Cuando pensamos en Japón, la imagen que muchos tienen es la de un país rodeado por el mar. Una nación insular cuya historia, cultura y gastronomía están profundamente ligadas al pescado y los productos del mar. El sushi, el sashimi, el yakizakana y tantas otras preparaciones son emblemas culinarios.
¿Por qué Japón importa pescado si es una de las mayores potencias pesqueras del mundo?
Japón sigue siendo una potencia con una industria pesquera significativa, pero el cambio climático la lleva a plantear otra estrategia

Sin embargo, esta relación milenaria con el océano no se traduce, hoy, en autosuficiencia total. A pesar de ser una de las mayores potencias pesqueras del mundo, Japón importa grandes volúmenes de pescado y mariscos, y lo hace por razones económicas, ecológicas y estructurales que conviene entender con claridad.
¿Por qué Japón importa pescado si es una de las mayores potencias pesqueras del mundo?
En las últimas décadas, la capacidad de Japón para producir pescado dentro de sus propias aguas ha ido disminuyendo de manera sostenida. La producción pesquera total ha caído desde sus picos históricos de hace décadas, y hoy se sitúa en niveles que representan apenas una fracción de lo que se pescaba en años anteriores. En 2023, la cantidad capturada rondó los 3,8 millones de toneladas, un volumen menor al de décadas pasadas y con una tendencia descendente.
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Este descenso no se debe a un solo factor, sino a una combinación compleja. Por un lado, los stocks de peces dentro de las aguas territoriales de Japón han disminuido, consecuencia del cambio climático, la sobrepesca de años anteriores y variaciones en las condiciones oceánicas que han alterado la distribución de especies tradicionalmente explotadas.
Más allá del cambio climático, las razones de por qué Japón importa pescado
La Agencia de Pesca de Japón reconoció por primera vez el impacto directo del cambio climático en las poblaciones de peces en su Libro Blanco de Pesca de 2018. El aumento de las temperaturas del océano está alterando permanentemente la distribución de las especies marinas, con consecuencias duraderas para la industria pesquera.
Japón sigue siendo uno de los mayores consumidores de productos marinos del mundo, aunque el consumo per cápita ha ido disminuyendo con el tiempo debido, entre otras razones, a cambios en los hábitos alimentarios de las nuevas generaciones y a un aumento en el consumo de carnes y otros alimentos. No obstante, la popularidad de platos tradicionales mantiene una demanda significativa de pescado de calidad, y no siempre las capturas domésticas pueden satisfacer ese nivel de consumo.
La pesca japonesa tradicional se ha centrado durante mucho tiempo en especies como el bonito, el jurel o el jurel saury, pero muchas de estas poblaciones han fluctuado o disminuido, lo que hace que ciertas variedades de pescado ya no estén tan disponibles localmente. Además, los consumidores japoneses demandan productos que no son abundantes en aguas nacionales, como salmón, trucha o ciertos mariscos de alto valor, que se importan desde regiones como Chile, Noruega o Estados Unidos para satisfacer el mercado.
Otra dimensión es la calidad y el precio. Aunque Japón es famoso por su pescado fresco, no todo lo capturado en el país llega al mercado interno listo para consumo. A veces, piezas de menor tamaño o calidad son destinadas a otros usos industriales o procesados de forma diferente, mientras que el mercado prefiere importaciones específicas que cumplan con estándares particulares de tamaño, textura o sabor.