La lavanda es, sin duda, una de las joyas más preciadas de cualquier jardín. Su inconfundible fragancia y sus vibrantes espigas moradas no solo deleitan los sentidos, sino que también actúan como un imán para polinizadores beneficiosos. Sin embargo, tener múltiples ejemplares en nuestro parque puede parecer una tarea compleja y casi imposible. Aunque, con las sugerencias adecuadas, podremos reproducir esta planta por esqueje.
Truco de jardinería infalible para reproducir una lavanda por esqueje y tener el jardín lleno de flores
Gracias a este simple procedimiento, podrás multiplicar una planta de lavanda y tener el jardín lleno de vida

Aprendé a reproducir una lavanda por esqueje.
A diferencia de la siembra por semillas, que suele ser un proceso lento y con resultados inciertos, la multiplicación por esquejes garantiza que la nueva planta conserve las características exactas de la madre en tiempo récord.
Cómo reproducir una lavanda por esqueje
Según cuentan expertos en jardinería, la clave del éxito consistirá en la selección de las ramas. No cualquiera es apta para este proceso. Es vital buscar tallos que se encuentren sanos, libres de plagas y, preferiblemente, que no tengan flores en ese momento. Los expertos recomiendan optar por brotes jóvenes pero que ya presenten una base ligeramente endurecida o semileñosa. Estos tallos poseen la flexibilidad de la juventud y la resistencia de la madera, una combinación ideal para sobrevivir al proceso de enraizamiento inicial.
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Una vez seleccionado el ejemplar, se debe realizar un corte limpio con herramientas de poda previamente desinfectadas para evitar la transmisión de patógenos. El esqueje ideal debe tener una longitud de entre 6 y 7 centímetros. Es crucial realizar el corte justo por debajo de un nudo o yema, que es la zona donde se concentra la mayor cantidad de hormonas de crecimiento. Un corte preciso y diagonal maximiza la superficie de absorción y facilita que la planta comience a buscar nutrientes rápidamente.
Tras obtener el esqueje, la preparación es vital para prevenir la pudrición. Se deben retirar con cuidado las hojas de la mitad inferior del tallo, dejando únicamente unas pocas en la parte superior para que la planta pueda realizar la fotosíntesis sin perder demasiada humedad por transpiración. Luego, humedecer ligeramente la base con agua y después cubrir con canela en polvo (actuará como enraizante).
Cuando el esqueje esté listo, será turno de colocarlo en una maceta agregando un sustrato adecuado para la lavanda. La planta detesta el exceso de humedad en sus raíces, por lo que se requiere una mezcla con excelente drenaje. Lo más recomendable es utilizar una combinación de arena de río, perlita y turba a partes iguales. Este medio permite que el aire circule correctamente y que el agua no se estanque, creando el entorno perfecto para que las raíces se abran paso sin asfixiarse.
Posteriormente, cubrirlos con una bolsa de plástico para crear un efecto de mini invernadero, garantizando la humedad adecuada rociando con un atomizador periódicamente. Una vez que el esqueje haya duplicado su tamaño, tendrás que trasplantarlo al jardín o a otras macetas más grandes.