Aviones en vuelos rasantes son parte de la cotidianidad en estos días en algunas áreas de Mendoza. Es que comenzó la campaña de pulverización aérea para controlar la plaga de la polilla de la vid (lobesia botrana). Tres aviones de Aerotec, la empresa rivadaviense de la familia Cardama, es la que ejecuta el operativo, a razón de 4.000 hectáreas por día.

Guillermo Azin, coordinador del programa de control y erradicación de lobesia botrana, del ISCAMEN, contó que “la pulverización aérea de insecticidas es una de las herramientas de control que usa el programa para reducir las poblaciones de la plaga” y aclaró que es solo una de las etapas.

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La primera etapa “fue la de colocación de difusores de feromona, que controla la plaga con la técnica de confusión sexual”.

Azin explicó que, desde hace unos 10 años, se hace un relevamiento permanente de la plaga en todo el territorio mendocino. Esto permite tener perfectamente identificadas los sectores donde aún está activa y en donde está controlada. “En función de este monitoreo, vamos ajustando la estrategia de control para cada área de la provincia”, dijo.

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“La distribución es heterogénea. Hay mayor cantidad en los oasis Norte y Este, pero allí también hay sectores libres de plaga”, explicó. Entonces, el trabajo es sobre los sectores específicos.

“Actualmente estamos haciendo unas 1.000 detecciones por campaña. Pero, hace 4 campañas atrás cuando empezamos los operativos, era mucho mayor y rondaba las 6.000 detecciones. Esto indica que las campañas son efectivas”, contó.

La primera etapa de este año, la aplicación de feromonas, fue en septiembre y abarcó 18.000 hectáreas.

La campaña aérea de aplicación de insecticidas que se realiza en estos días, abarca 42.000 hectáreas muy seleccionadas, donde no están incluidas las que están libres de la plaga pero, además, que no están cercas de lugares poblados, escuelas, hospitales, cursos y fuentes de agua y cultivos orgánicos.

Avión de Aerotec pulverizando viñedos

Luego, en noviembre, habrá una tercera etapa, que es la pulverización por áreas de feromonas, para evitar la cópula de la plaga. El ingeniero agrónomo remarcó que, en definitiva, el éxito de la erradicación de la plaga, dependen “del grado de involucramiento de los productores. Esto es clave para que el programa pueda seguir avanzando y lograr el control y la erradicación. Si el productor se desentiende, la plaga avanza”.

Desde el aire

Aerotec, la compañía de la familia Cardama, es la que realiza la aplicación aérea. Ya tiene varias campañas de experiencia y es reconocida por su gran eficiencia y capacidad operativa.

En estos días tres aviones, dos Thrush 501 y un Air Tractor 502, están sobrevolando los cultivos mendocinos aplicando insecticidas específicos, registrados y autorizados por Senasa, amigables con el medio ambiente y de la categoría toxicológica Clase 4 (banda verde).

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Las aeronaves son aviones agrícolas de última generación, diseñados especialmente para tareas agrícolas y lucha contra incendios.

“Tienen una misma capacidad de carga de 2.000 kilos, son turbohélice, mucho más seguros y eficientes en cuanto a la huella de carbono, es decir en la cantidad de combustible fósil quemado por hectárea. Es lo más eficiente que hay en el mercado y con los tres aviones estamos aplicando en más de 4.000 hectáreas por día”, dijo José Cardama, responsable del operativo.

Por cada aplicación, cada avión vuela entre una hora y una hora y media, de acuerdo al área designada, y aplica sobre una superficie que ronda las 200 y las 280 hectáreas. Finalizada la aplicación, regresa al aeródromo de Aerotec donde, entre 6 y 8 minutos, es recargado y vuelve a despegar.

Cuatro pilotos (uno de backup), 8 personas en tierra para el reaprovisionamiento y todo el personal técnico y mecánico de Aerotec en los hangares de la compañía, forman el equipo que lleva adelante la campaña.

“Toda la campaña se hace desde la pista de Aerotec, porque hoy es el único aeródromo que cuenta con las condiciones de seguridad para poder operar haciendo esto. Tenemos una planta de preparación del caldo y de carga con todas las condiciones de seguridad que se requiere y un procedimiento de carga del avión con recuperación del agua que le da mayor eficiencia al manejo del agua que utilizamos”, dijo José Cardama.

Cada aeronave tiene un GPS que permite a los organismos del Estado controlar dónde está en tiempo real y si está aplicando el insecticida. “Eso nos da una gran tranquilidad, porque certifica la eficiencia con total transparencia”, indicó Cardama.