Durante varios años, el 8 de julio fue uno de los días más tristes para muchos argentinos. Era una fecha odiada, aún lo sigue siendo, pero no con la misma fuerza. Era revivir un mal sueño, una pesadilla, una tristeza que no tenía fin.
Por qué un 8 de julio fue el día más triste de Argentina
Durante muchos años, el 8 de julio fue uno de los días más tristes para los argentinos. Cuál fue la razón

Por qué el 8 de julio fue un día triste para Argentina
El 8 de julio era símbolo de esperanza, de alegría, pero unos minutos bastaron para que se convirtiera en todo lo contrario, incluso en oscuridad, resentimiento e injusticia. Se convirtió en una fecha maldita.
Por qué el 8 de julio se convirtió en un día triste en Argentina
Hace 35 años, unas lágrimas fueron el símbolo de lo que vivían millones de argentinos. Un país que venía de una hiperinflación que se había llevado puesto a un Presidente. Un país que entraba en un período de baja inflación, pero también de desocupación y de una estabilidad a costa de mucha gente. Un país que necesitaba de una alegría. En definitiva, la historia de siempre en Argentina.
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El 8 de julio de 1990, Argentina vivía un día diferente. Todo el mundo lo sabía y parecía estar en sintonía. Las miradas se centraban en algunas pantallas, nada se movía. Por dos horas no importaban los indultos, la inflación y el comienzo del menemismo. Ni siquiera eran dos horas, sino solo 90 minutos en los que la felicidad argentina dependía de una pelota de fútbol, once jugadores, once rivales y un enemigo que nadie tenía pensado: el árbitro mexicano Edgardo Codesal.
Es curioso como hay nombres que quedan para toda la vida. El de Codesal es uno de esos. Ese 8 de julio, Argentina había llegado a la final sufriendo, ganando partidos sin merecerlo, pero el fútbol es así. No siempre la suerte está del lado del mejor y Argentina no solo había tenido suerte, tenía a Goycochea en el arco y a Diego Maradona, con un tobillo a la miseria, jugando cada partido.
Pero Argentina también había llegado castigada. Claudio Caniggia no podía jugar la final por haber acumulado dos tarjetas amarillas. Tampoco estaba Ricardo Giusti, expulsado ante Italia en semifinales. Ese 8 de julio se veía como esperanza, pero también como una pelea estilo David contra todos los Goliat del mundo.
Esa final fue mala. El arbitraje de Codesal fue peor. Faltando cinco minutos para que terminara el partido, el mexicano cobró un penal que hasta el día de hoy es discutido. Curiosamente, unos minutos antes, no había cobrado un claro penal para Argentina, cuando el delantero Gabriel Calderón era derribado por el capitán alemán Lothar Matthaus. Ese penal para Alemania fue convertido en gol. Por unos centímetros, Goycochea no logró tocarla y hacer el milagro. A veces, el de abajo también gana y ese 8 de julio fue uno de esos días.
El paso del tiempo fue achicando las heridas. Argentina recién llegó a otra final en el mundial de Brasil 2014 y otra vez se perdió contra Alemania. Otra vez un penal no cobrado, en este caso a Gonzalo Higuaín. Otra vez una injusticia, que recién tendría su revancha el 18 de diciembre de 2022 en Qatar. Pero las heridas no se olvidan y ese 8 de julio fue uno de los días más tristes por mucho tiempo.