Las guías nutricionales publicadas en Estados Unidos hace un año, abrieron una discusión clave sobre qué comer y qué evitar. Aunque muchos esperaban una postura firme contra los alimentos ultraprocesados, los asesores científicos evitaron hacer recomendaciones directas, una decisión que generó sorpresa y críticas entre especialistas en alimentación y salud pública.
El cambio marca un giro respecto a un panel previo de expertos convocado por la administración Biden, que durante casi dos años revisó la evidencia científica sobre dieta y salud. Ese grupo no emitió recomendaciones específicas sobre alimentos ultraprocesados debido a dudas sobre la calidad de los estudios disponibles y la dificultad de aislar su impacto de otros factores.
Alimentos ultraprocesados y alimentación: un debate que sigue abierto
Aunque numerosos estudios vinculan el consumo de alimentos ultraprocesados con peores resultados de salud, los expertos señalaron que no todos los alimentos altamente procesados son necesariamente perjudiciales.
El Dr. David Ludwig, endocrinólogo del Hospital Infantil de Boston, explicó que el foco debería estar puesto en los carbohidratos altamente procesados. “El procesamiento de proteínas o grasas puede ser neutro o incluso beneficioso”, afirmó.
La FDA y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, desde entonces, trabajan en una definición oficial de alimentos ultraprocesados, un proceso que llevará tiempo pero que será clave para futuras políticas de alimentación.
Azúcar, alimentos y nuevos límites en la dieta
Donde sí hubo una postura clara fue respecto al azúcar. Las guías recomiendan evitar o reducir de forma drástica los azúcares añadidos y los edulcorantes no nutritivos, y afirman que “ninguna cantidad” forma parte de una dieta saludable.
Según el documento, ninguna comida debería contener más de 10 gramos de azúcar añadida, el equivalente a dos cucharaditas. La cifra contrasta con el consumo promedio actual: alrededor de 17 cucharaditas diarias por persona en Estados Unidos.
Éstas guías sugieren aumentar el consumo de proteínas, pasando de la recomendación mínima histórica a un rango más alto, con el objetivo de desplazar carbohidratos procesados de la dieta.
Sin embargo, organizaciones como la Asociación Estadounidense del Corazón pidieron cautela y más investigaciones, especialmente sobre las fuentes de proteínas y su impacto a largo plazo en la salud cardiovascular.
Fuente: AP News.






