuarentena, algo que también ha observado el Presidente con preocupación. El encierro prolongado, y quizás la impresión de que después de tanta alarma aquí el nivel de víctimas es infinitamente menor que en aquellos países donde los muertos se cuentan por miles, esté llevando a parte de la población a bajar la guardia.
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Se hace necesario distinguir entre la flexibilización administrada de determinadas actividades que, por sus características, la posibilidad de activarse no entrañaría mayores peligros de contagio, y lo que implica transgredir la norma, algo nada extraño en las costumbres argentinas.
Si se adoptaran conductas preventivas -en teoría de no tan difícil aplicación-, como el distanciamiento del otro, higiene constante de manos, desinfección de superficies, mascarillas de protección, y estrictos protocolos específicos, podría pensarse en un plan de apertura a muchas más actividades que las hasta ahora comprendidas en el listado de excepciones.
Así, podrían dejarse para la última etapa las clases presenciales y todo lo que implique la concentración de personas.
Planificar un calendario escalonado ofrecería un horizonte de normalización de la actividad económica sin descuidar los aspectos sanitarios que siguen siendo una lógica prioridad de Estado.
Pero sería necesario establecer campañas agresivas de educación para la nueva realidad y, sobre todo, mucha conducta. El relativo éxito en la lucha contra la pandemia en Alemania radica en la infraestructura que posee, el adecuado diseño de una política para la emergencia y, fundamentalmente, en el comportamiento de la población, con pautas culturales distantes de las nuestras.
El gobernador Rodolfo Suarez, que ha acompañado celosamente las decisiones presidenciales en materia de salud, viene trabajando en los rubros y sectores que podrían reactivarse, siempre condicionados al distanciamiento personal. Suarez cuenta con el aval que el ejecutivo nacional ha dado a los gobernadores y con los reflejos acordes a la situación que le han permitido a Mendoza estar varios pasos adelante que la Nación en la lucha contra la pandemia.
La economía en terapia intensiva
El 80 por ciento de las empresas está pidiendo el socorro del Estado por la parálisis, porque no alcanza con la actitud de resiliencia que muchas están mostrando. El gobierno central ya ha dispuesto los recursos para ayudar con el pago de salarios, y un fondo para financiar a las provincias. También se está pensando en extender otro mes la ayuda de la ANSES de diez mil pesos, u otros beneficios para llegar a los sectores más vulnerables, mientras sigue vigente la promesa para los monotributistas que quedaron afuera. Pero hay miles de empresas pequeñas y medianas endebles que no tienen en claro cómo afrontarán sus salarios de abril.
La coparticipación ha caído a la mitad, cuenta el ministro Lisandro Nieri. La recaudación de los tributos provinciales ya en marzo fue 30 por ciento menor interanual en términos nominales. El gobierno de Suarez se aferra al compromiso de Fernández de que llegarán los fondos para mantener a todas las provincias a flote. Llegar a la cuasimoneda sería la última instancia, una mala solución, reconoce el ministro que debe administrar las finanzas.
El déficit fiscal es lo último que importa ante las urgencias del momento. Pero la emisión monetaria es pan para hoy y una bomba de tiempo para mañana. La inflación de marzo del 3.3 por ciento avisó que los precios seguirán aumentando pese a la depresión.
El Fondo Monetario ha pronosticado una caída del PBI del 5,7 por ciento por efecto del aislamiento, lo que se suma a los problemas estructurales. Otro indicador más de que el Presidente, por más cómodo que se sienta rodeado de epidemiólogos, y con los respaldos obtenidos para llevar adelante la lucha contra "el enemigo silencioso", debería ir pensando en un consejo consultivo político y económico.
Una apertura al diálogo con los sectores y con la oposición no implica delegar facultades ni resignar pedazos del poder acumulado a fuerza de las emergencias económica, primero, y sanitaria después. Significaría convicción democrática, más en momentos donde hace falta la concurrencia del conjunto, para afrontar las dificultades presentes y futuras. Un antecedente valioso fue la experiencia de Eduardo Duhalde que, para enfrentar la grave crisis de entonces, se abrió a todo el aporte que le pudo brindar Raúl Alfonsín.
La foto del Presidente con los gobernadores de todos los colores políticos al presentar la oferta de reestructuración de la deuda es una fortaleza a la hora de mostrar al país ante el mundo financiero y una buena base para arrancar las negociaciones con los tenedores de bonos. La UCR, con la firma de Alfredo Cornejo, también ha sumado su beneplácito por la propuesta de reestructuración. "Están dadas las condiciones necesarias para un arreglo favorable para Argentina", señala el comunicado.
En contraste, la injustificada parálisis del Congreso, sumada la inactividad del Poder Judicial, muestra una carencia evidente de institucionalidad de quienes ejercen las máximas responsibilidades de los poderes de la Nación.
En sentido contrario, otra vez Mendoza da la nota positiva por su funcionamiento institucional, con una Legislatura que ha podido sancionar leyes sesionando en forma remota, lo que será emulado por varias provincias.
La Cámara de Diputados de la Nación al menos ha dado señales de algunos contactos en comisiones, aunque sea para avanzar en el proyecto de Máximo Kirchner de gravar a la riqueza. Sin embargo, el Senado sigue clausurado en estas circunstancias de emergencia. La única premura que parece animar a su presidenta, Cristina Fernández, es dar sanción a la ley que bajo su inspiración busca gravar a las grandes fortunas.
Está claro que no son los principios republicanos lo que desvela a parte de la dirigencia política. Y ese es uno de los problemas de fondo que padeceremos también el día después.
