En muchas familias rurales, las nuevas generaciones se marchan a las ciudades o al extranjero en busca de oportunidades laborales, mientras las fincas familiares quedan en manos de sus padres. Sin embargo, hay quienes deciden regresar y apostar por el campo, incorporando nuevas ideas para mejorar la producción y garantizar el futuro de sus tierras.
Vivió 9 años en cruceros y regresó para ayudar a su padre de 76 años a salvar la finca familiar: hoy inspira a otros productores
Dayra Montenegro, tras recorrer el mundo en cruceros, apostó por la finca familiar y la transformó en una exitosa empresa de quesos con prácticas sustentables.

La historia de Dayra Montenegro, hija de un panameño que pasó nueve años trabajando en cruceros por distintos continentes antes de volver a la finca de su padre, es un ejemplo de cómo ese regreso puede convertirse en una oportunidad para transformar la actividad agropecuaria.
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Recorrió el mundo trabajando en cruceros y regresó a la finca de su padre para transformarla
Dayra Montenegro había estudiado Registros Médicos, ejercido su profesión y conocido una vida muy diferente a la que había tenido durante su infancia en San Lorenzo, una localidad de la provincia panameña de Chiriquí. Sin embargo, después de recorrer el mundo durante nueve años trabajando en cruceros, decidió regresar la finca de su familia.
Su regreso no significó simplemente retomar las tareas del campo. Dayra encontró una oportunidad para cambiar la manera de trabajar de su padre, que tenía 76 años cuando ambos decidieron volver a poner en marcha la explotación familiar. Una de sus primeras ideas fue dejar de talar árboles y comenzar a plantarlos.
La finca familiar que renace con ideas de hija viajera
La transformación comenzó con un sistema silvopastoril, que combina árboles, pastos y ganado en una misma superficie. Dayra incorporó variedades forrajeras como Cuba 22 y Marandú para garantizar alimento a los animales durante todo el año. También instaló sistemas de captación de agua de lluvia y riego, recuperó cercas vivas y empezó a utilizar bocashi, un abono orgánico elaborado con materiales como estiércol y hojas secas.
Los árboles proporcionaban sombra al ganado, mientras que la disponibilidad de agua y forraje permitía aprovechar mejor el terreno. Los resultados modificaron la organización de la finca. Según el IICA, la familia dejó de necesitar el alquiler de terrenos adicionales para alimentar al ganado durante la estación seca.
El cambio también tuvo un efecto más allá de su propiedad. Al principio, algunos vecinos dudaban de que fuera posible recoger y almacenar agua de lluvia para utilizarla en la producción. Con el tiempo, la finca de esta familia se convirtió en un lugar de referencia y otros agricultores comenzaron a llevarse semillas para reproducir las prácticas en sus propias parcelas.
Dayra recibió apoyo técnico y formación del IICA a través de iniciativas agrícolas que ayudaron a introducir nuevos conocimientos en su finca y en la comunidad. Su trabajo terminó extendiéndose al ámbito colectivo, fue elegida presidenta de la Asociación de Productores Agropecuarios de San Lorenzo, desde donde comparte lo aprendido con otros productores.
En pocas palabras
- Retorno al campo: Dayra Montenegro dejó su vida en cruceros para ayudar a su padre de 76 años a salvar la finca familiar.
- Innovación sustentable: Implementó un sistema silvopastoril, captación de agua de lluvia y abono orgánico para modernizar la explotación.
- Impacto comunitario: Su trabajo la convirtió en referente y presidenta de la Asociación de Productores Agropecuarios de San Lorenzo.