Historias

Son colombianos, recorren Sudamérica en moto y contaron qué los enamoró de Mendoza

Tras ocho meses de ruta, los motoviajeros Cristian Cepeda y Kelly Sánchez cruzaron la cordillera y encontraron en Mendoza más que paisajes: historia, vino y calidez

Llegaron por el Paso Internacional Cristo Redentor, después de cruzar desde Chile, con ocho meses de ruta acumulados, polvo en las camperas y esa mezcla de cansancio y adrenalina que solo conocen los que viajan sin fecha de regreso. Cristian Cepeda y Kelly Sánchez son motoviajeros colombianos y Mendoza no estaba en su plan como destino largo. Sin embargo, la Tierra del Sol y del Buen Vino terminó convirtiéndose en una parada que recuerdan con una sonrisa distinta.

Antes de entrar a la ritmo urbano, la cordillera les regaló una postal imposible de olvidar: el Puente del Inca. “Fue impactante verlo en persona”, cuentan. La inmensidad del paisaje, el contraste de colores, el silencio de la montaña. Ese primer contacto con la provincia ya les había marcado el pulso del viaje.

cristian y kelli cepeda
En el Parque General San Martín, disfrutando de Mendoza.

En el Parque General San Martín, disfrutando de Mendoza.

Después llegó Mendoza capital. Y allí, lejos de quedarse solo con la foto clásica, decidieron recorrerla con curiosidad. Visitaron el Monumento al Ejército de los Andes, en lo alto del Cerro de la Gloria, y entendieron que la ciudad no es solo vino y turismo, sino también historia profunda. “Se siente el orgullo por lo que representan”, dice Cristian, que además no dejó pasar su pasión por el fútbol: una parada obligada fue el estadio Malvinas Argentinas. Caminar por allí, imaginar partidos, sentir la mística deportiva, fue para él un pequeño sueño cumplido.

El Parque San Martín, las bodegas y la inmensidad de Mendoza

Pero si algo los sorprendió fue el Parque General San Martín. Lo describen como un pulmón verde enorme, ordenado, lleno de vida. “Nos llamó la atención cómo la gente disfruta los espacios públicos”, cuenta Kelly. También recorrieron la Plaza Independencia y otras plazas del microcentro, donde se detuvieron a observar la dinámica cotidiana: familias, jóvenes, turistas, músicos callejeros.

Sin embargo, el momento que terminó de sellar su conexión con Mendoza fue la visita a una bodega, Los Toneles. Allí conocieron de cerca el proceso de elaboración del vino, desde la uva hasta la copa. Más que la degustación —que disfrutaron— lo que los atrapó fue la pasión con la que se cuenta la historia detrás de cada botella. “Se nota que no es solo una industria, es parte de la identidad”, reflexionan.

cristian y kelly tres

"Los vinos de Mendoza son los mejores", dijeron Cristian y Kelly.

Pero si hay algo que repiten una y otra vez es esto: la gente. “Nos trataron con una amabilidad que no esperábamos”, dicen. En cada consulta, en cada recomendación, en cada charla casual, encontraron calidez. “Nos sentimos muy cómodos y agradecidos. De verdad nos enamoramos de su gente”.

Desde Mendoza siguieron camino hacia el norte y pasaron por San Juan, donde un evento de Women Riders World Relay los retuvo más de lo previsto. Allí vivieron rodadas grupales, hospitalidad espontánea y un reencuentro inesperado con una pareja argentina que habían conocido seis meses antes en Cusco. Casualidades de la ruta que, aseguran, son la esencia de viajar en moto.

cristian y kelly cepeda dos
En el estadio Malvinas Argentinas, con una sonrisa de oreja a oreja.

En el estadio Malvinas Argentinas, con una sonrisa de oreja a oreja.

También recuerdan un alto en la Cuesta del Huaco, donde compartieron bebida y comida con viajeros argentinos e italianos en plena ruta. “Eso es lo más lindo: encontrarse con personas increíbles que te devuelven la fe en la humanidad”.

Pero cuando se les pregunta qué lugar los marcó especialmente en Argentina, vuelven a mencionar Mendoza. Tal vez por la montaña, tal vez por el vino, tal vez por la historia. O, como ellos mismos resumen, por algo más simple y más profundo: “Porque nos sentimos como en casa”.

Y antes de despedirse, dejan la invitación abierta: así como fueron recibidos en tierras mendocinas, esperan algún día devolver esa hospitalidad en Colombia. Porque si algo aprendieron en estos ocho meses de viaje es que los kilómetros se miden en rutas… pero los recuerdos se miden en personas.