Son devotos de San Cayetano y todos los años realizan el gesto de amor más grande

Carlos Torres es peluquero. Inés Osés, ama de casa y devota de San Cayetano. Desde hace años protagonizan el mismo gesto solidario frente a la parroquia

Editado por Cecilia Corradetti
corradetticecilia@gmail.com

Todavía no amanece cuando los primeros fieles empiezan a llegar a la parroquia San Cayetano, en Godoy Cruz. Algunos cargan una mochila. Otros llevan una vela, una estampita gastada por los años o una lista de nombres escritos en un papel. Hay quienes llegan para agradecer porque consiguieron trabajo y quienes solo piden una oportunidad para empezar de nuevo.

Entre esa multitud hay dos personas que repiten el mismo ritual desde hace años. Él carga bolsas repletas de pan. Ella sostiene miles de estampitas preparadas una por una durante semanas. No son pareja, tampoco trabajan juntos ni pertenecen a una organización. Los une una misma convicción: que un pequeño gesto puede devolverle esperanza a alguien.

La mayoría la llama simplemente "Inesita". Hace 17 años decidió comenzar a repartir estampitas de San Cayetano con un pequeño pancito como símbolo de unión y esperanza.

Por eso, cada 7 de agosto, mientras cientos de mendocinos desfilan frente al santo del pan y el trabajo, Carlos Marcelino Torres e Inés Osés cumplen la promesa que un día cambió sus vidas.

Detrás de ese gesto solidario también hay personas que, año tras año, eligen colaborar de manera silenciosa. Desde hace varios años, Carlos compra el pan en la panadería Domingo, de Villa Hipódromo, donde su propietario, Fabián García, no solo acompaña la iniciativa sino que suma una importante cantidad de panes de manera desinteresada. Para este viernes, entre la compra y la donación, repartirán más de 120 kilos de pan entre los fieles que se acerquen a la parroquia de San Cayetano.

Carlos nunca imaginó que repartir pan terminaría convirtiéndose en una misión. Hace más de una década atravesaba uno de los momentos más difíciles junto a su esposa, Claudia, enferma de gravedad. Ese día, después de recibir una noticia devastadora, ambos entraron a la parroquia para rezar.

"No podía contener las lágrimas", recuerda.

Entró una vez. Salió. Volvió a entrar. La angustia era tan grande que terminó cruzando hasta un negocio para comprar una botella de agua. Allí vio unos panes. Compró apenas cuatro o cinco kilos y comenzó a repartirlos entre quienes esperaban participar de la celebración.

Una promesa: obsequiar pan en San Cayetano

En ese instante hicieron una promesa en honor a San Cayetano.

Si alguno de los dos faltaba primero, el otro seguiría llevando pan cada 7 de agosto.

Claudia murió tiempo después. Carlos jamás dejó de cumplir aquella palabra.

Inés reunió miles de estampitas y ya las tiene listas para repartir gratuitamente este viernes 7 de agosto, San Cayetano.

"Para mí es un acto de fe y de amor hacia el prójimo, hacia quien lo necesita", resume.

Lo curioso es que nunca trabajó en una panadería. Desde hace más de 50 años es peluquero colorista. Todos los años compra el pan para que sea bendecido y luego lo reparte gratuitamente entre los fieles.

"Compartir el pan significa compartir amor", dice.

Con el paso de los años aprendió que ese gesto termina siendo mucho más grande de lo que imaginó. Hay personas que vuelven 12 meses después para agradecerle porque consiguieron trabajo, pudieron salir adelante o lograron superar una enfermedad. Algunos llegan con uno o dos kilos de pan para ayudarlo a repartir. Otros aparecen con 20 kilos como forma de devolver aquello que recibieron cuando más lo necesitaban.

Él siempre guarda diez panes hasta el final.

Sabe que hay personas que llegan desde muy lejos cuando la misa ya terminó y no quiere que nadie se quede sin llevarse uno bendecido.

"De esa forma también les enseño a mis hijos que ser solidario engrandece el corazón", afirma.

Su compromiso con los demás no termina allí. Junto con otros colegas creó un grupo solidario de peluqueros que organiza cortes de cabello gratuitos en merenderos, además de campañas para reunir juguetes, alimentos y ropa para familias vulnerables.

La devota de San Cayetano que reparte estampitas desde siempre

A pocos metros de donde Carlos entrega el pan aparece otra escena que los habituales de la celebración conocen de memoria.

Allí está Inés Osés.

La mayoría la llama simplemente "Inesita".

Hace 17 años decidió comenzar a repartir estampitas de San Cayetano con un pequeño pancito como símbolo de unión y esperanza. Aquella primera vez compró apenas cien. Este viernes serán cuatro mil.

Una imagen del 7 de agosto de 2025. Pese a la lluvia, Inés se hizo presente en la parroquia San Cayetano.

"Siempre quise ayudar a la gente. Y San Cayetano me abrió las puertas de su corazón", cuenta.

Durante semanas prepara una por una las estampitas, las acomoda cuidadosamente y piensa en las personas que las recibirán. Dice que todas son especiales porque detrás de cada una hay una historia distinta.

"El cariño de la gente lo hace todo. La fe, el amor y la emoción de poder ayudar son muy importantes para mí", señala.

Con el tiempo, aquella iniciativa dejó de limitarse a la parroquia mendocina. Hoy sus estampitas también llegan a Neuquén, Malargüe, Tunuyán, Santa Rosa y Jocolí, enviadas por personas que las acercan a familiares, amigos o vecinos que también quieren encomendarse al santo del trabajo.

"El cariño de la gente lo hace todo. La fe, el amor y la emoción de poder ayudar son muy importantes para mí", señala Inés.

Inés asegura que cada conversación la marca de una manera diferente. Escucha pedidos de empleo, problemas de salud, familias que atraviesan momentos difíciles y personas que simplemente necesitan ser escuchadas.

Aunque sus historias comenzaron por caminos diferentes, Carlos e Inés coinciden en algo esencial: ninguno espera recibir nada a cambio. Creen que cada pequeño acto solidario tiene efecto multiplicador.

Que un pan puede representar mucho más que alimento.

Que una estampita puede convertirse en un abrazo para quien atraviesa una situación desesperante y que, muchas veces, las personas necesitan tanto ser escuchadas como ayudadas.

Los files de San Cayetano que siempre están presentes el 7 de agosto

Cuando cae la tarde y los últimos fieles abandonan la parroquia, Carlos vuelve a su peluquería. Inés regresa a su casa. La rutina continúa como cualquier otro día del año.

Sin embargo, ambos saben que dentro de 12 meses volverán a estar exactamente en el mismo lugar.

Él con bolsas de pan.

Ella con miles de estampitas.

Porque las promesas —sobre todo aquellas que nacen del dolor y terminan convirtiéndose en esperanza para otros— no se cumplen una sola vez.

Se honran durante toda la vida.

En pocas palabras

  • Solidaridad en Godoy Cruz: Carlos Torres e Inés Osés cumplen anualmente una promesa repartiendo pan y estampitas de San Cayetano.
  • Promesas de fe: ambos iniciaron este gesto hace años, marcados por momentos difíciles, como el de Carlos tras la pérdida de su esposa.
  • Gestos que inspiran: lo que comenzó como un acto personal se ha extendido, con colaboradores y gente que regresa a agradecer por oportunidades laborales y de salud.
Resumen generado por Thinkindot AI

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