Todo comenzó cuando las hijas de Susana Pascual, una docente jubilada mendocina, le pidieron que les tejiera saquitos para los bebés de sus amigas.
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A Susana la idea le encantó: era una forma de recibir a esos niños, que casi eran sus nietos, con un abrigo hecho con amor.
Pero los bebés crecieron, y a Susana las manos se le iban solas al tejido: quería seguir haciendo esta actividad, que tanto le gustaba.
Entonces, decidió convertirla en una acción solidaria, y tejer para los niños y niñas que nacieran en las maternidades públicas.
Así comenzó una actividad a la que poco a poco, fueron sumándose sus amigas. Pronto formaron un grupo integrado por Susana, Estela Vela, Alicia Dragonetti, Norma Vera y Cristina Nehme, todas maestras retiradas.
Ahora tejen para los bebés que nacen en el Carrillo -un hospital público con maternidad, que no recibe demasiadas colaboraciones- y en el Diego Paroissien, de Maipú. Quieren seguir haciéndolo y le piden a la gente que quiera colaborar tejiendo o cosiendo otro tipo de prendas, que se sumen para solidarizarse con las mamás y los bebés recién nacidos que más lo necesitan.
El primer abrigo
"Yo fui la que empezó con esto, - cuenta Susana- pero un día, en el 2018, fui a visitar a una de mis amigas y me preguntó qué era lo que estaba tejiendo, le conté mi idea. Ella se quiso sumar".
Entre las dos confeccionaron una buena cantidad de saquitos, de muchos colores, utilizando lanas que fueron aprovechando y otras que adquirieron.
La actividad se convirtió en un ritual, se juntaban a charlar, a tomar unos mates, y a crear las prendas para los recién nacidos que fueron tejiendo con mucha paciencia y cariño.
Tan gratificante resultó la tarea, que se sumaron el resto de las ex compañeras de la docencia: Alicia, Norma y Cristina.
"Nos entusiasmamos tanto, que para principios de este año, teníamos más de 150 saquitos", contó.
Si bien en un principio las donaciones eran sólo para la maternidad del Carrillo -esto se le ocurrió a Susana porque supo que allí no recibían mucha ayuda- pero después se dieron cuenta que las prendas eran muchas para enviarlas sólo allí.
"Entonces, ofrecimos nuestro trabajo en el Paroissien. Nos pusimos en contacto con la jefa de Neonatología y ella nos dijo que recibirían nuestra donación con mucha alegría. Para nosotras es hermoso pensar que este es el primer abrigo que reciben esos bebés"
Tejer redes
Además de los fines solidarios que tienen con esta práctica, el grupo de amigas disfruta mucho de las reuniones que realizan, de vez en cuando, para tejer.
"El tejido es una actividad que te permite socializar. Podés levantar de vez en cuando los ojos, charlar, tomar mate, y compartir experiencias". cuenta Susana.
