El salmón es sinónimo de frescura, salud y ese característico color rosado que lo vuelve irresistible. Sin embargo, detrás de esa imagen hay una verdad poco conocida y es que no siempre es rosado. De hecho, en su estado natural, especialmente el de criadero, su tono es otro, solo que las grandes industrias lo ocultan.
Vamos a una pescadería o al supermercado y quien tiene el placer de comprarse un salmón sabrá que cuando se lo venden tiene un tono rosado medio anaranjado que lo hace muy llamativo y hasta rico. Pero también se sabe que muchas veces lo que consumimos está procesado o no es tan natural como lo parece y así pasa con este pescado.
Lo curioso es que, en condiciones normales, la carne del salmón de piscifactoría sería gris pálido o blanquecina y la razón de ese gran cambio de color es sencilla, pero sorprendente.
Todos creímos que el salmón es de color rosado, pero en realidad es gris
En su estado natural de vida, los salmones consumen crustáceos ricos en astaxantina, un pigmento natural que les da ese tono rosado o anaranjado. Pero los de granja se alimentan de piensos compuestos de harina de pescado, aceite, soja, gluten de maíz y otros subproductos avícolas. Nada de eso tiene astaxantina de forma natural y, por eso, no podrían adquirir su icónico color.
Para resolverlo, la industria recurre a agregar pigmentos a la alimentación de los peces. Estos compuestos, muchas veces, son sintéticos o derivados procesados y el efecto de la astaxantina natural parece mayor. El objetivo de este proceso en realidad no es mejorar el sabor ni el valor nutricional, sino básicamente cumplir con una expectativa estética del consumidor.
De hecho, la industria invierte millones cada año en estos pigmentos para garantizar que el producto cumpla con los estándares visuales del mercado. Sin ese color, muchas personas simplemente no lo comprarían, ya que según algunos diversos estudios de mercado demostraron que los consumidores no se sentían atraídos por este color, así que las piscifactorías decidieron teñir a sus salmones.
Cómo elegir un buen salmón
A la hora de elegir un salmón para meter al freezer, para cocinarlo con especias o incluso para desayunar con una buena tostada, el color es uno de los indicadores de calidad más fáciles y fiables. Si bien no hay dos filetes idénticos, existen algunos patrones que conviene observar.
El salmón de alta calidad debe presentar un tono natural y uniforme en todo el filete. No debe tener un brillo artificial ni un color desigual. Las variaciones de tonalidad son naturales, pero las inconsistencias marcadas pueden indicar tratamientos artificiales o una conservación de menor calidad.






