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Un mendocino suelto en Neuquén

A fines de 2007, Nicolás Navío dejó su Mendoza natal para sumarse a un naciente proyecto en Patagonia junto a Mariano Di Paola. Cómo fue su adaptación y la llegada a un nuevo terroir. Su amor por el Merlot y la búsqueda de identidad patagónica.

“Estaba trabajando en Francia por la temporada, como sabía que tenía fecha de vuelta, tenía que empezar a buscar trabajo en Argentina. Ahí le escribí a Mariano Di Paola, pero nunca me respondió”. Nicolás Navío trabajó con el reconocido enólogo en La Rural en 2005, mientras estudiaba. “Estaba en la parte técnica, era operario y no tenía mucho contacto con él, lo veía pasar una vez cada tanto y lo bombardeaba a preguntas, él se mataba de risa”, recuerda Nicolás.

A fines de 2007, Mariano respondió ese mail contándole de un proyecto nuevo en el Sur, más específicamente en San Patricio del Chañar, Neuquén, y que si le interesaba lo fuera a ver cuando regrese al país. Nicolás no conocía nada de la región y su intención era “hacer curriculum” porque iba a trabajar directamente con Di Paola: “Iba a tener la posibilidad de aprender y estar justo debajo de Mariano”. Así fue su llegada a Bodega Patritti, el proyecto que nació a fines de ese año.

“Estaba recién recibido y no tenía mucha experiencia, pensaba en estar dos o tres años y volverme a Mendoza”, recuerda Navío, quien jamás hubiese sospechado que esos 24 o 36 meses se convertirían en trece años… y contando.

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¿Y qué pasó que te quedaste?

Me enamoré del lugar. Me encanta lo que hago acá y es una zona nueva donde está todo por hacerse. Pero en definitiva fue por accidente y gracias a Dios que pasó. Estoy contento con la bodega y con los vinos que estamos haciendo. Claramente la estrategia era hacer curriculum y volverme, pero no me salió y ahora no pienso dejar este lugar.

¿Te costó la adaptación?

En un principio sí. Me vine con 23 años; dejé amigos, familia… vine sólo con una mochila y una computadora. Cuando llegué no sólo no tenía amigos, sino que ni conocía a nadie. Fin de semana por medio me iba para Mendoza, salía el viernes después de mediodía y pegaba la vuelta el lunes a la mañana. Eso lo hice durante un año. De a poco me empecé a hacer un grupo de amigos, nos agrupamos primero entre los colegas y paralelamente me hice otro grupo de amigos con unos chefs y otros que nada que ver con la industria. Gracias a eso dejé de ir tan seguido para Mendoza, y empecé a ir cada uno o dos meses. Hace 7 años mi mujer –mendocina también– se vino para acá y ahora volverme sería una movida mucho más grande.

Ya hay mucho más que una computadora en esa mochila.

Ahora sería un bolso más grande, y eso que ahora los chicos no están escolarizados. Fue una cuestión de tiempo. Hoy ya siento que esta es mi casa. Antes, cuando decía “mi casa” pensaba en Mendoza. Hoy ya no; mi casa es acá.

¿Cuándo sentiste que “tu casa” era Neuquén y ya no Mendoza?

Me costó. Los primeros cuatro o cinco años sentía que mi casa era Mendoza, aunque ya iba mucho menos, aunque nunca pasaron más de tres meses sin ir para allá. Ahora hace como nueve meses que no voy. Creo que hace ocho años me dije que esta era mi casa. De hecho cuando junté las primeras monedas me compré una casa en Mendoza, que sigo pagando por una cuestión de ahorros, pero no sé si me voy a volver. Me gustó el lugar, vino mi mujer, nos casamos, después los hijos… tengo un grupo de amigos muy fuerte acá.

Y a la hora de elaborar vinos, ¿costó la adaptación? ¿notaste mucha diferencia entre Patagonia y Mendoza?

Acá hay tres cosas muy lindas: la sanidad, la frescura de los vinos y la intensidad, aromática y de color. Gracias a los vientos, tenemos vinos con mucha acidez y con mucha intensidad de color. Eso es una diferencia bastante importante. Patagonia representa muy poco porcentaje a nivel nacional y está muy diversificado en lo que es Neuquén, Río Negro, Chubut y el sur de La Pampa. Donde estamos nosotros es una zona muy particular, tiene mucha concentración de taninos y hay que pensar en hacer maceraciones cortas y hacer extracciones amables, si no los vinos se te van para cualquier lado: si te pasás con la maceración, te quedan vinos como una lija, muy tánicos, muy astringentes y muy difíciles de tomar.

Entonces, ¿existe una “identidad Patagonia” en los vinos o hay que ir más específico como con las regiones de Mendoza?

Tenemos una identidad porque hay dos cosas que tenemos en común: los vientos y el frío, pero cuando vas a lo más específico sí son diferentes.

Cuando comenzó el boom de los vinos patagónicos, ¿se intentaba copiar el estilo de vinos mendocinos?

Cuando me vine a vivir acá, ya se hablaba de eso, de que no había una identidad propia y todos empezábamos a buscar y a pensar cuál tenía que ser esa identidad, a buscar qué era lo que otro no tenían.

No querían ser un Mendoza al Sur.

Exacto. Hoy estamos buscando desarrollar cosas y varietales que se den bien acá: Pinot Noir, Merlot, Semillon y Malbec con la identidad patagónica, sino no tiene sentido. Hoy como está la vitivinicultura y como están los consumidores no tiene sentido hacer un vino que no represente el lugar de origen, es lo mismo que la nada.

Pero todos hacen Malbec y es lo que más vende, ¿en Patagonia hay pensar en otra cepa para hablar de identidad?

El Malbec se usa porque hay en toda la Argentina, y esa la parte más fácil, porque tiene un estándar. Es el que te acompaña siempre y el que te abre el camino en la industria, pero lo que nosotros estamos tratando de hacer es mostrar lo que realmente se adapta bien acá: Pinot Noir y Merlot; el Malbec se adapta bien y tiene las características propias del lugar. El Pinot y el Merlot no son para cualquier zona: si ponés un Merlot en el Este mendocino, se te prende fuego, no es para cualquiera.

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Con Mariano Di Paola en plena degustación de cortes

Con Mariano Di Paola en plena degustación de cortes

¿Para el consumidor es más fácil elegir un Pinot que un Merlot?

Si vos se lo das de probar a ojos cerrados, lo más probable es que se quede con el Merlot. Y, si me apurás un poquito y le das a ojos cerrados un Merlot y un Malbec, también eligen el Merlot.

¿Y con los ojos abiertos?

¿Entre un Pinot y un Merlot? Lo más probable es que elijan el Merlot, porque el Pinot Noir no lo conocen o no lo entienden. Contra un Malbec, obviamente, los pasa por arriba a ambos.

¿Entonces por qué no se vende más Merlot?

El problema es la etiqueta. Lo han golpeado mucho tiempo al Merlot y eso hace que el consumidor lo odie y no lo pruebe. No le gusta por lo que dicen, no porque el vino no le guste. Y, sobre todo, a nivel mundial. Nosotros estamos exportando un poquito, siempre Malbec y Pinot adelante, después Merlot. En Argentina nos va muy bien con el Merlot.

Por Pancho Barreiro

Especial para UNO – Di·Vino

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