Aunque la mayoría suele tirarlas a la basura, las cáscaras de cebolla esconden propiedades y usos que las convierten en un verdadero tesoro del hogar. Lejos de ser un simple descarte, este residuo natural puede aprovecharse en la cocina, en el jardín e incluso para tareas de limpieza y cuidado personal.
Por qué las cáscaras de cebolla son un tesoro
Las cáscaras de cebolla concentran quercetina y compuestos antioxidantes que ayudan a fortalecer el organismo y a combatir radicales libres. Por eso, muchas culturas las utilizan en infusiones suaves o caldos, siempre retirándolas antes de consumir.
Si decides usarlas en la cocina, puedes aprovecharlas de la siguiente manera:
- Caldo casero con más sabor: agregarlas al agua de cocción de sopas y guisos para potenciar el color y el aroma.
- Arroz y pastas más doradas: colocarlas brevemente en el agua de cocción y retirarlas antes de servir.
- Infusión natural: una cáscara limpia en agua caliente, ideal para beber por la noche.
Aunque no se comen directamente, las cáscaras de cebolla concentran fibras, minerales y polifenoles. Estos compuestos se transfieren parcialmente a caldos e infusiones, lo que ayuda a favorecer la digestión, reducir la retención de líquidos, aportar efectos antiinflamatorios leves. Sin embargo, es muy importante lavar bien las cáscaras y evitar usar las que estén dañadas o con moho.
También son un recurso valioso para el jardín. Pues las cáscaras de cebolla funcionan como fertilizante natural. Al macerarlas en agua durante 24 horas, se obtiene un líquido rico en minerales que fortalece raíces y hojas. Además, actúan como repelente suave contra pulgones cuando se pulverizan sobre las plantas.
Por otro lado, su pigmento natural permite crear tintes artesanales para telas, lana o huevos decorados. Asimismo, el agua de maceración ayuda a desodorizar ollas y superficies, ofreciendo una alternativa económica y sin químicos agresivos.
Claro está que reutilizar cáscaras de cebolla, reduce residuos, ahorra dinero y fomenta hábitos más sostenibles. Basta con secarlas y conservarlas en un frasco para tenerlas siempre a mano.






