El Banco Mundial se involucró en la polémica por Vicentin y por sus números. Un pool de bancos internacionales, a través de la institución, decidió golpear las puertas de la Justicia de Estados Unidos para acercarse más a las cifras contables.
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Un juzgado de Nueva York, a pedido de un grupo de bancos internacionales, inició un procedimiento que en aquellos tribunales se conoce como discovery process. En esa causa el juez está habilitado para pedir toda la información necesaria en forma previa a un eventual juicio.
Los requerimientos llegaron a Vicentin para que adjunte todos los asientos contables y bancarios que ayuden a trazar la ruta de los créditos. La cerealera, que podría haber opuesto alguna excepción o planteado alguna defensa, decidió entregar cada uno de los documentos requeridos.
Si bien es verdad que el Banco Nación es el principal acreedor individual ($ 18.182 millones), lo real es que los bancos internacionales suman mucho más dinero en conjunto.
La existencia de la presentación tiene una particularidad. Dentro del comité de bancos está el Banco Mundial, con su Corporación Financiera Internacional, el brazo de la entidad encargado de prestar al sector privado, y el Nederlandse Financierins FMO, un banco de fomento holandés. Además, con menos exposición, también se suman a este consorcio ING Bank , Rabobank y los franceses Natixis y Credit Agricole.
Mientras la entidad estatal podría verificar un crédito de $18.182 millones, los internacionales irían con una acreencia de, al menos, $33.137 millones.
El proceso en Nueva York, justamente, no pasa desapercibido. La sola intervención de la Corporación Financiera Internacional, con el Banco Mundial por detrás y con una deuda para cobrar de $16.504 millones, le da un tinte especial. En algunos despachos neoyorquinos unen este proceso de estatización con el canje de deuda.
En el Gobierno conocen la existencia de aquel proceso. En Vicentin, la decisión fue someterse a la jurisdicción de Estados Unidos, será una oportunidad para aportar datos que aclararen las acusaciones de lavado de dinero y vaciamiento. Confían en que la frialdad de los números le discuta mano a mano a la ideología. Pero claro, hay algunas palabras que dejan intranquilos a muchos. Por lo bajo se escucha el vocablo Nassau, la capital de las Bahamas, un paraíso fiscal.
Fuente: La Nación
