Vive en un asentamiento, su marido perdió el trabajo y aun así sale a dar de comer a quienes tienen menos

Fernanda Lucero vive en un asentamiento de Guaymallén, tiene 5 hijos y su marido se quedó sin trabajo. Aun así, impulsó una campaña durante la ola polar

Vive junto a su esposo y sus 5 hijos en un barrio de gente muy humilde. Son 7 personas intentando salir adelante en medio de una ola polar que no solo congela las calles de Mendoza: también paraliza changas, deja familias sin ingresos y multiplica la necesidad en los barrios más humildes.

El frío duele y golpea duro a las clases más vulnerables. Fernanda Lucero decidió tomar cartas en el asunto con lo poco que tiene.

Hace más de 2 semanas, su marido dejó de trabajar. Es albañil y las bajas temperaturas frenaron la construcción, el único sustento del hogar.

La plata ya era poca y ahora casi no existe.

Sin embargo, mientras muchos podrían pensar únicamente en cómo atravesar sus propias urgencias, Fernanda tomó otro camino.

Desde que la ola polar empezó a doler y a golpear a los más pobres, llena 2 termos con café o te caliente, prepara unas tortas fritas y sale. Lo hace sola; junto a su esposo o con personas del Ministerio de Jóvenes de la Iglesia Soplo de Vida y Restauración Maranatha a recorrer los lugares donde el frío pega todavía más fuerte.

Porque, dice, siempre hay alguien que está peor.

"Somos una familia de 7 integrantes, 5 son menores. La situación económica es complicada, pero para Dios nada es imposible. Vivimos en el asentamiento Buena Nueva y hacemos muchas cosas para llegar a fin de mes. Mi esposo se quedó sin trabajo hace más de 2 semanas por el clima y sabemos que hay muchísimas familias viviendo exactamente lo mismo", cuenta.

La ola polar no da tregua y miles de familias la pasan mal

La ola polar dejó postales de montañas nevadas y paisajes blancos en Mendoza. Pero también otra realidad mucho menos visible: la de quienes esperan que salga el sol para ver si aparece una changa.

La de los chicos que duermen tapados con lo que encuentran o de familias enteras que enfrentan el invierno sin calefacción y con una sola frazada para varios integrantes.

Fernanda no necesitó leer estadísticas para entenderlo. Lo vio, lo caminó. Con apenas 2 termos y una caja de tortas fritas recorrió distintos sectores de Los Hornos, El Sauce y Estación Buena Nueva. Y volvió con el corazón roto.

"Salimos a compartir algo caliente. Ahí pudimos ver la realidad que están viviendo muchas familias. Hay gente que necesita frazadas, abrigo y alimentos. Queremos cocinar y llevar viandas puerta a puerta, también para las personas que están en situación de calle", dice.

Fernanda junto a los jóvenes de su iglesia, el lunes pasado. "La gente necesita de todo y estamos dispuestos a seguir ayudando", dijo. Su esposo no tiene trabajo y no le sobra nada.

Sabe que existen refugios habilitados. Pero también sabe que muchos nunca llegan hasta ellos; algunos porque no tienen cómo trasladarse y otros porque prefieren quedarse cerca de sus pocas pertenencias.

Otros, simplemente, porque quedaron fuera de todos los sistemas de ayuda. Por eso decidió hacer algo. Aunque ese algo sea pequeño, aunque en su propia casa tampoco sobre nada.

"No tenemos nada, solo voluntad de ayudar y necesitamos colaboración de alimentos y ropa de abrigo"

"No contamos con el sustento necesario porque la economía está muy complicada para todos. Pero queremos ayudar a la gente de Los Hornos, de Estación Buena Nueva y también a quienes están viviendo en la calle", indicó

En sus recorridas encontró historias que todavía hoy le quiebran la voz. Hay una, en especial, que no logra sacarse de la cabeza. Se trata de una mujer que vive en una precaria casilla hecha con trapos y tablas y que está atravesando un cuadro de neumonía.

No tiene trabajo ni ingresos. Y además convive con otros problemas familiares relacionados con las adicciones.

"Es una situación muy difícil. Hay pobreza, enfermedad y mucha necesidad. Creo que es de las cosas más duras que uno puede encontrarse", señala. Cada historia que conoce refuerza su decisión de seguir.

Una campaña que tiene un fin solidario: cómo ayudar

Por eso impulsó la campaña "Doná abrigo, amor y esperanza", que busca reunir frazadas, colchas, camperas, gorros, guantes, medias y ropa de invierno, además de alimentos no perecederos como arroz, legumbres, conservas, pastas, aceite y leche en polvo.

Todo será destinado a familias vulnerables de los asentamientos Los Hornos y Estación Buena Nueva, además de personas que viven en situación de calle.

Fernanda insiste en que no hace falta donar grandes cosas: una frazada, un paquete de arroz, una campera que ya no se usa.

No hay abrigo que mitigue este frío extremo que padece Mendoza. Pero Fernanda le pone el cuerpo en un asentamiento de Guaymallén.

Todo puede cambiar una noche de alguien que hoy enfrenta temperaturas bajo cero.

Mientras la mayoría busca refugiarse del frío detrás de una puerta cerrada, ella sale con dos termos en las manos. Lo hace, precisamente, porque sabe lo que significa no tener.

Fernanda eligió demostrar que la solidaridad no depende del tamaño del bolsillo: depende del tamaño del corazón.

Cómo colaborar con esta mamá que sale a repartir café y tortitas

La campaña solidaria "Doná abrigo, amor y esperanza" recibe:

Abrigos y camperas.

Frazadas y colchas.

Gorros, guantes y medias.

Ropa de invierno.

Alimentos no perecederos: arroz, legumbres, conservas, pastas, aceite y leche en polvo.

Quienes deseen colaborar o solicitar más información pueden comunicarse a los teléfonos 2614-172742 o 2612-198995.

Porque, como resume Fernanda, "siempre hay alguien que está esperando un plato caliente, una frazada o simplemente que alguien se acuerde de él".

MÁS LEÍDAS