Pedro es, en esencia, un hombre sensible. Podría haber sido albañil, médico, taxista, vendedor de planes de ahorro, pero cualquier oficio o profesión la hubiera desarrollado desde ahí, desde la sensibilidad. Y como la sensibilidad encuentra tierra fértil en el arte, Pedro Contreras (44) es actor.

Te puede interesar: Jimena Barón se tomó unos tragos de más y subió una foto muy jugada

Es un actor dúctil, entonces puede meterse en la piel de un clown, en un personaje para niños o el del coprotagonista de un drama con la misma solvencia y el mismo sentimiento.

Pero quizás, en todos sus años de artista y según su relato, una de las experiencias más intensas y enriquecedoras ha sido contar cuentos en los colectivos, en los bondis, como dice él. Ahora también lo hace en salas más convencionales y dentro de poco estrena un nuevo espectáculo, pero aquella fue una de las más ricas.


Tal vez te interese leer:  El tremendo video de cómo una roca aplasta a un auto en un camino de montaña

“A la vuelta de casa había una chica que estaba pidiendo unas monedas. Ya no era una chica, en realidad, tenía más allá de los 30 y menos de los 50”, recuerda. “Estaba pidiendo limosna en el semáforo, cuando yo llegue en mi Falcón. Yo mido un metro 60, bastante corto, y venía manejando mirando hacia adelante entre el volante y el torpedo. Cuando paré en el semáforo ella se me acercó a la ventanilla, con los brazos cruzados, y me dijo: ´Vos sos el que hace pantomima en los bondis…’, y agregó: ´Es muy bonito lo que haces`. No sé cuántas veces esa mujer dijo la palabra pantomima en su vida. No me importa si la usó bien, pero la utilizó y me la regaló a mí. Y, además, no sé cuantas veces en el día esa mujer pudo usar la palabra bonito, porque era una realidad muy cruda la que vivía. Pero la palabra ´bonito´ también me la regaló a mí. Esa es la reacción más linda que puedo haber tenido”, recuerda Pedro, con la voz casi quebrada por la emoción.

Esas “pantomimas” era las narraciones de cuentos que hacía Pedro en los bondis.

El actor cuenta cómo empezó todo. “Primero fueron dos o tres experiencias sueltas. Creo que nadie llega a un lugar por una sola cosa y esto empezó por diversos lados. En un cumpleaños de una de mis sobrinas, cuando yo estaba en los primeros años de la Facultad, ella me pidió que hiciera algo y yo empecé a contar un cuento”

También dice que “en el 2010, como una búsqueda de nuevos espacios para la teatralidad y cuando ya había pasado varios años por la facu de teatro, me empecé a subir a los bondis a contar cuentos a la gorra. Un amigo me había contado de un autor que hablaba de los “no lugares” y empecé a narrar en los bondis, con el único propósito de transformar el bondi en un nuevo espacio”.

Eso se mantuvo en el tiempo “como un ejercicio de la labor diaria en teatro, para transformar el laburo teatral en algo cotidiano y también como una herramienta de entrenamiento”.

Dice que fue un desafío. “Había que subirse al bondi y llamar la atención de 30 o 40 pasajeros, competir con un celular, los jueguitos, la música en los auriculares, la nada misma, la siesta, el sueño, el hastío de las horas del mediodía… Eso me dio un training buenísimo y fue una de las experiencias más enriquecedoras”.

Paralelamente también se encontró con otros narradores, como Sergio Martínez, y comenzaron a realizar trabajos de narración y a sumarse a algunos encuentros. Con el tiempo y “después de todo eso, hice un compendio de todos esos cuentos que se llamó ´Cuentos de amor para el bolsillo´, con la que hice varias presentaciones en la que me acompañaron amigos músicos. Pero ya fueron en salas, en un formato distinto al de la calle”.

Dice que su único objetivo es que quien escuche “pueda encontrar un poquito más de belleza en el mundo. Que la descubra en la música, en lo que sea. Cada cual se debe hacer cargo de su belleza. No busco que la gente después empiece a leer o a contar, porque mi función no es ser didáctico. Solo quiero tratar de mejorar un poquito el mundo”.

Dice que para seleccionar los cuentos tiene que encontrar en ellos “cierto grado de potencia escénica que me permita hacer. Algunos son muy buenos pero solo pueden quedar en la literatura. Pero para contarlos, tienen que tener acción escénica y tienen que ser permeables para que yo me pueda meter en el cuento”.

Sostiene que “me gusta intervenirlos, el cuento me tiene que dejar meterme. Yo no tengo que ser estrella, tengo que pasar a segundo plano, pero antes de lograrlo tengo que poder esconderme en el cuento”.

Y entonces Pedro desaparece y seguramente su alma sensible se trepará otra vez, en algún momento, a un bondi repleto de espíritus que esperan que los salve.

Te puede interesar...