A Martín Mateu le bastó un paseo con su perra por el barrio para cambiar su vida. No lo sabía, pero del otro lado de la calle, en una casa que conocía de toda la vida, acababa de llegar “la rubia de sus sueños”. Bárbara, o “Babsi”, como le dicen desde siempre, venía desde un pequeño pueblo austríaco, Natschbach, para hacer una práctica en un jardín de infantes en Mendoza. El resto es una historia que parece sacada de un cuento de hadas.
Un mendocino, una austríaca y un destino: "La vi y supe que era ella"
En la vereda de enfrente lo esperaba el amor de su vida: una historia real que empezó con un “Gute Nacht” y construyó una familia

En Rodeo de la Cruz se vieron por primera vez. Las barreras culturales nunca fueron un obstáculo.
GentilezaCorría septiembre de 2005. Martín había vuelto hacía poco de Alemania, donde participó del Encuentro Mundial de la Juventud junto al Papa Benedicto XVI. Era estudiante de Derecho, tenía 22 años, y muchas ganas de formar una familia. Pero el amor, hasta entonces, se le escapaba.
Hasta que la vio. Babsi, 20 años, hermosa, idealista y con una fe inquebrantable, había llegado a Mendoza alojada por una familia conocida, que -por esas casualidades tan precisas- vivía justo frente a la casa de Martín. “No aguanté y le pregunté al vecino Tito quién era esa chica”, recuerda él.
Recomendadas
Aunque no hablaban el mismo idioma, algo los empujó a cruzarse. Martín se había aprendido un par de frases en alemán, casi como si el destino lo supiera. La primera que soltó, con nervios y sonrisa, fue un simple “Gute Nacht” en una salida al boliche con amigos en común. Fue el comienzo de algo grande.
Un amor entre diferencias culturales y mates compartidos
La conexión fue creciendo. Ella hacía sus prácticas docentes, y él buscaba cualquier excusa para cruzarse. Charlaban en inglés, caminaban por el barrio, se reían con lo que no entendían del otro. Se gustaban. Pero el desafío era real: ella tenía fecha de regreso, y él tenía claro que su vida era en Argentina.
“Desde el principio le fui sincero. No podía ejercer mi carrera en otro país, y si esto iba en serio, ella tenía que saberlo”, dice Martín. Y ella lo entendió. Porque también venía buscando lo mismo: un compañero de vida, una familia, un futuro compartido. Así que, cuando regresó a Austria, lo hizo sabiendo que quizás su corazón ya se había quedado en Mendoza.
La historia de un amor paciente que resistió visas, distancias y diferencias
Babsi volvió a su país cuando venció su visa en 2006, pero meses después, y con un título secundario revalidado, regresó a la Argentina. Mientras tanto, Martín empezó a estudiar alemán -casualmente, en el mismo Instituto que años más tarde ella dirigiría- y ella, ya instalada, inició el profesorado de inglés. Con esfuerzo y tesón, superó todo: historia argentina, lengua, geografía, literatura. Trabajaba, estudiaba, alquilaba una pieza y soñaba.
Durante seis años de noviazgo, nunca convivieron. Babsi se alojó en casas de familias amigas y construyó su hogar desde la espera. Los padres de Martín fueron clave: la cuidaron como a una hija. Viajaron juntos, compartieron celebraciones, y sobre todo, la hicieron sentir parte.
Una propuesta entre turbulencias
La propuesta de matrimonio no podía ser menos cinematográfica. Volando de San Pablo a Frankfurt, una tormenta feroz sacudió el avión. Gritos, miedo, silencio. En medio de esa escena, Martín sintió que era el momento: si sobrevivían, quería pasar su vida con ella. “¿Querés casarte conmigo?”, le preguntó, entre turbulencias. Ella dudó. “¿Lo decís en serio?”, retrucó. Recién al llegar al aeropuerto, ya en tierra firme, le dijo que sí.
Un casamiento en dos idiomas y una prueba con hacha incluida
La boda llegó en 2011, primero en Mendoza, con la familia de él, amigos, abrazos, vino y emoción. Luego, en Austria, con tradiciones tan diferentes como entrañables. “Allá hicimos pruebas de pareja: cortar un árbol juntos, mostrar que uno está listo para formar una familia. Hasta un examen pasamos”, cuenta Martín.
El padre y los hermanos de Babsi son bomberos voluntarios y músicos. Su pueblo la conoce desde siempre. Allí, entre los Alpes y los valses, también sellaron su unión.
Hoy, una familia mendocina con raíces europeas
Martín y Babsi viven en Mendoza. Tienen tres hijos: María Emilia (12), Juan Manuel (9) y María Pía (5). Ella dirige un Instituto de idiomas. Él trabaja como abogado. “Dios fue muy generoso con nosotros. Tengo una esposa que nunca imaginé tener y unos hijos que son mi alegría. Somos una familia que camina junta, que se sostiene”, resume él, con emoción.
Y en Rodeo de la Cruz, cada vez que alguien pasea una perra por la vereda, puede pasar cualquier cosa. Incluso, encontrar al amor de tu vida cruzando la calle.