A punto de cerrar su negocio familiar, Florentina Sweaters, ante la caída sostenida del consumo y la pérdida de comercios históricos en el centro mendocino, Carolina Asencio pensó seriamente en bajar la persiana. Tras años viendo cómo el panorama se volvía cada vez más complicado, sintió que el local de Montevideo 127, parte de la historia de su familia, estaba viviendo sus últimos días.
"Si vienen 300 clientas, nos salvamos": el original pedido de una comerciante mendocina para evitar el cierre
Cuando estuvo a punto de bajar la persiana del comercio después de 39 años, Carolina Asensio apeló a quienes considera su familia: las clientas

El local 3 de Montevideo 127 tiene una rica historia. Sus dueñas hacen malabares para mantenerlo abierto, como otros tantos comercios.
Fotos: gentilezaSin embargo, en lugar de rendirse, decidió pedir ayuda a través de las redes sociales.
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La publicación no tardó en viralizarse y tocar una fibra sensible en muchas mendocinas.
"Realmente si vienen 300 clientas y nos ayudan con una prenda cada una, podemos salir adelante", cuenta Carolina.
Pero detrás de ese pedido hay una historia que comenzó mucho antes.
La semilla de Florentina nació cuando Yuyi Albino, hoy de 81 años y hermana de Abel Albino, aprendió tejido a máquina y empezó a diseñar sus propias prendas junto a su madre Esther y su hermana Chabela. En aquellos años abrieron un local llamado Riccio, en la Galería Piazza, donde vendían modelos originales que rápidamente conquistaron a estudiantes y amigas.
La llegada de los hijos obligó a cerrar aquella primera experiencia, pero el sueño volvió a cobrar vida en 1987.
Con apenas 20 suéteres y muy pocos recursos, Yuyi abrió Florentina Sweaters. Una amiga arquitecta la ayudó a acondicionar el local y el resto fue creciendo lentamente, gracias a una fórmula que nunca cambió: el trato personalizado.
"Las clientas son amigas más que clientas"
"Mi mamá siempre quiso que la relación fuera más de amiga que de clienta", recuerda Carolina.
Esa filosofía terminó construyendo algo poco habitual. Las clientas crecieron junto al negocio. Después llegaron sus hijas y más tarde sus nietas. Mientras tanto, los cuatro hijos de Yuyi se recibían de profesionales gracias, en parte, al esfuerzo que sostenía el local.
Pero los últimos años fueron especialmente difíciles.
"La gente empezó a consumir menos y este último año fue realmente muy complicado. Ya no era vivir del local, era simplemente poder mantenerlo", explica.
La comerciante observa con preocupación cómo el centro de Mendoza va perdiendo algunos de sus negocios más tradicionales.
"Han cerrado locales de muchísimos años. Uno atrás de otro. Es muy triste porque el centro se va entristeciendo. Llega un momento en que ya no se puede sostener".
Fue en medio de esa angustia cuando apareció una inesperada fuente de inspiración.
Carolina pensó en su tío, Abel Albino, fundador de Conin, quien debió cerrar temporalmente el hospital especializado en desnutrición infantil por falta de fondos.
"Me desperté y pensé en él. Pensé en su fortaleza. Si él está luchando para reabrir un hospital que ayuda a toda la comunidad, yo tengo que poder luchar por nuestro local", recuerda.
Entonces entendió que no estaba sola.
"Las mujeres me abrazaban y me decían que este local no debe cerrar"
Si durante décadas las clientas habían sido parte de la historia de Florentina, quizás también podían ayudar a escribir el próximo capítulo.
La respuesta la sorprendió.
"Mujeres que hace años vienen al local empezaron a abrazarme y a decirme: 'Esto tiene que seguir'. Todas llegan con el mismo cariño".
Para Carolina, lo que está en juego trasciende una venta o un balance comercial.
Siente que Mendoza perdería algo difícil de reemplazar: un espacio donde las personas todavía son conocidas por su nombre, donde se conversa de la vida, de los hijos, de los proyectos y donde una compra puede terminar en una amistad de décadas.
"Nosotros conocemos sus historias, conocemos sus familias. Nos escriben después para contarnos cómo les fue en una fiesta o para agradecer un consejo. Eso ya no es tan común".
Por eso, cuando le preguntan qué perdería Mendoza si Florentina cerrara definitivamente, no duda.
"Perderían un poco de familia", resume.