Hay goles del Mundial de Fútbol que se gritan con miles de personas alrededor y otros que se festejan en silencio, mirando una pantalla a miles de kilómetros de casa. Hay cumpleaños que se celebran abrazando a un padre y otros que llegan a través de una videollamada. Hay asados que se comparten alrededor de una mesa y otros que aparecen congelados en una foto enviada por WhatsApp 6 horas después. Y hay algo más difícil de explicar: esa sensación de estar construyendo una vida nueva mientras una parte del corazón sigue anclada en el lugar donde todo empezó.
Se fue de Mendoza para vivir en Alemania y reveló en un libro lo que nadie dice sobre emigrar
Pablo Bellene se radicó en Alemania hace 4 años. En pleno Mundial reflexiona sobre las emociones que lo llevaron a escribir “Lo que nadie te cuenta de emigrar”

“Elegir algo siempre implica renunciar a otra cosa”, aclara Pablo desde Alemania.
Fotos: gentilezaPablo Bellene, de 31 años, conoce bien esa sensación.
Recomendadas
Nació en San Martín, Mendoza, estudió Ingeniería Civil, aprendió alemán durante años mientras cursaba en la universidad y terminó radicándose en Alemania, donde hoy trabaja en proyectos vinculados a la conectividad mediante redes de fibra óptica. Pero detrás de la historia profesional existe otra mucho más humana, la que acaba de transformar en un libro llamado Lo que nadie te cuenta de emigrar, una obra que nació de sus propias experiencias y que busca poner en palabras aquello que suelen callar quienes se van.
En pleno Mundial de fútbol, mientras millones de argentinos siguen cada partido con una intensidad que parece atravesar fronteras, Bellene reconoce que la distancia se siente de una manera especial.
Vivir en otro país es acostumbrarse a tener el corazón partido
“Emigrar es aprender a vivir con el corazón repartido”, resume. La frase es, en cierto modo, la síntesis de un camino que comenzó muchos años atrás en Mendoza, impulsado por una curiosidad que todavía hoy define gran parte de su personalidad.
“Si tuviera que describirme en una sola palabra elegiría curioso, casi al borde de la obsesión”, dice entre risas.
Esa curiosidad nació en su casa. Pablo suele decir que sus padres le regalaron dos cosas que hoy considera fundamentales: educación y libertad. Nunca le impusieron un camino determinado ni lo obligaron a estudiar idiomas. Tal vez justamente por eso terminó apasionándose por ellos.
Hay una frase del filósofo Ludwig Wittgenstein que lo acompaña desde hace años y que, de algún modo, explica gran parte de su historia: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.
Cada idioma que aprendió fue una manera de ampliar ese mundo. Con el tiempo descubrió además algo que se transformó en una filosofía de vida. “Se aprende mucho más por necesidad que por voluntad”, asegura.
Tratar de "vivir" en alemán, no solo hablarlo
Por eso, cuando decidió estudiar alemán, no se limitó a memorizar reglas gramaticales. “Trataba de vivir en alemán”, dice.
Aquella inquietud por conocer otras culturas y entender cómo funcionan las sociedades terminó convirtiéndose en un proyecto concreto. Mientras estudiaba Ingeniería Civil en la Universidad Tecnológica Nacional comenzó a prepararse para obtener una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico, más conocido como DAAD.
Fueron 4 años de preparación.
Cuatro años estudiando el idioma, desarrollando una propuesta de investigación y sosteniendo la motivación sin saber si la oportunidad finalmente llegaría.
“Hubo momentos en los que dudé mucho”, recuerda.
Su proyecto estaba vinculado a materiales de construcción y economía circular. Por momentos sentía que era una propuesta demasiado realista. Incluso llegó a fantasear con temas relacionados con la construcción en el espacio porque la astronomía siempre le despertó fascinación.
Hasta que una conversación con un amigo terminó ordenándole las ideas. “No importa solamente cuál es tu idea. Importa cómo la contás”. Aquella frase lo acompañaría mucho más de lo que imaginaba.
Porque años después, cuando decidió escribir un libro, descubriría que comunicar también puede ser una manera de tender puentes.
Finalmente la beca llegó y Pablo viajó a Alemania para estudiar un semestre en Bochum. Más tarde regresó por cuestiones laborales y terminó construyendo allí una nueva vida.
Sin embargo, hay una escena que para él marca el verdadero comienzo de la emigración y que nada tiene que ver con el aterrizaje en Europa.
Ocurrió antes de subir al avión.
“Yo estaba revisando mis documentos y vi a mi viejo haciendo la fila para despachar mi valija. En ese momento entendí que esa era la última vez que alguien iba a hacer un trámite genuinamente por mí”, evoca.
La imagen sigue intacta en su memoria. “Ahí empezó realmente todo”, señala.
Desde afuera, emigrar se ve como algo aventurero, pero no siempre es así
Desde afuera, reconoce, emigrar suele verse como una aventura. La experiencia internacional, la oportunidad laboral, las fotos en ciudades nuevas.
Pero hay una cara menos visible, una que rara vez aparece en las redes sociales.
Y precisamente sobre eso decidió escribir.
“Lo primero que cuesta es el idioma real, no el del aula”, explica.
Porque una cosa es aprobar exámenes y otra muy distinta resolver trámites, explicar un problema médico o entender un chiste en una conversación cotidiana.
“Durante mucho tiempo sentís que sos una persona que sabe hacer muchas cosas pero atrapada en el vocabulario de un chico de primaria”, grafica.
Sin embargo, el idioma no fue lo más difícil.
La verdadera prueba apareció después: “Lo más duro es aprender a convivir con la ausencia”, define.
La ausencia y la distancia se notan en las pequeñas cosas, como un cumpleaños
Una ausencia que no necesariamente golpea en los grandes acontecimientos sino las cosas pequeñas.
En un cumpleaños que se sigue por pantalla, un domingo cualquiera, una reunión familiar que llega a través de fotografías, una conversación que ocurre sin uno.
Amigos que siguen compartiendo historias mientras la distancia se agranda.
“Vivís en un lugar donde nadie te vio crecer y donde tenés que explicar quién sos desde cero”, sintetiza.
A eso se suma una presión silenciosa.
“Como elegiste irte, parece que no tuvieras derecho a sentirte mal”, explica.
Porque desde afuera muchas veces aparece una idea simplificada: si alguien vive en Europa debería sentirse agradecido todo el tiempo.
Pero la realidad es más compleja.
“Podés estar perfectamente bien en los papeles y al mismo tiempo cargar cosas que nadie alcanza a ver”.
El origen del libro que nació de la experiencia en Alemania
Esa necesidad de contar lo que ocurre detrás de las fotos fue precisamente la que dio origen a Lo que nadie te cuenta de emigrar.
El libro es una exploración sobre el idioma, la identidad, el duelo migratorio, la familia a la distancia, la pertenencia y la sensación de habitar dos mundos al mismo tiempo.
Y quizás no haya un momento donde eso se vuelva tan evidente como durante un Mundial.
“El Mundial te toca una fibra muy particular cuando estás lejos”, admite.
Todavía recuerda con emoción lo que ocurrió durante Qatar 2022.
Vivió casi toda la Copa del Mundo desde Alemania con horarios diferentes, celebraciones discretas y la ansiedad acumulándose partido tras partido.
Hasta que tomó una decisión inesperada. “Para la final me subí a un avión de sorpresa”.
Voló a Argentina sin avisar y terminó viendo el partido junto a su familia.
Como si el destino quisiera exagerar la carga emocional de la historia, aquel día además era el cumpleaños de su padre.
“Fue todo junto. Los nervios, la alegría, los abrazos, el llanto”, rememora con emoción y confiesa: “Todavía no termino de procesar todo lo que sentí ese día”.
Este Mundial, en cambio, es diferente.
En este Mundial de Fútbol Pablo decidió quedarse en Alemania
La posibilidad de viajar volvió a aparecer pero decidió quedarse en Alemania.
Y ahí encontró otra de las enseñanzas menos románticas de la emigración.
“Elegir algo siempre implica renunciar a otra cosa”, aclara. Porque, dice, ya no se trata simplemente de comprar un pasaje: hay compromisos laborales, vacaciones limitadas, responsabilidades.
Pablo dice que no se siente únicamente argentino y tampoco exclusivamente alemán.
Se siente ambas cosas. “Aprendí a querer dos lugares al mismo tiempo sin tener que elegir uno”, reflexiona.
Curiosamente, el mismo ingeniero que trabaja mejorando redes de comunicación entre personas y ciudades también dedica parte de su tiempo a construir otro tipo de vínculos: los emocionales, los que unen a quienes se fueron con quienes se quedaron.
“Eso es lo que más me interesa”, asegura.
Mientras la Selección sigue avanzando en el Mundial y millones de argentinos vuelven a abrazarse alrededor de una camiseta, Pablo Bellene observa los partidos desde Alemania. Con una diferencia horaria de por medio y miles de kilómetros de distancia.
“Madurar cuando estás lejos no es dejar de extrañar. Es entender que podés amar profundamente dos lugares al mismo tiempo”, repite.
Bellene asegura que los mundiales adquieren un significado especial para quienes viven lejos de su país. Según explica, la distancia no enfría las emociones; por el contrario, suele potenciarlas. "Creo que cuando uno está afuera todo lo que lo conecta con su familia, con sus amigos y con su historia cobra un valor enorme. Cada gol se grita más fuerte porque, de alguna manera, también estás gritando quién sos y de dónde venís", reflexiona.
Claro que reconoce que hay algo imposible de reemplazar. Extraña los abrazos con los seres queridos, las reuniones familiares, los asados improvisados y esas cábalas que parecen formar parte inseparable de cada Mundial. "A veces lo que más se extraña es mirar a tu papá o a tus amigos después de un gol de Messi y sentir que están viviendo exactamente lo mismo que vos", admite.
Sin embargo, asegura que emigrar también le enseñó una lección importante que aborda en su libro: la necesidad de construir una nueva tribu. "Uno va encontrando personas en el camino con las que termina compartiendo momentos muy intensos. Aunque estés lejos de casa, también podés construir un hogar emocional con la gente que te acompaña", sostiene.
Por eso, para él, vivir un Mundial desde Alemania es una mezcla de nostalgia y gratitud. Nostalgia por aquello que quedó del otro lado del océano, pero también gratitud por las nuevas personas que forman parte de su vida. "El cariño por tu país viaja con vos. Y siempre aparece alguien con quien abrazarte cuando llega ese gol que, por un instante, te hace sentir un poquito más cerca de casa", concluye.
El libro y su Instagram para conocer la historia
Libro: Lo que nadie te cuenta de emigrar. "Ya circulan ejemplares del libro en Mendoza, en Alemania, España, Portugal, Australia, Italia, EE.UU. y espero que lo sigan eligiendo desde muchos otros rincones", dice Pablo.
Está disponible en formato físico y digital.
Instagram: @emigrarbook
Web: emigrarbook.com