Pocos, pocas, habían imaginado alguna vez vivir un momento como este cuando eligieron ser enfermeros y enfermeras. Pero así fue y este martes, cuando se celebró el Día Internacional de la Enfermería, la conmemoración pasó casi desapercibida en Mendoza. Había otras cosas de las qué preocuparse, más urgentes, más necesarias.
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El recuerdo del día del nacimiento de la británica Florence Nightingale, precursora de la enfermería moderna fue solo eso, un recuerdo. Quizás los hombres y mujeres de blanco aspiren al menos a celebrar su día nacional el 21 de noviembre, coincidente con la festividad de Nuestra Señora de los Remedios, considerada patrona de la actividad. Todos esperan que ese día la pandemia sea ya un mal recuerdo.
Mientras tanto, están todos allí, en el frente de batalla, en la primera línea.
Natalia
Fernanda Natalia Baigorria es una de las tantas enfermeras que trabaja en un hospital público en la provincia.
Tiene 42 años y hace 5 que ejerce su profesión. “Vengo de familia de enfermeras. Mi mamá, Laura Puebla, ahora tiene 64 años y es enfermera jubilada, del hospital. Mi prima, que es prácticamente una hermana, también es enfermera”, dice Natalia.
Pero confiesa que su decisión vino después de “haber estudiado muchas cosas” y cuenta que “cuando era un poco más joven falleció uno de mis bebés. Estuve mucho tiempo en terapia y allí viví en carne propia la dedicación de las enfermeras, más allá de todo lo que me había contado mi madre. En ese momento me tocó vivir ese amor que hay que ponerle a esto”.
Natalia hace este martes un alto de tres minutos en su labor para responder las preguntas a Diario UNO. Solo tres minutos. “El trabajo de los médicos es más dinámico. Vienen y se van. Nosotros estamos todo el día al lado del paciente”, dice. Lo que es cierto en la mayoría de los casos.
Afirma que lo más lindo de la profesión es “ver nacer un bebé, ayudar en ese momento”. Que lo más duro es “estar con un paciente, que se descompense y no poder salvarlo”.
Aún así, asegura que “sigo eligiendo esto, todos los días”.
Natalia es de Rivadavia y dice que este momento de pandemia “es bastante duro, pero hay que poner la mejor voluntad”. Sostiene que “nosotros también tenemos miedo, pero ese miedo lo utilizamos para saber cómo obrar, cómo cuidarnos, cómo hacer nuestro trabajo”.
Confiesa que ya le ha tocado vivir en estas semanas momentos difíciles. “Por algún caso sospechoso que me ha tocado atender, he tenido que estar algunos días lejos de mis hijos hasta que finalmente se descartó que hubieran sido un paciente con coronavirus”, relata.
Marisa
Todos le dicen Marisa, pero su nombre es Salvadora María Leiva. Nada menos que Salvadora.
Tiene 30 años de enfermera y ha trabajado en distintos puntos del país. Ahora es jefa del área en el Hospital Humberto Saporiti, de Rivadavia.
“Fui primero enfermera profesional y después licenciada en Enfermería, egresada de la Universidad Nacional de Rosario. La carrera ha ido progresando y profesionalizándose y eso ha sido muy bueno”, cuenta. “A mi ya no me queda mucho para jubilarme. Tengo 59 años y 30 de carrera”, precisa.
Nació en Corrientes, creció en Buenos Aires y cuando se casó recaló en la mendocina Rivadavia.
“No sé si elegí ser enfermera. Siento que la carrera me eligió a mi. Creo que estaba destinada a esto”, dice.
-Le deben haber pasado muchas cosas en estos años…
-Sí. Muchas cosas lindas, muchas cosas tiernas, muchas tristes, muchas desagradables...
-¿Cuáles la han marcado más?
-Generalmente las tristes, aquellas en donde no puede resolver el sufrimiento de los pacientes, de la familia, de alguien que se va, del dolor...
Sostiene que su función es “aliviar, calmar y acompañar a la persona. Nuestra función es compleja y amplia. No solo atendemos a la paciente con su enfermedad, sino también a todo su entorno. Hoy eso es muy complejo".
-A veces son muy criticadas…
-Sí, pero por eso acá hay mucho de vocación, de paciencia, además de que estudiamos para esto. Así aprendemos que seguramente un paciente difícil, malhumorado, es justamente el paciente que más nos necesita porque algo le está pasando.
Por eso sostiene que “hay que tener un alto grado de paciencia, de empatía”.
Cuenta que en estos tiempos de pandemia “al principio estábamos bastantes asustados, desconcertados, sin bibliografía. Tratamos de mirar lo que pasaba en Europa y tratar de aprender de lo que estaban viviendo y adelantarnos a esto”.
Cuenta que realizan simulacros, imaginando casos sorpresivos de coronavirus (la zona Este no ha registrado casos a la fecha) y "esos simulacros nos dan mucha tranquilidad, porque el conocimiento tranquiliza”.
La más famosa
La enfermera más famosa del mundo es esta de la foto, sin dudas. Es la imagen que, durante años, estuvo en todos los hospitales del mundo, pidiendo silencio.
La cara es la de una mujer argentina, Muriel Mercedes Wabney. Era modelo y, allá por mediados de la década del 40, fue elegida por Juan Craichik, un jefe de visitadores médicos de la empresa "Taranto", fábrica de instrumental y laboratorio, al que se le ocurrió la idea de la imagen.
El hombre contó en una entrevista que, en una visita a un hospital de Rosario "La sala estaba atestada, y cada tanto una enfermera pedía, sin éxito, silencio. Entonces se me ocurrió crear una imagen elocuente que cumpliera la misma función".
Craichik explicó que eligió a la modelo argentina porque "su cara era distinta, suave, armoniosa, de mirada dulce…, autoritariamente dulce".




