El mundo y en especial Mendoza y Uruguay revivieron una historia que este jueves cumplió nada menos que 50 años. Es la odisea que afrontó un grupo de rugbiers orientales, que sufrieron la tragedia aérea en nuestra cordillera, y los llevó a superar impensados obstáculos y a escribir una epopeya de supervivencia y superación.
Nando Parrado y el recuerdo de la tragedia de los rugbiers uruguayos en la cordillera mendocina
Esta gesta tuvo como escenario las cercanías de las termas de El Sosneado, en Malargüe, cuando el avión Fairchild FH-227D de la Fuerza Aérea Uruguaya, alquilado para vuelo charter y llevar al equipo de rugby montevideano de Old Christians a jugar a Chile se estrelló contra la montaña.
Al cumplirse el cincuentenario, Nando Parrado, uno de los supervivientes, y protagonista de peso de la historia, dialogó con la mesa del programa de Radio Nihuil Primeras Voces, que conduce Andrés Gabrielli y contó cómo fue aquella situación límite, donde perdió a su madre y a su hermana.
Desde Carrasco, Montevideo, Fernando Seler Parrado, universalmente conocido como Nando Parrado, hizo una excepción y accedió a ser entrevistado. "Tengo un lugar muy lindo para Mendoza y muchos amigos", comenzó diciendo el pasajero del avión que había estado tres días en coma, con fractura de cráneo, y que luego fue emblema y salvador del grupo sobreviviente.
"Generalmente no doy muchas entrevistas. Tengo amigos a los que les gusta mucho dar entrevistas, pero a mí no. Para mi la historia ha sido muy diferente", explicó a radio Nihuil el uruguayo.
Una historia épica viviente: "Un Titanic del aire"
En la charla con Nando, se destacó la vigencia de la historia que se conoció como "El Milagro de los Andes", a lo que Parrado respondió: “Esta es una historia que ya es universal, fue el “Titanic del aire”. Para mí se terminó el día que salí de los Andes. Yo perdí mucho ahí, a mi madre, a mi hermana, a mis dos mejores amigos, estuve fracturado y con heridas no sobrevivibles, y a pesar de eso hice todas las expediciones, crucé la cordillera a pie con mi querido hermano de la vida Roberto Canessa. Me subí al helicóptero, rescaté a los demás, volví al hospital de San Fernando, de ahí a Montevideo".
Luego Parrado agregó: "Cuando llegamos a Montevideo, todos mis amigos son abrazados por sus familiares, ya sean padres, hermanos, novias, y la odisea se terminó. La mía comienza ahí, cuando vuelvo. MI familia está destruida, mi padre totalmente desmotivado de la vida al haber perdido a casi todos. Menos mal que volví, él me decía “gracias por resucitar Nando”. Él no sabía lo que iba a hacer".
El ahora empresario y escritor reflexionó sobre aquella crisis, a la que no quiso tener como peso en su vida y llevarla lo más normal posible "Hago ejercicios con un entrenador físico dos veces por semana, algo de tenis, bicicleta, caminata, no juego al rugby, pero sigo moviéndome", respondió al ser consultado sobre su actividad física, quien fuera automovilista años después del accidente aéreo.
La titánica lucha por sobrevivir, que los llevó a él y a Roberto Canessa a cruzar prácticamente toda la cordillera con rumbo Oeste, para llegar a Chile y pedir ayuda (estaban a 21 kilómetros de las abandonadas termas de El Sosneado) hace que se los tome a ambos como referencia cuando se habla de supervivencia, y se los consultó respecto a si transmiten ejemplo de la, tan de moda, "autoayuda".
“Yo creo que transmitimos porque la gente nos pide. Es una historia tan interesante, vista de afuera, porque es una de las historias de supervivencia más increíbles de la historia. ¿Por qué? – Porque el grupo menos indicado para sobrevivir en el peor lugar que puede sobrevivir el ser humano, ya que las altas cumbres, ya sea el Himalaya o los Andes, son lugares muy inhóspitos", respondió quien también fuera productor y presentador televisivo.
Sobrevivir contra toda posibilidad
La palabra que describe la supervivencia y sirvió de título al libro que cuanta la historia, es milagro, y el recuerdo de Nando explica con claridad que no se exagera. "Nosotros que vinimos de la playa, de Uruguay, donde no hay ni un monte, el 95% de los chicos jamás había visto nieve, hielo, o una montaña, y lograr sobrevivir allí, sin entrenamiento previo y las condiciones necesarias, hace que esto sea realmente algo fantástico".
Respecto a las huellas y sentimientos que pueden haber quedado en la memoria y el alma, Parrado le quita dramatismo. "Son 50 años… el cerebro humano, en mi caso, no puedo hablar por los demás, al duelo ya lo hice. No es que me olvide, mi vida ha seguido. Recuerdo con mucho cariño a la gente que perdí, pero el duelo ya lo hice. No me pregunto todos los días ¿Por qué me pasó esto, porque a mi?", explicó.
Luego se explayó, diciendo: "El día que salí, por mi propio esfuerzo, nadie nos rescató, y me dije: “Pucha Nando, estás vivo, no destruyas lo que te queda de vida. Hay gente que sufre muchas cosas en la vida, y yo no puedo juzgar a nadie, pero se meten en las drogas, en el alcohol, va a tratamiento psicológico… Yo nunca vi a un psicólogo, psiquiatra, nada. Estoy vivo. Yo no necesito ayuda, salí de lo peor, lo que necesito es vivir.
El recuerdo de su padre y el vino mendocino que lo homenajea
Como buen sibarita y conocedor, Andrés Gabrielli lo consultó al uruguayo sobre el proyecto Nando Parrado Wines. "Esto es una historia dentro de una historia. Mi padre, Seler Parrado, perdió a su familia: su señora, su hija, y en un principio a su hijo. Durante 18 años fue aponer flores en las tumbas de mi madre, mi hermana y mis amigos, allí en el medio de la cordillera. Ayudado por amigos muy profundos, muy cercanos, de San Rafael, entre ellos a la familia Franchetti, que lo ayudaron y acompañaron", comenzó a explicar.
"A mi padre siempre le gustaba tomar un vinito de Mendoza, le gustaba el Malbec, y siempre traía alguna botella cuando volvía. Yo lo acompañé 11 veces allá. Mucha gente preguntaba para que iba, y el respondía que “¿Cuánta gente va al cementerio a poner flores en las tumbas de sus seres queridos? El mío queda más lejos, nomás", recordó Nando sobre su padre, que arrastró el dolor de perder a casi toda su familia.
"Gracias a toda esa gente de San Rafael, que lo ayudaron por tantos años, fue creando una relación muy íntima con esa zona y sus vinos, y hace un par de años, un grupito de estos amigos me contactó y me dijeron que querían hacer unos vinos en honor a mi padre. Y pensé en la fascinación que tendría mi padre al saber que, en Mendoza, sus amigos y su hijo iban a hacer un vino para honrarlo a él", detalló el ex rugbier.
Para concluir, Nando Parrado habló sobre el producto en sí: "Me uní a este equipo, porque para hacer las cosas, hay que hacerlas bien, si no, mejor no hacer nada en la vida. Creo que van a ser unos vinos que van a tener mucha calidad, como tendría que ser por la historia de mi padre, con la asesoría de Matías Michelini, un gran enólogo mendocino, y con las uvas de uno de los mejores lugares del mundo, el Valle de Uco (Tupungato). Va a ser un vino de alta gama, creo que va a ser uno de los mejores del mundo. Hay vinos espectaculares en el mundo, pero me imagino tomar este vino, que tiene toda una historia detrás".
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