Cuando allá por la década de los 60 se reiniciaba con todo el cine de zombis jamás hubiera imaginado el más pesimista que unos 60 años más tarde íbamos a estar en esta realidad.
Estamos plagados de zombis y no nos dimos cuenta: zombis caminando, zombis al volante manejando autos, camiones, motos y bicis (vaya que abundan estos casos de "equilibristas"), zombis en reuniones labores, zombis en reuniones de amigos, papás y mamás zombis… todos con su SmartPhone que NO nos está haciendo más Smart (inteligente en inglés).
Hagamos un poco de historia, ya que según Wikipedia el cine de zombis nació en la década del 30 del siglo pasado, como reflejo de leyendas haitianas asociadas a la magia negra y el vudú.
Después tomó un envión relevante en los 60 con “La Plaga de los zombis” y “La noche de los muertos vivos” hasta el presente con “The Walking Dead” y “Fear The Walking Dead” como estandartes, y un sinfín de películas y series en el medio (algunas tan malas que dan ganas de verlas para reírse).
Pero no hacen daño estos zombis que vemos habitualmente en las calles de Mendoza, el país y el mundo… ¿o sí? Seamos buenos, al menos no muerden y te comen como en las series o películas, pero sí provocan accidentes al volante o caminando, y sí dejan con sabor amargo a quien está hablando y no le prestamos atención. Ojo, también es contagioso como en la ficción. Levante la mano el que no ha estado en una reunión de tres personas que se mensajean entre dos y es tan evidente que al tercero le dan ganas de levantarse e irse.
Varios de estos zombis provocan daños y algunos casos resultan insólitos. Como el que pasó en una estación de servicio en Las Heras, en Pedro Pascual Segura y Acceso Norte.
Cuentan los empleados tras la pregunta “¿les quisieron robar que hay un vidrio roto?”, ahora riéndose después de pasar un mal rato y un susto bárbaro, que no, “no fue un robo. Fue un hombre que venía caminando mirando el celular”. Sí, rompió el vidrio, un vidrio reforzado, no común, con su cabeza. No quiso que llamaran a emergencias, sufrió heridas leves, le hicieron las primeras curaciones los empleados y se fue con una vergüenza más grande que el chichón que tenía en la cabeza. Incluso otro empleado bromeó con “qué cabeza dura tendría que los pedazos que quedaron no se rompían con una homocinética”.
No es el punto este hombre que rompió el vidrio que, pobre, ya pasó el papelón de su vida que le puede pasar a cualquiera y no hace falta que esté mirando el celular. El punto es, ¿hace falta estar mandando audios justo en el momento que vas manejando? ¿Hace falta ir hablando y haciendo malabares sin el manos libres y sin manos libres para el volante y la palanca de cambios? Sólo tenemos dos manos, que conste. Ustedes son muy chicos y no se acuerdan pero WhatsApp recién va a cumplir 10 años. Antes no existía y las cosas y el mundo funcionaban igual, las cosas se hacían o no a tiempo, se llegaba tarde o a tiempo a reuniones, como ahora. Sí, esta app nos simplificó la vida en muchos aspectos pero hemos llegado a un punto de abuso. Si estás esperando un turno en el médico no está tan mal el uso del SmartPhone pero… ¡no te pongas a leer en el celu cuando estás cruzando la calle!
En otro orden, ¿hace falta estar viendo un meme mientras tu hijo destroza todo en un lugar tratando de que le des un poquito de atención? ¿Hace falta mirar el celular todo el tiempo en reuniones sociales o de trabajo? Sí, algunos dirán que es por nervios, es entendible pero… ¿hace falta mandar un audio o un WhatsApp mientras manejás? ¿O no podés esperar 5, 10, 15 minutos? ¿Media hora o una hora? O simplemente estacionarte a un costado si es una súper urgencia.
La respuesta es simple: no. No hace falta. Porque si no, terminamos siendo zombis sumergidos en una sociedad que no mira para el costado y no empatiza con el otro, mientras mira un meme en WhatsApp o Twitter, y comparte un perrito perdido en Facebook, perrito que quizás le pasó por enfrente mientras compartía la publicación.
