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Casos resonantes

Así viven los hermanos que se salvaron del karateca en la masacre del barrio Trapiche

Editado por José Luis Verderico
verderico.joseluis@diariouno.com.ar

Bautista tiene 11 años que cumplió el 8 de junio. Cuando le dijeron que tendría fiesta no reaccionó como cualquier chico. No estuvo exultante ni contando los días y las horas que faltaban para recibir invitados y regalos. No. Bautista solo quería que toda la familia estuviera en esa celebración. "Como antes", deseó. Como antes del domingo 23 de octubre a las 5 de la mañana cuando Daniel Zalazar asesinó a cuchilladas a la mamá, Lorena Arias, a la tía de la mamá, Susana Ortíz, y a la abuela de la mamá, Silda Vicenta Díaz.

Como antes de haberse salvado él, con apenas 8 años, del ataque de quien había sido su instructor de Taekwondo y ahora era una bestia que le tiraba cuchilladas para matarlo.

Como antes de haber rescatado a Lucas y Mía, sus hermanos heridos, a quienes salvó. Como antes de haber tomado el celular y haber avisado: "Manden ambulancias: el sabón los mató a todos".

Hoy

Ya pasaron casi 3 años de la masacre del barrio Trapiche de Godoy Cruz y para la familia las pérdidas son una herida abierta. En carne viva.

Bautista, cada tanto, recuerda y cuenta que logró esquivar las cuchillas que le tiraba Zalazar; que pudo escapar y esconderse en el auto de las garras de aquel hombre de 31 años al que le tenía afecto porque le había enseñado Taekwondo. Pero Bautista todavía no se explica cómo hizo para lograr todo lo que logró.

Lucas habla poco y nada del drama. Muy de vez en cuando. Únicamente motivado para acompañar los relatos de sus hermanos. Todavía no comprende cómo llegó hasta la cama donde fue hallada muerta la abuela Silda. Solo puede asegurar que aquella noche él no se había dormido ahí. ¿Zalazar lo cargó hasta el lecho?

El tema de la masacre está entre ellos. Enquistado. Por más que los adultos no quieran tocarlo, los chicos sí. Y lo hablan. Lo evocan. Lo ponen sobre la mesa. Y aunque no lo dicen abiertamente quieren entender porqué sucedió. Porque la vida diaria acecha a cada paso y con esta fluyen los recuerdos de la madre y los proyectos truncos.

Entonces, frases como "...si mi mamá estuviera acá... " o "yo no sé qué hubiera dicho mi mamá..." se cuelan en el amuerzo o en la cena porque se imponen con la fuerza de lo joven, de lo inocente, de lo que aun no está teñido de los pruritos propios del paso del tiempo.

"Yo pienso todo el tiempo. Trato de buscar respuestas pero sé que no existen. Las extraño muchísimo" "Yo pienso todo el tiempo. Trato de buscar respuestas pero sé que no existen. Las extraño muchísimo"

Carolina Arias, hermana, sobrina y nieta de las víctimas fatales

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"Nos dejó muertos en vida"

Paula Arias también perdió a la hermana, a la tía y a la abuela. "Quiero que nadie se olvide de él, de su cara, de lo que hizo", posteó este lunes en Facebook tras la nota de Diario UNO.

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Mili es la hija mayor de Lorena Arias. El destino quiso que aquella noche no estuviera en la escena del crimen sino en la casa de una amiga. Supo de la tragedia por Carolina, la tía.

La jovencita tampoco comprende qué llevó a Zalazar a cometer semejante atrocidad. Como todos, ella sabía que el sabón había salido con la madre pero de ahí a la masacre... 

Los tres hermanos hacen terapia como parte de la recuperación de la salud mental dañada por el trauma.

Mía es otro eslabón de esta cadena. Aquella madrugada tenía 9 meses y estuvo internada. Zalazar la había herido. Pero se recuperó. Ya tiene 3 años. "¡¡Es una india hermosa!!", cuenta Carolina Arias.

Y al final deja un dato inquietante: "Mía sabe perfectamente quién es su mamá. Si vieran cómo le sonríe cada vez que le mostramos una foto de ella".


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