Era evitable. No fue un accidente. Fue un incidente. No hubo imprevistos. Se incumplieron protocolos, se transgredieron normas y por eso murieron 19 personas, entre ellas un bebé de 11 meses y un niño de dos años. Además 22 quedaron heridas, algunas con secuelas terribles y decenas de parientes comenzarán a padecer durísimas historias que los marcarán de por vida, al igual que los sobrevivientes que tuvieron heridas menores.
Se veía venir. La desesperación inédita por ir a Chile a combinar vacaciones y compras produjo el colapso del corredor internacional que, durante décadas, apenas ha tenido mantenimiento y alguna mejora que no alcanzan a cubrir la demanda actual de esta ruta.
El mal funcionamiento de las aduanas no son un tema menor ni nuevo. Los responsables de ambos lados de la cordillera llevan años sin encontrar la forma de agilizar los trámites. Los funcionarios mienten con supuestas mejoras que no son más que parches y cada año vaticinan reducciones en los tiempos que nunca se cumplen, es más, se multiplican. ¡No es posible que los viajeros demoren más en pasar la aduana que en todo el viaje! Hay personas que han estado 10 horas en Horcones o Libertadores cuando el recorrido completo, respetando las velocidades máximas, entre Mendoza y Viña del Mar se hace en seis horas o menos.
No debería ser así, pero las demoras en aduana alientan las imprudencias. Lo dijo el procurador Alejandro Gullé: hay una suerte de carreras por llegar antes para evitar pasar horas y horas esperando un trámite. Repito, nada justifica las maniobras arriesgadas ni las transgresiones viales, pero lo cierto es que ocurren.
Viajé a Chile durante enero y las demoras en Horcones hicieron que me sorprendiera la noche en buena parte del regreso. Bastante cansado y armado de paciencia no veía la hora de llegar al empalme con el Acceso Sur. La ruta -se sabe y es lógico- no está iluminada. Por eso debería estar mejor señalizada, sobre todo para los inexpertos. Hay tramos que son una verdadera incógnita, faltan pinturas refractantes y carteles en sectores claves del camino.
Y principalmente, falta control. No hay controles de velocidad (este viernes después de años la Provincia recuperó dos) hay pocos operativos policiales y días en los que directamente no existen. El patrullaje de Gendarmería es ineficaz. Los preventores no previenen (ni de Luján ni de Las Heras). ¡No hay controles de alcoholemia! y eso que el presidente de Aprocam, Guido Calzetti aseguró que hace años que se reclaman al Estado debido a que hay muchos choferes (aseguró que eran de Chile, Paraguay y Brasil) que se suben alcoholizados a sus vehículos cuando deben esperar que se abra el paso después de muchos días.
Las transgresiones en el corredor bioceánico son comunes, se ven todo el tiempo, se filman con los celulares (no debería hacerse, pues es otra imprudencia) o cámaras fijas en los parabrisas de los autos y se suben a internet. Se ven cosas terribles de conductores de autos, camiones y micros. Pero no hay a quién avisarle en el momento. No existe un número confiable ni efectivo para estas denuncias.
Tampoco hay infraestructura para atender siniestros de la magnitud de Turbus. Las ambulancias eran las que habían -por suerte actuaron rapidísimo-, el personal médico y paramédico no daba abasto. En el hospital de Uspallata no se puede atender ni un caso de código rojo. Y todavía muchos discuten si se tendría que haber usado o no el helicóptero de montaña que costó 10 millones de dólares.
Este fin de semana extra largo habrá una prueba más. El tránsito a Chile por el corredor internacional será numeroso por los feriados de carnaval. Las autoridades ya anticiparon que no habrá más controles que los habituales para estas fechas -uno no sabe cómo interpretar esto-. Las aduanas y la infraestructura seguirán iguales. Para colmo se prevén lluvias en Uspallata.
Por eso será muy importante -este fin de semana y siempre- que cada uno haga lo que corresponde tras el volante y no intente cosas que le causen daño o dañen a los demás. Porque después es tarde para lamentaciones.
El autor es jefe de Noticias en Diario UNO
Twitter: @gzlponce
Hubo un cóctel explosivo de errores. Se mezcló la falta de respeto a las normas viales, las eternas demoras en la aduana, la mala infraestructura y la escasez de los controles. El resultado fue la peor tragedia vial en Mendoza.
Turbus, un episodio evitable que da bronca y tristeza por donde se lo mire

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