Carmen y Albin viven en San Rafael, se conocieron hace 60 años y hoy asisten juntos a la escuela; Hemilse y Mauricio, a quien un accidente dejó en silla de ruedas, aseguran que son tal para cual y por eso decidieron dar el "Sí". Todos abrieron su corazón para relatar sus historias de amor en esta fecha especial de San Valentín.
Pactos de amor y lealtad: historias mendocinas para deleitarse en San Valentín
Historias de amor para endulzar San Valentín, una fecha muy especial. Y todas con ingredientes que nunca deben faltar: lealtad y compañerismo

Hemilse y Mauricio junto a Alejo, hijo de ella e hijo del corazón de él. Llevan casados 5 felices años. Gentileza.
Tras 60 años juntos comenzaron la escuela: les costaba las matemáticas
Carmen Araya tenía 14 años cuando se cruzó por primera vez con Albin Ariaza, diez años mayor. Fue en Rosales, Córdoba, donde él trabajaba en el ferrocarril. Y, aunque ella insiste en señalar que el encuentro fue “accidental”, el destino parecía estar escrito. Llevan casi 60 años de amor construyendo una vida juntos y hoy, con 14 nietos, decidieron transitar esta etapa con el entusiasmo de seguir aprendiendo.
“Sí –explica ella–, nos anotamos en el Cebja 3097 ‘Arnaldo Arturo Lindauer’ del distrito donde vivimos, en Rama Caída, San Rafael”. Ambos habían ido a la escuela de niños, pero su educación fue a los tumbos, porque en aquel entonces las dificultades muchas veces se interponían en el camino.
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“Ya de adultos, una de las trabas que teníamos era que no podíamos ver. Yo tenía un problema desde muy chica y jamás me trataron porque éramos 12 hermanos y nadie se preocupaba demasiado. Mi esposo, por cataratas. Decidimos operarnos los dos juntos y hoy podemos ver perfecto el pizarrón. Aunque, claro, nos sentamos en el primer banco”, relata Carmen con una sonrisa.
Si todo sigue como hasta ahora, este año Carmen y Albin egresan. “La escuela no es solo un lugar donde aprendemos, es mucho más que eso. Nos hacemos compañía y compartimos las clases con docentes y compañeros maravillosos”, destaca ella en diálogo con Diario UNO.
Las cuentas de dividir siempre fueron un desafío. “Yo no sabía resolver las de dos cifras y mi esposo tuvo siempre cruces rojas en el cuaderno. Nunca las pudo aprender, pero hoy lo logramos”, señala con orgullo.
Carmen, fanática de la sopa de letras, comenzó a incursionar en inglés, siempre en el aula. “Estoy entusiasmada. Y ni hablar del espacio de pintura”, dice.
Se casaron en 1969. Carmen siempre valoró y agradeció el enorme acompañamiento de sus “patrones”, con quienes trabajó desde muy niña en su Córdoba natal. La boda se celebró con austeridad, pero el amor fue siempre abundante. Luego llegaron Daniel (54), Rosana (50) y Carolina (44), nacidos en Córdoba, y Natalia (38), sanrafaelina. Todos ellos les dieron un “puñado” de nietos que llenan sus días de alegría.
Ha pasado toda una vida, pero Carmen y Albin conservan la jovialidad de siempre. Hoy, entre cuadernos y divisiones, siguen escribiendo juntos una historia que no deja de sumar capítulos.
Mauricio y Hemilse: "Lo nuestro fue un éxito"
Era un viernes, y ya pasaron cinco años. “Viernes 10 de enero de 2020”, recuerda con su sonrisa intacta Hemilse García. Ese día, en una ceremonia civil, se unía al hombre de su vida, Mauricio Cantalejos, a quien, muchos años antes, un accidente había dejado en silla de ruedas. La boda, que continuó por la noche en el camping Il Giardino de San Martín, tuvo un tercer protagonista: Alejo, hijo de ella e hijo del corazón de él.
“El pacto que hicimos ese día fue un éxito”, resume Mauricio, conmovido. Un accidente en 1995 lo despidió del vehículo y terminó por aplastarlo. La lesión en su médula lo dejó sin movilidad desde las axilas hacia abajo. Sin embargo, se sobrepuso con una fortaleza admirable y hoy asegura que ni siquiera se acuerda de que su vida transcurre en una silla de ruedas.
Se vieron por primera vez en 2010, gracias a amigos en común. Aquella noche, todos terminaron en el circo tomando helados. Pero el “flechazo” ocurrió un poco después, en un asado, cuando él la observó con más detenimiento. Se enamoró de su don de gente, de su inteligencia, de su rol de madre y de su exquisita cocina.
“¿Cómo estamos hoy? Más unidos que nunca. Tenemos una hermosa familia y nos llevamos muy bien los tres. Alejo, que ya tiene 19 años, es un joven responsable con sus estudios y, sobre todo, con la vida. Estamos muy orgullosos de él”, define Mauricio.
Por las mañanas, cada uno tiene sus propias ocupaciones, pero por las tardes comparten el trabajo: ella vende productos y él es su chofer. “No me imagino la vida sin mi esposo”, dice Hemilse, con orgullo.
“Tenemos muchos proyectos y sueños por cumplir juntos, pero lo más importante es que el amor mutuo sigue intacto. Mi primer objetivo es estar a su lado toda mi vida. Le agradezco infinitamente todo lo que hace por mí y por Alejo. Admiro lo madraza que es, el amor que nos da, su inteligencia y el respeto con el que construyó esta familia”, concluye.